Satureja, nacida en 2021, adquirió su llamativo aspecto después. Los técnicos plantearon una despigmentación temporal, pero las fotografías no bastan para determinar su causa.
El lince blanco que Ángel Hidalgo grabó en Jaén en octubre de 2025 no había nacido con aquel pelaje. Satureja llegó al mundo en 2021 con la coloración habitual y se volvió blanca después. El seguimiento publicado por El País en abril de 2026 documentó otra transformación: estaba recuperando sus tonos naturales. Las imágenes permiten reconstruir lo ocurrido, pero no resuelven por sí solas qué provocó la pérdida de pigmentación.
Satureja ya era conocida antes de que se difundieran sus imágenes
La Junta de Andalucía ya seguía a esta hembra dentro del programa de recuperación del lince ibérico. Su presencia no se descubrió gracias al vídeo, aunque este permitió mostrar públicamente su aspecto. No era un animal desconocido, sino un ejemplar identificado que había cambiado de color. El seguimiento en libertad se complementa con otros programas de conservación y cría. Estos últimos buscan preservar la diversidad genética y reforzar las poblaciones salvajes.
Hidalgo había detectado su presencia mediante cámaras de fototrampeo, instaladas para registrar animales en su hábitat. Después dedicó semanas de búsqueda hasta encontrarla una mañana, tras una noche lluviosa. Según relató a EFE en octubre de 2025, reaccionó rápidamente para grabarla porque apenas permaneció inmóvil tres o cuatro segundos. La imagen mostraba una coloración muy distinta de la habitual, aunque conservaba manchas oscuras. El fotógrafo decidió mantener en reserva el punto exacto del encuentro por seguridad.
Las fotografías de abril mostraron otra transformación durante la muda
El 16 de abril de 2026, Hidalgo comunicó que Satureja había perdido casi todo el pelaje blanco, según recogió El HuffPost posteriormente. En una entrevista con ese medio explicó que había observado indicios del cambio entre finales de febrero y principios de marzo. Al principio pensó que podía estar sucia por las lluvias. En abril comprobó que estaba mudando y que aparecían de nuevo los tonos marrones al desprenderse del pelo invernal.
El programa andaluz ya conocía otro caso de una hembra que había adquirido color blanco y después recuperó su aspecto anterior. Ese antecedente había llevado a plantear una despigmentación temporal y reversible, no una característica permanente del animal. Sin embargo, la comparación no demuestra que ambos casos tengan la misma causa. Que la recuperación coincida con la muda tampoco explica qué desencadenó la pérdida de pigmentación. Observar cómo evoluciona el pelaje y averiguar por qué cambió son cuestiones diferentes.
Descartar el albinismo no equivale a conocer la causa del cambio
Javier Salcedo, coordinador del programa de recuperación del lince ibérico en Andalucía, descartó el albinismo y el leucismo en declaraciones a El País. Satureja había perdido sus tonos pardos y anaranjados, pero mantenía las manchas oscuras. La hipótesis de una influencia ambiental seguía abierta. Esto no permite señalar un contaminante concreto ni afirmar que exista una causa demostrada. Tampoco debe confundirse el rechazo de esas dos explicaciones con haber descartado cualquier posible participación genética.
El investigador del CSIC Lluís Montoliu explicó que estudiar el genoma y los tejidos de la piel ayudaría a investigar el proceso. Esas pruebas permitirían distinguir si las células responsables del pigmento habían dejado de producirlo o si se habían perdido. Analizar la piel requeriría capturar al animal para obtener una muestra. Las observaciones describían una hembra capaz de cazar, alimentarse y sacar adelante crías pese a su aspecto. La Consejería había advertido de que necesitaba analizar muestras para establecer el origen del cambio.
Una historia singular dentro de la recuperación del lince ibérico
El caso de Satureja coincide con la expansión de la especie, pero no sirve por sí solo para evaluar su recuperación. El censo de 2025 presentado el 5 de junio de 2026 contabilizó 2.663 linces, frente a los 2.401 de 2024. Son 262 ejemplares más, un crecimiento del 10,9%. La comparación corresponde a esos dos años censales, no al número de animales existentes en el momento de observar o fotografiar a esta hembra.
La recuperación también incluye actuaciones como la reintroducción del lince en Aragón. El proyecto LIFE Lynxconnect trabaja para conectar poblaciones, mejorar el hábitat, asegurar alimento y reducir las muertes no naturales. Esa labor continúa siendo necesaria más allá de una imagen llamativa o de un aumento del censo. En Satureja, el seguimiento permitió documentar una transformación que una fotografía aislada no podía explicar. La causa de aquel pelaje blanco no queda resuelta en las fuentes consultadas.
