Los supermercados pueden utilizar diferentes colores para organizar o diferenciar sus productos, pero la normativa no asigna un significado oficial al negro, amarillo, rojo o blanco. La fecha, el origen y las condiciones de conservación sí ofrecen información regulada.
Comprar un filete en una bandeja negra no significa necesariamente llevarse una carne de mayor calidad, igual que encontrarla en una amarilla tampoco indica automáticamente que esté de oferta. Una información publicada por el medio argentino TN el 14 de septiembre ha vuelto a poner el foco en estos colores y en los códigos que algunos establecimientos utilizan internamente. Sin embargo, trasladar esa clasificación directamente a los supermercados españoles puede llevar a error, porque las normas europeas de etiquetado de carne consultadas no establecen ningún código oficial basado en el color del envase.
No existe un código oficial para los colores de las bandejas de carne
El negro puede emplearse comercialmente para transmitir una imagen más prémium y una cadena puede diferenciar gamas mediante colores, pero se trata de decisiones de presentación. La información original ya advierte de que el sistema no constituye una regla universal y que cada supermercado puede emplearlo de manera diferente.
Esto es especialmente importante en España. El Reglamento europeo 1169/2011 determina qué información alimentaria debe facilitarse al consumidor, mientras que existen reglas específicas para la procedencia de distintos tipos de carne. Ninguna de estas disposiciones atribuye al color negro, amarillo, rojo o blanco de una bandeja una categoría de calidad determinada. Por eso, una bandeja oscura puede formar parte de una estrategia comercial, pero no permite concluir por sí sola que el producto sea superior.
En algunos casos, lo decisivo para identificar correctamente un producto no es la apariencia del envase, sino los datos concretos impresos en él. Así ocurre, por ejemplo, ante una alerta sobre carne picada, donde hay que comprobar información como el lote y la fecha de caducidad.
La etiqueta de la carne ofrece datos mucho más importantes que el color
Para saber qué se está comprando hay que mirar la información escrita. El Reglamento (UE) 1169/2011 incluye entre las menciones obligatorias datos como la denominación del alimento, cantidad neta, fecha correspondiente, condiciones especiales de conservación y operador responsable. También contempla la procedencia cuando resulte obligatoria.
En la carne hay, además, normas específicas de trazabilidad. Para el vacuno, la normativa europea establece información sobre nacimiento, engorde y sacrificio, pudiendo utilizarse la expresión «Origen» cuando esas etapas han tenido lugar en el mismo país. Para porcino, ovino, caprino y aves de corral, el Reglamento 1337/2013 regula igualmente las indicaciones de procedencia que deben acompañar al producto.
Antes de meter una bandeja en el carro interesa revisar especialmente:
- La denominación exacta del producto, porque no es lo mismo carne fresca que un preparado de carne.
- La fecha de caducidad o duración mínima que corresponda y cuánto margen queda para consumirla.
- Las condiciones de conservación, especialmente si debe mantenerse refrigerada.
- El país de origen o procedencia cuando la legislación obliga a indicarlo.
- El lote y los datos identificativos del producto, fundamentales si posteriormente se publica una alerta alimentaria.
- El estado del envase, comprobando que no esté deteriorado o abierto.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda precisamente comprobar cómo está conservado el producto, respetar las instrucciones de conservación y prestar atención al marcado de fechas. AESAN recuerda que la fecha de caducidad se utiliza en productos microbiológicamente muy perecederos y que, una vez superada, el alimento no debe considerarse seguro.
Una bandeja negra puede parecer prémium sin que la carne sea mejor
El efecto visual tampoco es irrelevante. Los colores, el diseño del envase o la colocación en el lineal pueden ayudar a un supermercado a diferenciar familias de productos. La publicación que ha popularizado estos días esta cuestión explica, por ejemplo, que algunos establecimientos emplean negro para gamas de mayor valor, amarillo para referencias habituales u ofertas y rojo o blanco para líneas tradicionales. Pero la propia fuente advierte de que esas asociaciones dependen de cada establecimiento.
Por tanto, dos carnes parecidas podrían aparecer en envases de colores diferentes sin que ese dato revele cuál tiene mayor calidad. Si se quiere comparar, resulta mucho más útil comprobar la denominación, procedencia, peso, precio por kilogramo, fecha y características concretas del producto. Incluso las diferencias de carne entre supermercados requieren valorar factores distintos al simple aspecto de la bandeja.
La integridad del envase también merece atención. AESAN recomienda respetar las indicaciones del etiquetado y mantener la cadena de frío cuando el producto procede de una zona refrigerada. Además, la normativa obliga a facilitar de manera visible y legible la información alimentaria exigida.
Eso explica por qué, cuando Sanidad comunica una retirada, normalmente permite identificar el producto mediante marca, denominación, lote, fecha o formato. El color de la bandeja no funciona como elemento oficial de identificación. Este procedimiento también se utiliza en otras alertas de productos envasados.
