Cómo un residuo que tiramos a diario se convierte en un producto local con margen de 4 a 5 euros por kilo

Te tomas un café en el bar de siempre y, como casi todo el mundo, ni te planteas qué pasa con los posos que sobran. En Galdar (Gran Canaria), un joven belga llamado Max ha decidido que ese “resto” del café no termine en el vertedero, sino convertido en setas de calidad. Su proyecto se basa en cultivar hongos comestibles dentro de contenedores de barco reciclados, aprovechando los posos de café que bares y restaurantes tiran a diario. La idea le permite producir setas frescas durante todo el año, rompiendo la típica estacionalidad de este producto otoñal. Según cuenta, la actividad es rentable y puede llegar a obtener entre 4 y 5 euros por kilo vendido. Y, por si fuera poco, asegura que la satisfacción de ver cómo la gente disfruta de sus setas es mucho mayor que la de trabajar detrás de un portátil.

¿Quién es Max y cómo ha llevado la innovación al sector primario en Gran Canaria?

El caso de Max demuestra que el sector primario también puede ser terreno para la innovación y la sostenibilidad, y no solo un asunto de “toda la vida”. Este joven emprendedor belga vive en Galdar (Gran Canaria) y ha decidido apostar por un modelo de agricultura diferente, más circular y con un fuerte componente ecológico. Su trabajo se centra en un cultivo de setas de alta calidad que se apoya en residuos que ya existen en la isla, en lugar de generar más desperdicio. No está solo en esta aventura. Junto a su compañera Cristina, ambos veterinarios de formación, detectaron que en la isla no existía un cultivo local de setas.

A partir de ahí vieron claro que podían aprovechar un desecho abundante, los posos de café, para convertirlo en un producto muy local y con valor añadido. Su proyecto, que lleva aproximadamente un año en funcionamiento, se ha dado a conocer a través del canal de YouTube MP DANCAUSA, conducido por María Pilar Dancausa, donde explican cómo han montado este sistema de cultivo dentro de contenedores marítimos. Para entender de un vistazo qué han puesto en marcha Max y Cristina, conviene resumir los puntos clave de su proyecto:

AspectoDetalle
UbicaciónGaldar (Gran Canaria)
Actividad principalCultivo de setas comestibles de alta calidad
Materia prima basePosos de café desechados por bares y restaurantes
Otros desechos utilizadosHojas de platanera y paja
Infraestructura de cultivoContenedores de barco reciclados e aislados
Modelo de producciónEconomía circular (aprovechamiento de residuos como recurso)
Tiempo aproximado de actividadAlrededor de un año en funcionamiento
Mercado actualMercado local de Gran Canaria
Formación de los fundadoresVeterinarios
Rentabilidad estimadaEntre 4 y 5 euros de margen por kilo de setas
Colaboración destacadaCafé de setas en colaboración con la empresa canaria Café Ortega

Esta combinación de formación técnica, residuos locales y contenedores reciclados convierte el proyecto en algo más que un simple cultivo: es un pequeño sistema productivo pensado para encajar en la economía de la isla y para generar ingresos de forma estable durante todo el año.

¿Cómo funciona el cultivo de setas con posos de café dentro de contenedores de barco?

El corazón del proyecto está en un proceso de cultivo diseñado para ser sencillo, estable y, sobre todo, sostenible. Max organiza el trabajo en dos fases: primero la incubación del micelio y, después, la fructificación, que es cuando aparecen las setas. Todo se hace dentro de contenedores marítimos reciclados que ya vienen aislados de fábrica, algo que les permite mantener una temperatura estable con un consumo energético muy bajo gracias al clima de Canarias.

En la fase de incubación, mezclan la borra de café con otros desechos orgánicos, como hojas de platanera o paja, y añaden el micelio, que es el hongo que más tarde dará lugar a las setas. Esa mezcla se deja reposar dentro de cubos durante unas dos semanas, tiempo en el que el micelio empieza a colonizar todo el material orgánico. A día de hoy compran ese micelio a productores de las propias islas, aunque su objetivo es llegar a producirlo ellos mismos para controlar todo el ciclo. Resumiendo, el proceso de cultivo de las setas puede explicarse en unos pocos pasos muy claros:

  1. Recoger los posos de café que bares y restaurantes iban a tirar, junto con otros desechos orgánicos como hojas de platanera o paja.
  2. Mezclar la borra de café con ese material orgánico y con el micelio dentro de cubos preparados para el cultivo.
  3. Dejar los cubos dos semanas en un primer contenedor para la fase de incubación, donde el micelio coloniza la mezcla.
  4. Tras la incubación, trasladar los cubos a un segundo contenedor para la fase de fructificación, donde las setas brotan a través de los agujeros de los cubos y quedan listas para recolectar.

Posteriormente llega la fase más vistosa, la fructificación. Los cubos pasan a un segundo contenedor y, desde los agujeros practicados en ellos, empiezan a asomar las setas. En este espacio se controla la humedad y las condiciones ambientales para que el micelio dé su fruto de forma constante. De este modo, consiguen producir diferentes variedades durante todo el año, desestacionalizando un producto que tradicionalmente se asocia al otoño.

En cuanto a las variedades, cultivan la seta ostra, que es la más conocida en muchos hogares, y también setas más especiales como la melena de león, muy apreciada por sus propiedades medicinales. Su intención es sencilla pero ambiciosa: poder cultivar todas las setas que les permita el sistema, manteniendo la calidad y aprovechando al máximo la capacidad de los contenedores.

¿Es rentable convertir el café usado en setas frescas?

La pregunta del millón es lógica: ¿todo este invento con café, contenedores y micelio deja dinero o es solo una idea bonita? Max, que trabaja como autónomo, habla claramente de rentabilidad. Explica que, en la situación actual del proyecto, calculan un margen de entre 4 y 5 euros por kilo de setas producido. Puede que no suene a cifra millonaria, pero para un cultivo que se alimenta de residuos que otros tirarían, la cuenta empieza a salir bastante interesante.

El modelo se apoya en la economía circular, un término que, en la práctica, quiere decir que aprovechan lo que otros desechan. Los posos del café son un buen ejemplo: los bares y restaurantes los tiran y ellos los recogen de forma gratuita para convertirlos en materia prima. A esto se suman los contenedores de barco que compran a bajo coste cuando las empresas portuarias renuevan su flota de contenedores. Al ya venir aislados, esos contenedores son ideales para mantener la temperatura sin disparar la factura eléctrica, algo que cualquier autónomo agradece al mirar las cuentas a final de mes.

Su principal ventaja competitiva frente a las setas que llegan de la península es la frescura y la cercanía. Producen en Gran Canaria para el mercado local y evitan así largos trayectos y tiempos de almacenamiento. El proyecto lleva aproximadamente un año en marcha, y el objetivo de Max es claro: mejorar la eficiencia para optimizar los costes de producción y consolidar esa rentabilidad que ya están viendo por kilo de producto.

¿Qué productos de setas ofrecen ahora y cómo quieren crecer?

De momento, el centro del negocio está en la venta de setas frescas y locales en Gran Canaria. La calidad y la frescura son su carta de presentación: el camino del contenedor de barco al cliente es mucho más corto que el de unas setas traídas de la península. Además de la seta ostra, han incorporado variedades como la melena de león, lo que les permite llegar a un público que busca productos diferentes y con un punto más gourmet.

Ahora bien, Max y Cristina saben que la exportación de seta fresca es complicada por motivos logísticos. Por lo tanto, ya están trabajando en otras líneas de producto que puedan viajar sin problema a otras islas. Un ejemplo es el café de setas, elaborado en colaboración con la empresa canaria Café Ortega, que combina café ecológico con polvo de melena de león. Esta apuesta por productos transformados les permite mantener el foco en la isla, pero sin cerrarse puertas a nuevos mercados dentro del archipiélago.

Su estrategia se basa en crecer de forma gradual y sostenible, sin prisas pero sin pausa. En consecuencia, el proyecto da pequeños pasos: primero consolidar el mercado local de Gran Canaria, después abrir camino con productos que aguanten mejor el transporte y, a partir de ahí, seguir ajustando el modelo sin perder la esencia de aprovechar residuos y ofrecer un producto con valor añadido.

¿Qué puede aprender cualquier joven que quiera emprender en el sector primario?

La experiencia de Max deja varias ideas interesantes para cualquiera que se esté planteando emprender en el campo o en el sector primario. En primer lugar, demuestra que la innovación no es patrimonio exclusivo de las oficinas con aire acondicionado. Ellos detectaron que en la isla no había cultivo local de setas y vieron en ese vacío una oportunidad clara. Esto quiere decir que observar qué falta en el entorno cercano puede ser el primer paso para diseñar un proyecto viable.

Por otro lado, el uso de residuos como materia prima -posos de café, hojas de platanera, paja- enseña que la economía circular puede convertirse en una aliada del bolsillo. Aprovechar lo que otros tiran reduce costes y, al mismo tiempo, refuerza el discurso de sostenibilidad que cada vez valoran más los consumidores. De ahí que su modelo se apoye tanto en esa idea de transformar un desecho en un producto muy local.

Max también recuerda la otra cara de la moneda: emprender implica una gran carga de trabajo administrativo que muchas veces “la gente no ve”. Cualquiera que haya pasado por trámites como darse de alta como autónomo, lidiar con licencias o justificar ayudas públicas sabrá de qué habla. No obstante, él destaca que la recompensa compensa el papeleo. Cuando recoge las setas y ve que la gente las compra, las come y las valora como un producto con valor añadido, la satisfacción personal es enorme.

En consecuencia, su historia lanza un mensaje claro a los jóvenes que se plantean entrar en el sector primario: hay espacio para ideas nuevas, para proyectos sostenibles y para modelos que aprovechen al máximo los recursos locales. Y, según Max, la satisfacción de ver tu propio producto crecer, salir adelante y gustar a la gente es mucho mayor que pasar el día trabajando detrás de un portátil.

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