El especialista recuerda que la crema sigue siendo necesaria en la piel expuesta, pero no permite alargar la exposición; las gominolas bronceadoras tampoco bloquean la radiación ultravioleta.
El dermatólogo Jorge Soto, de Policlínica Gipuzkoa, ha advertido de que la primera barrera frente a la radiación solar no se encuentra en una crema con un número cada vez más alto ni en los suplementos que prometen acelerar el bronceado. En unas declaraciones publicadas el 4 de agosto de 2026, el especialista sitúa por delante «la ropa, los sombreros y la búsqueda de sombra», sin restar importancia al protector solar aplicado correctamente sobre la piel que queda expuesta. Esta jerarquía coincide con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
La advertencia llega en pleno verano y responde a dos ideas que pueden conducir a una falsa sensación de seguridad: creer que una crema SPF 50 permite permanecer al sol durante más tiempo y considerar que las gominolas o cápsulas para broncearse protegen frente a los rayos ultravioleta. Soto también alerta sobre la tanorexia, término empleado para describir una búsqueda persistente del bronceado pese a conocer sus posibles daños.
Un SPF 50 protege algo más, pero no permite alargar la exposición
La diferencia entre un protector SPF 30 y otro SPF 50 existe, aunque resulta menor de lo que puede sugerir la distancia entre ambos números. La Academia Americana de Dermatología señala que un SPF 30 bloquea aproximadamente el 97% de los rayos UVB y que los factores superiores ofrecen algo más de protección, pero ninguno llega al 100%. Un número más elevado tampoco hace que la aplicación dure más horas ni autoriza a prolongar el tiempo bajo el sol.
El factor de protección solar tampoco debe interpretarse como un reloj exacto. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos explica que el SPF mide la protección frente a la energía ultravioleta capaz de provocar una quemadura cuando el producto se utiliza según sus instrucciones. La intensidad de la radiación, la cantidad aplicada, el tipo de piel, la hora, la ubicación y el contacto con agua o sudor modifican el resultado.
La recomendación general es utilizar un producto de amplio espectro, que proteja frente a UVA y UVB, resistente al agua y con SPF 30 o superior. Debe extenderse en cantidad suficiente sobre las zonas descubiertas y reaplicarse aproximadamente cada dos horas, así como después de nadar, sudar intensamente o secarse con una toalla. La crema no sustituye a la sombra, la ropa tupida, el sombrero o las gafas de sol.
Esta precaución adquiere especial importancia entre quienes desarrollan trabajos al aire libre con calor extremo. En estos puestos, la hidratación y el protector solar no compensan por sí solos una exposición prolongada sin zonas de sombra, prendas adecuadas, descansos y medidas organizativas.
Las gominolas para broncearse no bloquean la radiación ultravioleta
Soto también se refiere a los productos comercializados como gominolas, perlas o cápsulas para favorecer el bronceado. Algunos ingredientes pueden modificar la coloración de la piel o aportar determinados pigmentos, pero ese cambio de aspecto no equivale a una protección eficaz frente a la radiación ultravioleta ni impide el daño celular asociado a la exposición solar.
El especialista admite que existen complementos orales con cierta actividad fotoprotectora, pero recalca que deben considerarse, como máximo, una medida complementaria. No sustituyen a la ropa, la sombra ni al protector tópico. Tampoco debe interpretarse una piel más oscura como prueba de que la persona puede permanecer al sol sin riesgo.
La composición, dosis y seguridad no son iguales en todos los suplementos. Por ese motivo, una afirmación general sobre la ausencia de riesgos no puede extenderse automáticamente a cualquier producto vendido en internet o promocionado en redes sociales. Las personas que tomen medicación, estén embarazadas, tengan enfermedades previas o quieran utilizar estos complementos deberían consultar su caso con un profesional sanitario.
La tanorexia describe una exposición persistente pese al daño
La tanorexia se utiliza para describir una relación problemática con el bronceado, especialmente cuando la persona sigue exponiéndose pese a haber sufrido quemaduras, conocer los riesgos o recibir indicaciones médicas para limitar el sol. Soto relaciona este comportamiento con la liberación de sustancias vinculadas a la sensación de bienestar y sostiene que, en personas predispuestas, puede adquirir rasgos similares a los de otras conductas adictivas.
Existe investigación experimental que aporta plausibilidad biológica a esa explicación, aunque debe interpretarse con cautela. Un estudio publicado en Cell observó en ratones que la exposición repetida a radiación ultravioleta elevaba la betaendorfina y provocaba signos compatibles con dependencia y abstinencia. Los resultados proceden de un modelo animal y no permiten diagnosticar una adicción al sol en una persona ni considerar patológico cualquier deseo de broncearse.
El término tanorexia es descriptivo y no debe utilizarse como diagnóstico a partir de una única conducta. La preocupación aparece cuando existe pérdida de control, exposición repetida pese a consecuencias adversas o una preocupación por el tono de piel que interfiere en la vida cotidiana. La valoración corresponde a profesionales sanitarios.
La protección de los niños empieza por evitar las quemaduras
La población infantil requiere una atención reforzada. La OMS explica que los niños son más vulnerables a la radiación ultravioleta y que las quemaduras solares durante la infancia se relacionan con un mayor riesgo posterior de melanoma. Soto insiste por ello en que evitar que un menor se queme debe considerarse una prioridad preventiva.
La intensidad solar puede ser especialmente elevada en España. AEMET indica que, durante el verano, el índice ultravioleta máximo puede alcanzar habitualmente valores de entre 9 y 11 al mediodía en días despejados de la Península, con niveles aún superiores en Canarias. Por encima de 8, la protección debe extremarse.
Las medidas principales son:
- Consultar el índice ultravioleta y reducir la exposición durante las horas centrales.
- Buscar sombra y utilizar ropa tupida, sombrero de ala ancha y gafas con protección ultravioleta.
- Aplicar un protector de amplio espectro SPF 30 o superior sobre la piel descubierta.
- Reaplicar el producto cada dos horas y después del baño, el sudor o el roce de la toalla.
- Mantener a los bebés fuera del sol directo y seguir las recomendaciones pediátricas sobre el uso de fotoprotectores.
El mensaje del dermatólogo no sostiene que la crema solar sea inútil ni que un SPF 30 y un SPF 50 sean idénticos. La crema constituye una capa necesaria de protección, pero no convierte en segura una exposición prolongada. La combinación más eficaz sigue comenzando por reducir el tiempo bajo la radiación directa, cubrir la piel y disponer de sombra.
