Los millones de microplásticos que flotan sobre nuestras cabezas podrían tener un efecto inesperado sobre el clima

Un modelo revisa el efecto climático de los microplásticos y obtiene un balance de calentamiento. La estimación no indica cuántos grados ha aumentado la temperatura.

Los microplásticos que flotan en el aire podrían contribuir al calentamiento del planeta, además de contaminarlo. Un estudio publicado el 10 de septiembre de 2026 en npj Emerging Contaminants calcula un efecto neto positivo de 42,1 milivatios por metro cuadrado. La cifra procede de una simulación para condiciones sin nubes y depende de las características y la concentración de las partículas. No representa una subida de temperatura medida con termómetros, sino una estimación de cómo alteran el balance de energía.

El estudio mide energía, no una subida de temperatura

El trabajo analiza cuánto cambia la energía que entra y sale del sistema climático cuando se incorporan estas partículas. Ese cambio se denomina forzamiento radiativo. Un resultado positivo favorece el calentamiento; uno negativo, el enfriamiento. Los 42,1 milivatios equivalen a 0,0421 vatios por metro cuadrado. Esa conversión no permite deducir grados de temperatura. Tampoco atribuye a los microplásticos episodios concretos, como las olas de calor marinas, ni explica por sí sola el calentamiento observado.

El apartado metodológico añade una precisión: las 3,99 partículas por metro cúbico corresponden únicamente al intervalo de 50 a 100 micrómetros. El modelo incluye tamaños de entre 1 y 100 micrómetros. Por tanto, aquella cifra no representa el total de partículas consideradas. Tampoco describe lo que respiramos en cualquier calle o vivienda. Es una referencia global empleada para ajustar el cálculo, no una medición aplicable por igual a todos los lugares.

Por qué unas partículas pueden enfriar y otras favorecer el calentamiento

Los antecedentes ayudan a entender qué cambia. Un estudio publicado en 2021 obtuvo un resultado próximo a cero bajo determinados supuestos. Calculó 0,044 milivatios por metro cuadrado, con un margen de 0,399, al situar partículas hasta diez kilómetros de altura. Al restringirlas a los dos primeros kilómetros, el balance pasó a ser negativo. Por ello, no sería correcto afirmar que todos los cálculos anteriores demostraban un enfriamiento inevitable. Los resultados ya dependían de cómo se representaban las partículas.

Las partículas pueden dispersar radiación solar y favorecer el enfriamiento, pero también absorber energía y contribuir al calentamiento. El balance depende de su composición, tamaño y distribución atmosférica. El color tampoco es un detalle menor. Otra investigación sobre plásticos coloreados, publicada el 4 de mayo de 2026, ya relacionó la pigmentación con una mayor absorción de luz. El nuevo trabajo revisa conjuntamente la radiación solar y la emitida por la Tierra, evitando considerar solo una parte del intercambio energético.

El margen de 4,62 no recoge toda la incertidumbre

Junto al resultado central aparece un margen de ±4,62 milivatios por metro cuadrado. Procede de la variabilidad entre 20 años simulados y no recoge toda la incertidumbre sobre las partículas reales. No garantiza, por tanto, que el efecto verdadero quede necesariamente dentro de ese intervalo. Una estimación estadística puede ser relativamente estrecha mientras siguen abiertas dudas importantes sobre cuántas partículas existen, cómo son y hasta qué altura llegan. Son dos fuentes de incertidumbre diferentes.

Al cambiar los supuestos, los resultados y sus intervalos abarcan desde −3,28 hasta +46,7 milivatios por metro cuadrado. El primer extremo indica enfriamiento; el segundo, calentamiento. No son temperaturas mínimas y máximas, ni una previsión meteorológica. Esa amplitud muestra cuánto influye la información que se introduce en el modelo. Las mediciones atmosféricas siguen siendo escasas y desiguales. Una muestra urbana, oceánica o de una región remota no basta para representar todo el planeta sin considerar sus diferencias.

Qué falta para conocer el efecto real de los microplásticos en el clima

El estudio no identifica una medida doméstica capaz de reducir una cantidad concreta de calentamiento. Tampoco calcula el efecto climático individual de dejar de utilizar un producto de plástico. Reducir residuos y cuantificar su influencia sobre el clima son cuestiones relacionadas, pero distintas. Algo similar ocurre con los microrobots que capturan microplásticos en agua y suelo. Investigar cómo retirar esa contaminación no demuestra automáticamente cuánto cambiaría la temperatura mundial al conseguirlo. Son preguntas que requieren trabajos diferentes.

Para afinar las estimaciones hacen falta inventarios comparables de concentraciones, tamaños, composición y distribución vertical. También es necesario conocer cómo cambian las partículas al envejecer y cuánto permanecen suspendidas. Los resultados deberán contrastarse con nuevas observaciones y otros modelos. El cálculo tampoco incorpora las interacciones entre microplásticos y nubes.

La investigación publicada en Nature Portfolio aporta indicios de un posible efecto de calentamiento, pero no una medición definitiva de su magnitud real. Su utilidad consiste en identificar un factor que merece estudiarse mejor.

Deja un comentario