Fue localizada en 2019 y el ADN confirmó su identidad en 2022. El informe anual consultado en agosto de 2026 aún la registra como la única superviviente conocida.
Fernanda apareció en febrero de 2019 en la isla Fernandina, 113 años después del único ejemplar documentado en 1906. La confirmación científica llegó el 9 de junio de 2022, cuando Communications Biology publicó la comparación de ambos genomas. A 4 de agosto de 2026, el informe anual de Galápagos Conservancy sigue contabilizando un solo individuo y ningún macho localizado. El hallazgo demostró que la especie no estaba extinta, pero tampoco resolvió cómo conservarla a largo plazo.
El ADN resolvió una duda científica abierta desde 1906
La tortuga gigante de Fernandina, Chelonoidis phantasticus, se conocía por un macho recolectado durante una expedición de 1906. Su caparazón era tan singular que durante décadas hubo dudas sobre su procedencia. Cuando los guardaparques encontraron a Fernanda en 2019, su aspecto tampoco coincidía por completo con aquel ejemplar. Los investigadores necesitaban demostrar que era una tortuga nativa de la isla y no un animal trasladado desde otra zona del archipiélago. La identificación visual, por sí sola, no permitía cerrar el debate.
El equipo secuenció los genomas completos de Fernanda y del ejemplar conservado en un museo. Después los comparó con muestras de los otros 13 taxones de tortugas gigantes incluidos en el estudio. Más de 750.000 variantes genéticas situaron a los dos individuos de Fernandina juntos y separados del resto. El estudio publicado en Communications Biology también mostró el valor de las colecciones históricas. Ese uso del ADN antiguo aparece asimismo en proyectos para recuperar especies desaparecidas, aunque Fernanda pertenece a un linaje que todavía sobrevive.
Por qué Fernanda no se parecía al ejemplar histórico
El nombre phantasticus alude a la forma extraordinaria del caparazón del macho de 1906. Presentaba una abertura frontal elevada y un ensanchamiento muy marcado, rasgos conocidos como forma de silla de montar. Fernanda carece de esa silueta tan llamativa. Los científicos estimaron que tenía más de 50 años al ser estudiada, pero era pequeña. La escasez de vegetación pudo limitar su crecimiento y modificar la expresión de algunos rasgos físicos. Esta diferencia explica la cautela inicial de los ecólogos tras el hallazgo.
La diferencia también podía explicarse por el sexo, porque el ejemplar histórico era macho y Fernanda es hembra. Existía otra hipótesis más delicada. Las tortugas no nadan entre islas, aunque pueden flotar y ser arrastradas durante grandes tormentas. También hay registros de marineros que las trasladaban. La comparación genómica descartó que Fernanda perteneciera a otra población conocida y confirmó su relación directa con la tortuga hallada en Fernandina en 1906. Ambas forman un grupo genéticamente diferenciado dentro de las tortugas gigantes de Galápagos.
Las expediciones siguen sin encontrar otra tortuga de Fernandina
Galápagos Conservancy mantiene a Fernanda como la única superviviente conocida de Chelonoidis phantasticus. Su informe anual, consultado el 4 de agosto de 2026, indica que solo se ha encontrado un ejemplar y que ningún macho ha sido localizado. Las expediciones tampoco han confirmado la presencia de otra tortuga viva. Sin un macho compatible, el programa de reproducción no puede avanzar de forma natural. La situación coloca a Chelonoidis phantasticus ante un grave riesgo para la especie, ya que la supervivencia de Fernanda mantiene vivo el linaje, pero no garantiza una nueva generación.
La búsqueda resulta especialmente difícil por el terreno volcánico de Fernandina y sus extensos campos de lava. Equipos anteriores localizaron senderos, huellas, excrementos y zonas de descanso atribuidas a tortugas. Esas señales hicieron pensar que podían quedar dos o tres individuos, pero los rastreos posteriores no confirmaron su presencia. Los indicios tampoco permiten conocer el sexo, la edad o el estado reproductivo de los posibles animales.
El caso muestra los problemas que aparecen cuando toda una población depende de uno o muy pocos ejemplares. Otros proyectos, como los relacionados con la conservación del bisonte europeo, también estudian cómo la diversidad genética, la reproducción controlada y la gestión del hábitat condicionan la recuperación de una especie.
Qué opciones quedan para evitar que Fernanda sea la última
Fernanda permanece bajo cuidado en el Centro de Cría de Tortugas Gigantes del Parque Nacional Galápagos, en la isla Santa Cruz. Su traslado permitió protegerla y evitó que resultara casi imposible localizarla de nuevo entre los campos de lava. Los conservacionistas continúan buscando otros ejemplares en Fernandina. Los datos genéticos y los registros de campo pueden orientar futuras expediciones hacia las áreas con indicios más consistentes. Cada búsqueda debe cubrir un territorio cambiante, remoto y condicionado por la actividad volcánica.
Un estudio genómico publicado en Evolution analizó 38 tortugas de los 13 taxones vivos del archipiélago. Sus resultados rechazaron que todas formen una sola especie. La interpretación más conservadora identificó al menos nueve especies, mientras la mayoría de los análisis respaldó trece. El debate taxonómico permanece abierto, pero no altera la singularidad genética de Fernanda. Investigaciones sobre animales como el ajolote mexicano muestran la importancia de conservar cada linaje antes de que desaparezca su último representante.
