La presión familiar, el estigma sobre las carreras de letras y la falta de orientación condicionan una decisión que muchos jóvenes toman con 17 años. La tasa de abandono de la titulación tras el primer curso alcanza el 22,1%.
Elegir qué estudiar tras superar Selectividad no siempre responde a una vocación definida. Las expectativas del entorno, el temor a unas salidas laborales limitadas y un asesoramiento insuficiente pueden empujar al alumnado hacia grados que no encajan con sus intereses. El desencanto suele aparecer durante los primeros meses de universidad.
El 9% de los universitarios cambia de grado después del primer curso
Los indicadores publicados por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades sitúan en el 22,1% la tasa de estudiantes de nuevo ingreso de 2021-2022 que no continuaron en la misma titulación. El 13,1% salió del Sistema Universitario Español, por lo que la diferencia sitúa el cambio de grado en el 9%.
Los testimonios recogidos por un medio, reflejan cómo se produce ese cambio. María Domínguez comenzó Química porque la consideraba más asequible, aunque dudaba entre esa disciplina y Física. Una clase de Biología le confirmó que el contenido no era lo que buscaba. Terminó matriculándose en Física, donde encontró una formación más acorde con sus intereses.
Manuel Doval también dejó Arquitectura pese a aprobar las asignaturas. No se marchó por falta de rendimiento, sino por la sensación de estar dedicando tiempo a un grado que no le satisfacía. Tras incorporarse a Física, percibió que había acertado con la decisión.
El estigma sobre las carreras de letras condiciona la elección universitaria
Ana Osle se matriculó en Ingeniería Industrial porque tenía facilidad para las ciencias y las matemáticas, aunque le atraían las artes. «¿Cómo voy a pintar cuadros pudiendo estudiar Matemáticas?», se preguntaba. Los suspensos y la frustración la llevaron después a Estudios Ingleses en la Universidad Complutense de Madrid.
La percepción de que una ingeniería garantiza más empleo también influyó en Natàlia Bohórquez, que pasó de Ingeniería Industrial a Periodismo. Con el tiempo, su valoración cambió: asegura que volvería a estudiar Ingeniería y reconoce que Periodismo no respondió a sus expectativas. Su experiencia confirma que un cambio tampoco garantiza una elección definitiva.
Los datos reflejan más cambios en Ciencias, con un 12,4%, y en Ingeniería y Arquitectura, con un 10,8%. Ciencias Sociales registra un 8,1%, mientras que Artes y Humanidades se sitúa en el 9%.
La falta de orientación académica provoca decisiones basadas solo en las notas
Los jóvenes consultados coinciden en que recibieron poca orientación profesional antes de matricularse. Las recomendaciones se apoyaban con frecuencia en sus calificaciones del instituto: quien destacaba en Matemáticas era dirigido hacia una ingeniería, sin analizar con la misma profundidad sus preferencias, habilidades o expectativas laborales.
Ana Cobos, presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, defiende un asesoramiento que vaya más allá de enumerar titulaciones y salidas. La orientación debe relacionar el conocimiento personal con la oferta académica y las oportunidades del mercado de trabajo.
Cambiar de carrera universitaria puede corregir una elección sin asumir un fracaso
La reacción familiar añade presión. Manuel Doval recuerda que sus padres recibieron el cambio como una decepción y le pidieron que continuara, aunque después respaldaron su decisión. Otros estudiantes contaron con apoyo desde el principio, un acompañamiento que redujo la culpa y la sensación de haber fallado.
Cobos sostiene que abandonar un grado que no encaja permite reconocer qué camino no se desea seguir. El cambio puede implicar frustración y costes académicos, pero también evita prolongar durante años una formación elegida por expectativas externas o información insuficiente.
