Cristina Simón, limpiadora a domicilio y creadora de contenido en redes sociales, denuncia la falta de reconocimiento que todavía soportan muchas empleadas del hogar. Su testimonio pone el foco en los salarios, los prejuicios y la presión que existe detrás de una profesión imprescindible.
Durante años, el trabajo doméstico ha sostenido el día a día de miles de hogares en España. Limpiar, ordenar, planchar o mantener una vivienda en condiciones requiere tiempo, esfuerzo físico y organización. Aun así, muchas profesionales aseguran que su labor sigue viéndose como un empleo menor.
Es lo que denuncia Cristina Simón, conocida como Cris, una limpiadora a domicilio que ha decidido contar la realidad de su sector. “A veces me ofrecen 10 euros la hora pensando que me hacen un favor”, explica. Una frase que resume la sensación de infravaloración que sufren muchas trabajadoras del hogar.
El trabajo de las limpiadoras del hogar exige organización, esfuerzo y responsabilidad
Cristina insiste en que limpiar una casa no consiste solo en pasar un paño o fregar el suelo. Cada vivienda tiene unas necesidades distintas y exige calcular tiempos, priorizar tareas y conocer qué productos utilizar en cada superficie.
Hay hogares que requieren limpiezas profundas de baños y cocinas, otros necesitan plancha, mantenimiento semanal u organización. A todo ello se suma la carga física de un empleo que implica agacharse, levantar peso, mover muebles y trabajar durante horas de pie.
“No tengo superpoderes”, afirma al hablar de algunas exigencias que recibe. Según relata, hay clientes que esperan resultados imposibles en muy poco tiempo, especialmente cuando se trata de viviendas grandes o con muchas estancias.
La presión y los prejuicios que soportan muchas empleadas del hogar
Además del esfuerzo físico, Cris habla de una presión silenciosa que pocas veces se tiene en cuenta. Algunas trabajadoras sienten que están siendo observadas durante toda la jornada, con personas pendientes del tiempo que tardan en cada habitación o de cómo realizan cada tarea.
También menciona situaciones en las que se dejan pequeñas pruebas para comprobar si una zona concreta ha sido limpiada. Este tipo de comportamientos, asegura, refuerzan una desconfianza que acaba afectando al trato diario.
A ello se suma la carga emocional. Muchas empleadas del hogar terminan creando vínculos con las familias para las que trabajan, escuchan problemas, acompañan a personas mayores y se convierten en una presencia habitual dentro de la casa. “Soy limpiadora y a veces también soy psicóloga”, comenta con ironía.
Los derechos laborales de las empleadas del hogar tras la reforma de 2022
El sector ha ganado derechos en los últimos años. El Real Decreto-ley 16/2022 mejoró las condiciones laborales y de Seguridad Social de las personas trabajadoras al servicio del hogar, incluyendo la protección por desempleo dentro de su acción protectora. La cotización por desempleo es obligatoria desde el 1 de octubre de 2022.
Los empleadores deben tramitar el alta y asumir las cotizaciones correspondientes. En 2026, el salario mínimo para empleados del hogar que trabajan por horas en régimen externo está fijado en 9,55 euros por hora efectivamente trabajada, según el BOE.
Pese a estos avances, Cristina considera que la mejora legal no siempre se traduce en reconocimiento social. “Soy limpiadora, pero también estudié una carrera”, recuerda para señalar que el valor de una persona no depende del empleo que desempeña.
Su mensaje ha conectado con muchas trabajadoras que se reconocen en esa realidad: horarios ajustados, salarios que apenas superan el mínimo legal y una profesión que sigue siendo esencial, aunque no siempre se valore como corresponde.
