La costumbre de dejar al perro atado en la puerta de una tienda o suelto puede convertirse ahora en una multa de hasta 10.000 euros

Entrar un momento al supermercado y dejar al perro en la puerta ha sido, para mucha gente, una escena de lo más normal. También lo es pasear por el parque con la correa en la mano mientras la mascota va a su aire. Pero ahora esa costumbre puede salir muy cara. La nueva normativa avalada por la Ley de Bienestar Animal prevé multas de entre 500 y 10.000 euros por dejar al animal atado en la entrada de un comercio o por llevarlo suelto en espacios públicos sin supervisión presencial.

Dicho de forma sencilla, el responsable debe tenerlo siempre a la vista y poder actuar al instante si ocurre cualquier incidente. Y, pese a ello, hay dueños que reconocen que van a seguir haciéndolo.

¿Por qué te pueden multar por dejar al perro atado o suelto en la calle?

El artículo 27 de la Ley de Bienestar Animal prohíbe mantener a los animales «atados o deambulando por espacios públicos sin la supervisión presencial por parte de la persona responsable de su cuidado y comportamiento». Esa supervisión presencial, dicho sin rodeos, significa estar ahí, viendo al animal en todo momento y pudiendo reaccionar de inmediato. En otros casos, también se multará en caso de dejar a las mascotas en las terrazas.

La norma pone el foco en evitar problemas muy concretos: una pelea con otro perro, un ataque, un golpe de calor o un episodio de ansiedad. Por tanto, no basta con pensar que serán solo tres minutos o que el perro no molesta a nadie. La clave, y aquí está todo el asunto, es no perderlo de vista y poder intervenir en el momento.

¿De cuánto son las multas por dejar al perro en la puerta del supermercado o suelto en el parque?

Las sanciones aparecen en el artículo 76 y fijan un baremo de entre 500 y 10.000 euros según cada caso. No es precisamente calderilla. La ley establece esa horquilla para sancionar situaciones en las que el animal no está bajo supervisión presencial en un espacio público o en la puerta de un comercio.

Si la conducta se considera una infracción leve, es decir, una falta de menor gravedad, y no ha provocado peleas con otro perro, ataques ni ningún otro incidente, la multa puede llegar hasta 500 euros. A partir de ahí, la cuantía sube en función de lo ocurrido en cada caso.

¿Qué están diciendo algunos dueños pese a la nueva normativa?

La norma ya está en vigor, pero a las puertas de los supermercados sigue habiendo escenas conocidas. Una de las dueñas lo admite sin demasiados rodeos: «Lo voy a seguir haciendo porque ella lo pasa peor si la dejo sola en casa. Y son tres minutos y además es feliz cuando vuelvo porque la doy pan». Otra también se justifica por el tiempo del recado: «Voy a entrar y salir y lo sabe, no es dejarla horas atadas son unos minutos».

En los paseos ocurre algo parecido. Hay dueños que llevan la correa en la mano porque, según explican, así protegen «a los niños, a los mayores y a nosotros también». Otros apelan al sentido común y sostienen: «Si hay niños o me lo piden les llevo con la correa sin problema, pero si no hay nadie prefiero llevarlos sueltos». En otras palabras, algunos quieren dar espacio a sus mascotas siempre que no molesten a nadie, aunque las multas ya están aquí.

¿Cómo evitar la sanción y qué conviene hacer a partir de ahora?

Para no meterse en un lío y, sobre todo, para evitar riesgos al animal, el mensaje de la norma es bastante claro. Todo gira alrededor de la supervisión presencial, es decir, de estar con el perro, tenerlo a la vista y poder actuar al instante si surge cualquier problema.

  • No dejar al perro atado en la puerta de un supermercado, una farmacia o cualquier otro comercio.
  • No permitir que deambule suelto por espacios públicos sin supervisión presencial.
  • Mantenerlo siempre a la vista para poder intervenir de inmediato ante una pelea, un golpe de calor, un ataque o un episodio de ansiedad.
  • Llevar la correa en los paseos cuando sea la forma de garantizar ese control directo y evitar incidentes.

En resumen, la ley no se fija en si el recado dura poco o en si el parque está vacío. Lo que exige es presencia real, control inmediato y capacidad de reacción. Ojo, porque confiarse puede acabar en una multa de hasta 10.000 euros, una cifra que ya no suena a simple aviso.

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