Cuando hace frío, pocos planes hay más sencillos y reconfortantes que unos churros con chocolate bien caliente. Detrás de ese antojo hay madrugones, grasa caliente y mucha contabilidad fina. Raúl, churrero y propietario en Móstoles, cuenta que ha tenido que ajustar turnos, despedir a 6 empleados y echar el cierre a dos locales por el empuje de precios e impuestos. En una intervención en Telemadrid, explicó que ya no le salen las cuentas y que el margen se ha evaporado. Además de Móstoles, señala cierres en Humanes y en Getafe por la presión fiscal y el encarecimiento de costes. Y, para rematar, el IVA del trimestre se le come entre 8.000, 9.000 o 12.000 euros, según su propio cálculo.
¿Qué le está pasando a la churrería de Raúl en Móstoles?
Raúl pone voz a una situación que muchos vecinos conocen desde el otro lado de la barra: trabajo constante y menos margen. Lo resume sin rodeos: “está llegando un momento en que entre el precio de los productos, los precios y lo que nos está apretando el Gobierno, el Ayuntamiento y todo, ya es insostenible”. A continuación, los datos que él mismo aporta sobre su día a día y las decisiones que ha tomado:
- 6 empleados despedidos por falta de margen.
- IVA trimestral que se lleva 8.000, 9.000 o 12.000 euros, “según el gasto que tengamos”.
- Reorganización de horarios: de dos por la mañana y dos por la tarde a solo 2 personas cubriendo 3 puestos.
- Cierre de dos locales: uno en Humanes (de sus hijos) y otro puesto en Getafe.
En sus palabras, el recorte tiene un lado humano que duele: “Hemos tenido que quitar a seis familias de comer porque nos aprietan tanto que llega un momento que ya no podemos”. La foto final es clara: menos manos, más horas y el mismo mostrador que abrir cada mañana.
¿Cómo aprietan los costes y el IVA en un negocio tan cotidiano?
Aquí el protagonista no es el chocolate: es la factura. Raúl lamenta que “suben los productos, suben los impuestos, sube todo y no tenemos ningún beneficio por parte de ayudas de ningún gobierno, de ninguno”. El término clave es IVA (impuesto sobre el valor añadido), que es el tributo que se paga por las ventas y que, en su caso, “solo este trimestre” puede irse a 8.000, 9.000 o 12.000 euros. No hace falta mucha ironía para captar el mensaje: a veces, antes de desayunar, ya has pagado la mitad del día.
El encarecimiento de la materia prima y la carga tributaria han vaciado el colchón del negocio. De ahí que, como explica, se vea obligado a cuadrar cajas con menos personal y turnos comprimidos. ¿El resultado? Menos coste fijo inmediato, pero también menos capacidad para atender picos de clientes y, por tanto, un equilibrio frágil.
¿Qué locales han cerrado y cómo se reorganizan los turnos?
Raúl detalla que “hemos tenido que cerrar una churrería que tenían mis hijos en Humanes y un local como este puesto en Getafe, porque ya no aguantamos la situación”. En Móstoles mantiene la persiana levantada, aunque con el equipo ajustado: “Teníamos dos por la mañana y dos por la tarde, pero hemos tenido que repartir el turno y hacerlo con dos personas simplemente por tres puestos”.
A modo de resumen, así queda el mapa de su negocio:
| Localidad | Situación | Detalle ligado a costes e impuestos |
|---|---|---|
| Móstoles | Abierto | Turnos repartidos: 2 personas para 3 puestos (antes 2 por la mañana y 2 por la tarde) |
| Humanes | Cerrado | Churrería de sus hijos cerrada por la presión de precios e impuestos |
| Getafe | Cerrado | Cierre de un puesto similar por la misma situación |
La reorganización busca sobrevivir al corto plazo: menos nómina, más presencia del propio dueño y horarios compactados. Por consiguiente, cada subida de costes pega más fuerte cuando el equipo es mínimo.
Pasos útiles si te ves en una situación parecida (según este caso)
Este caso deja, al menos, una hoja de ruta basada en lo que Raúl ya ha hecho: reducir plantilla, repartir turnos y concentrar la actividad en un único punto de venta. Son medidas defensivas que él aplica con cifras concretas (2 personas para 3 puestos y el cierre de 2 locales) cuando el IVA trimestral oscila entre 8.000 y 12.000 euros.
También ayuda entender el marco: muchas churrerías están en manos de autónomos (trabajadores por cuenta propia que asumen sus cotizaciones y tributos), con jornadas largas y una carga administrativa creciente. En consecuencia, cuando suben los precios de los productos y los impuestos, la respuesta inmediata suele ser ajustar horarios y personal para no trabajar a pérdida.
