En pleno paisaje de Dalmacia, la familia Nikolic vio una oportunidad donde los vecinos solo veían zarzas. Tres generaciones se arremangaron, recuperaron la finca y hoy presumen de un aceite que acaba de conquistar el NYIOOC el 24 de abril de 2026.
Lo curioso es que, a pesar de la medalla, siguen haciendo casi todo “a la antigua”, sin grandes máquinas y con mucho sudor familiar. Y es precisamente esa mezcla de terquedad artesana y entorno salvaje la que ha convertido el proyecto en un ejemplo de cómo dar la vuelta a un terreno olvidado… y de paso alegrar más de una ensalada.
¿Cómo se pasa de 30 olivos viejísimos a 1.000 ejemplares en plena forma?
Hace apenas dos décadas, la parcela albergaba unos 30 árboles centenarios que daban lo justo para consumo propio. La familia se puso manos a la obra: limpió matorral, acondicionó terrazas de piedra y plantó nuevos ejemplares hasta alcanzar los 1.000 olivos actuales. La producción ha crecido a la par de la calidad, manteniéndose fiel a la recogida manual y al uso mínimo de fertilizantes químicos.
El resultado se vio claro en la última campaña: 25 toneladas de aceituna saneada, toda recolectada a pulso, salieron de la almazara familiar con un rendimiento que cualquier cooperativa grande firmaría. Lo más sorprendente es que, pese a la escala, el proceso sigue siendo eminentemente casero: familiares y amigos se unen cada octubre para la vendimia, armados solo con mantos, escaleras y buen humor.
Manualidad extrema: por qué Nikolic se niega a usar cosechadoras
Mladena Nikolic, responsable de marketing y ventas, reconoce que la maquinaria pesada ahorraría tiempo, pero teme que las vibraciones dañen ramas y raíces en un suelo ya de por sí frágil. Además, admite con media sonrisa, “el banco no regala cosechadoras, y el precio de una de esas bestias mete más miedo que un recibo de la luz en agosto”.
Por tanto, cada kilo de aceituna pasa primero por las manos de la familia: se clasifica en cajas aireadas, se lleva al molino en menos de seis horas y se bate a temperatura controlada. Este ritmo casi zen, lejos de restar competitividad, se ha convertido en el sello diferenciador de la marca.
El premio de Nueva York 2026, ¿punto final o punto de partida?
El 24 de abril de 2026, OPG Nikolic se alzó con un galardón en el New York International Olive Oil Competition (NYIOOC), la pasarela mundial del aceite fino. El jurado destacó el perfil fresco y limpio del coupage dálmata, dominado por la variedad Oblica y complementado con un toque de la autóctona Lastovka.
Lejos de dormirse en los laureles (o, mejor dicho, en las ramas), la familia ve el premio como un altavoz para explicar que la calidad nace en la parcela: poda equilibrada, suelos aireados y un clima duro que estresa justo lo necesario al olivo.
Lista rápida: lo que hace especial al aceite de OPG Nikolic
Antes de que te lances a la cata, conviene repasar los cuatro pilares que sostienen la reputación de este oro líquido:
- Origen concreto: olivos plantados en tierras rocosas de Dalmacia, a pocos kilómetros del Adriático.
- Variedades locales: predominio de Oblica, con un aporte menor de Lastovka, ambas adaptadas al terreno seco y pedregoso.
- Recolección manual: 25 toneladas recogidas a mano en la última campaña, sin vibradores ni cosechadoras.
- Molturación exprés: las aceitunas no pasan más de seis horas desde el árbol hasta la batidora, reduciendo la oxidación.
Estos factores se traducen en un frutado verde intenso con toques de hierba recién cortada y almendra dulce.
Consejos prácticos si quieres probar un aceite de verdad
Visitar la finca es tan sencillo como reservar en su web y presentarte en Zadar con ropa cómoda: allí te recibirán con un paseo guiado entre terrazas de piedra, una cata didáctica y, si cuadra la época, la posibilidad de echar una mano en la vendimia. Si prefieres la compra online, busca la contraetiqueta que especifica “cosecha 2025‑2026” y confirma que la acidez esté por debajo del 0,2 %.
Además, recuerda: el aceite premium no es eterno. Una vez abierto, guarda la botella lejos de la luz y del calor, el mueble encima de la vitro es un mal sitio, lo sabe hasta el gato, y consúmelo antes de ocho meses para disfrutar de todos sus matices.
Amenazas en el horizonte: cambio climático y falta de manos
El éxito no oculta los nubarrones. Las olas de calor se han vuelto más frecuentes y obligan a regar más a menudo, encareciendo costes justo cuando la factura eléctrica ya duele. A eso se suma la escasez de mano de obra: cada año cuesta más convencer a jóvenes locales para trabajos duros y mal pagados.
Por ahora, la familia tira de voluntarios y de lazos vecinales, pero el reto es claro: mantener la calidad sin subir el precio hasta que solo lo puedan pagar los bolsillos más holgados. Queda por ver si el equilibrio entre tradición, viabilidad económica y sostenibilidad climática puede sostenerse en el largo plazo.
