Una abuela de 93 años y su nieto recorren casi 2.000 kilómentros haciendo autostop y convierte el viaje en un documental

La pareja partió de Metz el 24 de julio y llegó a Valence tras viajar en solo cuatro coches. La ruta pasa por Ardèche, una región ligada a los recuerdos familiares de Thérèse.

Thérèse, de 93 años, y su nieto Jules Riss, de 29, salieron de Metz el viernes 24 de julio para recorrer Francia haciendo autostop en una ruta de casi 2.000 kilómetros. El destino previsto es la costa atlántica, con una parada especialmente significativa en Ardèche. La primera gran etapa ya les llevó hasta Valence después de subir a solo cuatro coches, mientras ambos graban el trayecto para convertirlo en un documental.

La aventura tiene un componente personal que va más allá del desplazamiento. Thérèse recorrió durante años las carreteras francesas junto a su marido, fallecido hace cuatro años, y conserva un vínculo especial con Ardèche. Su nieto decidió recuperar aquel deseo pendiente y acompañarla en un viaje sin vehículo propio, horarios cerrados ni una sucesión rígida de paradas.

La pareja quiere avanzar sin convertir el recorrido en una carrera. Cada conductor determina parte del itinerario, el tiempo que permanecen en la carretera y el lugar desde el que deben buscar el siguiente coche. Esa incertidumbre fue precisamente lo que provocó el rechazo inicial de Thérèse, aunque terminó convirtiéndose en una de las partes que más disfruta.

De rechazar el autostop a recorrer cerca de 500 kilómetros por Bretaña

Jules no presentó desde el principio la idea de cruzar Francia durante casi 2.000 kilómetros. Antes propuso una prueba más corta durante un fin de semana por Bretaña. «Al principio, se negó. Fue a regañadientes», recuerda el joven sobre la reacción de su abuela. Aquel primer trayecto rondó los 500 kilómetros y permitió comprobar cómo se desenvolvían juntos dependiendo de conductores desconocidos.

Después realizaron otro viaje a Lot-et-Garonne. Con cada salida, Thérèse fue dejando atrás sus reservas y comenzó a valorar el carácter imprevisible de esta forma de viajar. No saber quién se detendrá, cuánto podrán avanzar o qué conversación surgirá dentro del coche pasó de ser una incomodidad a formar parte del atractivo de la experiencia. Su historia comparte con la de otra abuela viajera el papel de la familia como impulso para romper la rutina.

Solo cuatro coches les llevaron desde Metz hasta Valence

El tramo entre Metz y Valence se completó con cuatro vehículos, una cifra que les permitió avanzar con rapidez durante el inicio de la ruta. Thérèse, sin embargo, no centra sus recuerdos en la distancia recorrida ni en el número de etapas. Para ella, lo más importante son las personas que han decidido detenerse y compartir una parte del camino con ambos.

Uno de los momentos que más le llamó la atención ocurrió cuando una conductora pasó de largo, cambió de decisión y regresó para recogerlos. «Miren, es imposible que no paremos. Tengo tiempo, iré a buscarlos», les dijo la mujer, según el relato de Thérèse. El gesto resume la confianza que exige el autostop y la sucesión de encuentros inesperados que está marcando el viaje.

Ardèche conecta la nueva aventura con los recuerdos de su marido

Tras alcanzar la zona de Drôme-Ardèche, abuela y nieto pueden continuar con un ritmo más pausado. El itinerario incluye visitas culturales y paisajes que desean contemplar sin prisas. Entre los lugares previstos figura Vallon-Pont-d’Arc, uno de los enclaves que quieren conocer mientras atraviesan una región especialmente vinculada a la memoria de Thérèse.

También planean visitar el pueblo preferido de la viajera, asociado al cantante Jean Ferrat. El paso por Ardèche permite unir el recorrido actual con los viajes que realizó durante años junto a su marido. «Queremos hacer un poco de todo, pero sobre todo, tomarnos nuestro tiempo y disfrutar», explica Jules sobre una ruta en la que las paradas tienen tanto peso como el destino.

El recorrido de Thérèse y Jules se convertirá en un documental

Thérèse y Jules están filmando la experiencia para crear un documental sobre la aventura. La grabación sigue a una mujer de 93 años y a su nieto de 29 mientras cruzan Francia sin medio de transporte propio y con un itinerario que puede cambiar en cada jornada. Cada conductor introduce una historia, una conversación y una nueva decisión sobre el siguiente paso.

La llegada a la costa atlántica cerrará el trayecto previsto, pero buena parte del sentido del proyecto ya está presente durante el camino. Thérèse ha pasado de aceptar a regañadientes una escapada breve a participar en una ruta de casi 2.000 kilómetros. El viaje le permite regresar a paisajes ligados a su vida familiar y compartir con su nieto un tiempo que también quedará conservado en la película.

El proyecto conecta además con los aprendizajes tras los 80, al presentar la edad como parte de la historia y no como un límite automático.

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