Hay detalles que casi nadie percibe cuando ve una etapa del Tour de Francia desde el sofá. Todo parece impecable: carreteras limpias, paisajes de postal y una retransmisión que llega a más de 190 países y supera los 3,5 millones de espectadores cada año. Pero detrás de esa imagen perfecta hay un trabajo curioso y bastante menos glamuroso.
Porque sí, incluso el asfalto tiene que pasar por “maquillaje” antes de salir en televisión. Y no precisamente por cuestiones estéticas clásicas. El motivo tiene más que ver con lo que algunos aficionados deciden dibujar durante la noche. Ahí entra en juego un equipo muy particular que actúa contrarreloj.
¿Quién se encarga de borrar los dibujos ofensivos del Tour de Francia?
Cada mañana, antes del inicio de la etapa, la organización despliega un pequeño equipo con una misión muy concreta: detectar y disimular pintadas inapropiadas en la carretera. Aunque muchas son mensajes de apoyo, otras incluyen dibujos sexuales, lemas políticos o referencias al dopaje que no pueden emitirse.
Desde 2016, esta tarea recae en Patrick Dancoisne y Joël Gautriand, trabajadores de la empresa Doublet. Este dúo recorre los kilómetros del recorrido actuando justo antes de que pase la caravana publicitaria, lo que reduce el riesgo de que alguien vuelva a pintar encima. Y no es un trabajo menor: el Tour de Francia 2025 cuenta con 3.338 kilómetros donde puede aparecer cualquier tipo de “arte improvisado”. Para organizar su labor, siguen un método bastante claro:
- Realizan dos pasadas por cada etapa.
- En la primera eliminan las pintadas visibles.
- En la segunda revisan lo que haya podido aparecer a última hora.
- Actúan con rapidez para no interferir en la carrera.
- Usan pintura y creatividad para camuflar los dibujos.
Este sistema permite mantener el control sin necesidad de borrar con demasiada antelación, algo que sería inútil si alguien vuelve a pintar minutos después.
¿Cómo transforman las pintadas sin levantar sospechas en televisión?
Aquí es donde entra la parte más ingeniosa del trabajo. En lugar de simplemente tapar los dibujos, muchas veces los transforman en figuras inofensivas. Lo que antes era un dibujo explícito puede acabar convertido en un búho, una mariposa, un conejo, una escalera o incluso una nave espacial.
Cuando no hay tiempo, optan por soluciones más rápidas como cubrir con tachones. Pero cuando pueden, tiran de creatividad. Patrick, conocido como “l’effaceur”, lleva 15 años dedicándose a esto y asegura que “Borro todo lo que tenga que ver con el sexo”. Con su polo azul, brocha y pintura blanca, se toma el trabajo en serio, aunque reconoce que a veces el resultado provoca risa: “Hago dibujos dentro”.
Su trabajo no ha pasado desapercibido. En una ocasión fue grabado por televisión mientras transformaba un dibujo en un búho, lo que dio lugar a reportajes internacionales e incluso a un cortometraje titulado Les Effaceurs, dirigido por Joey Starr, donde un actor interpreta su papel.
¿Por qué esta tarea es clave más allá de lo visual?
Puede parecer una anécdota divertida, pero tiene una función mucho más importante. Según explica el propio Dancoisne, su labor no solo evita que se emitan imágenes inapropiadas, sino que también contribuye a la seguridad de la carrera.
En carreteras donde se concentran miles de personas, cualquier distracción o elemento inesperado puede afectar tanto a los ciclistas como al personal del Tour. Por eso insiste en que “Esto es serio, hay que tomárselo en serio”. A continuación, se resumen los datos clave de este peculiar trabajo:
| Elemento clave | Detalle |
|---|---|
| Año de inicio | 2016 |
| Trabajadores | Patrick Dancoisne y Joël Gautriand |
| Empresa | Doublet |
| Kilómetros Tour 2025 | 3.338 km |
| Método | Doble pasada por etapa |
| Material usado | Pintura blanca y brochas |
Este nivel de control forma parte del esfuerzo global por mantener la imagen del evento, que no deja nada al azar.
¿Qué pueden aprender los espectadores o curiosos de esta historia?
Más allá de lo anecdótico, esta historia deja claro hasta qué punto se cuidan los detalles en eventos de gran escala. Todo lo que aparece en pantalla está supervisado, incluso lo que parece espontáneo.
Para el espectador, la lección es sencilla: lo que se ve en televisión rara vez es casual. Y para quienes acuden en directo, también hay un mensaje implícito: cualquier intervención en el recorrido puede ser eliminada en cuestión de horas.
En consecuencia, mientras los ciclistas compiten por el maillot amarillo, hay otra carrera paralela que casi nadie ve. Una que se juega contra el tiempo, la creatividad improvisada y, sobre todo, contra la necesidad de que millones de personas no vean lo que nunca debería haber estado ahí.
