Compró hace dos años un terreno en La Paz, Córdoba, sin agua ni electricidad, donde prepara un hogar para su esposa y sus tres hijos.
Mauricio, de 37 años, dejó Buenos Aires y relató que había renunciado a su puesto en una fábrica de Fiat unos 15 días antes de la entrevista. Ahora levanta una casa con madera, paja y barro en un terreno de La Paz, en la provincia argentina de Córdoba. El proyecto, busca convertirse en el hogar de su esposa y sus tres hijos, aunque la parcela todavía carece de agua y electricidad.
Compró el terreno hace dos años y tuvo que despejarlo desde cero
El deseo de vivir en el campo no apareció de repente. Mauricio cuenta que creció en Buenos Aires, pero desde pequeño visitaba una granja y se imaginaba cultivando sus propios alimentos y criando animales. Los estudios, el trabajo y las responsabilidades familiares fueron aplazando esa idea.
Hace dos años compró el terreno en La Paz. La vegetación le llegaba por encima de los hombros y tuvo que retirarla poco a poco hasta abrir una zona habitable. Mientras avanza la obra, aprovecha el espacio para recibir a sus hijos, montar una tienda de campaña y pasar tiempo con ellos.
Su esposa y los tres niños aún no viven allí. La parcela continúa en preparación y la vivienda no está terminada, una situación que también aparece en otros proyectos rurales levantados con tierra, paja y materiales reciclados.
La parcela está a 17 cuadras de la electricidad y todavía no tiene agua
Mauricio sabía desde la compra que el terreno no contaba con servicios básicos. “No llega ni la luz ni el agua”, explica. La red eléctrica se encuentra a 17 cuadras, una distancia que condiciona la puesta en marcha de la futura casa.
Sobre el abastecimiento de agua, cree que podría existir una corriente subterránea. Su intención es recurrir a la radiestesia, presentada en el material como una práctica que supuestamente permite localizar agua mediante varillas o péndulos. La fuente no aporta una comprobación técnica de que haya agua bajo la parcela.
La falta de suministros convierte el proyecto en un proceso todavía abierto. Antes de que su familia pueda instalarse, deberá resolver el acceso al agua, la energía y las condiciones necesarias para habitar la vivienda. Es una dificultad compartida por otras personas que comenzaron una vida rural en casas sin luz ni agua.
Renunció a Fiat y defiende una vida alejada del reloj
El empleo es otra de las dudas que plantea su entorno. Mauricio afirma que su último trabajo fue en una fábrica de Fiat y que renunció unos 15 días antes de contar su historia. También asegura que no es la primera vez que abandona un puesto para buscar otras opciones. “No me preocupa nada”, sostiene.
Su decisión está ligada a una crítica directa al ritmo urbano. “En la ciudad vivimos tan acelerados que dejamos de lado el respirar, el disfrutar”, señala. Para él, organizar todo el año alrededor de unos pocos días de descanso termina manteniendo a las personas dentro de una rutina que las agota.
Mauricio resume esa visión con una pregunta: “¿Por qué querer 15 días de vacaciones para desconectarte del mundo si puedes vivir todo el año desconectado?”. Su postura se aproxima a la de otras personas que cambiaron el ruido de la ciudad por una vida en el campo.
Su casa todavía está en construcción y no dispone de servicios básicos, pero el terreno representa el cambio de vida que llevaba años buscando, y así lo ha difundido Lucas en el canal de YouTube Crónicas del Cambio,
