Enrique Perlado baja la persiana del establecimiento de Es Fortí después de diez años al frente. Con 65 años, asegura que todavía no puede jubilarse y espera seguir trabajando en hostelería.
El Bar Castilla de Mallorca, conocido especialmente por sus torreznos, cierra después de una década bajo la dirección de Enrique Perlado. El hostelero, de 65 años, deja el establecimiento de Es Fortí tras un contencioso relacionado con el local alquilado. Perlado reconoce que todavía tendrá que seguir trabajando porque, según explica, no podrá jubilarse hasta los «67 y pico». El cierre pone fin a una etapa marcada por la cocina tradicional y una clientela habitual del barrio.
Diez años al frente de un bar conocido por sus torreznos
El Bar Castilla abrió esta última etapa en noviembre de 2016, aunque el establecimiento acumula una trayectoria mucho más extensa. Según explica Perlado, el local lleva cerca de medio siglo funcionando. Durante los últimos diez años, él ha estado tanto detrás de la barra como en la cocina.
Su especialidad eran los torreznos, aunque la carta también incluía huevos rotos, morcilla, callos o manitas. «Aquí hacíamos una cocina que se está perdiendo, la gente venía buscando comida de toda la vida, casera», relata el hostelero. El producto que terminó convirtiéndose en su principal seña de identidad fue el torrezno de Soria.
Perlado destaca especialmente el reconocimiento conseguido entre los clientes. «Incluso hay sorianos que los compran y me decían que no les salían tan bien como aquí», afirma. El hostelero explica que conseguir el punto adecuado del torrezno requiere técnica y experiencia.
El cierre no responde a una decisión vinculada únicamente al cansancio acumulado. El establecimiento está situado en un local alquilado que ha sido reclamado por la propiedad. Tras un contencioso legal, Perlado asegura que no ha podido permanecer durante el tiempo que hubiera deseado.
Enrique Perlado tiene 65 años pero todavía no puede jubilarse
El cierre del negocio abre ahora una etapa diferente para su propietario. Perlado tiene 65 años y reconoce que agradecerá reducir el ritmo después de jornadas especialmente largas. Sin embargo, asegura que todavía no puede retirarse.
«Aunque hasta los 67 y pico no me puedo jubilar», explica. Por ese motivo, su intención pasa por descansar durante un tiempo y posteriormente buscar otra ocupación. Su experiencia profesional le hace confiar en que podrá seguir encontrando oportunidades dentro de la hostelería.
«Trabajo no creo que me falte», sostiene. Perlado señala que sigue observando demanda de trabajadores en el sector y considera que su edad no supone un impedimento para continuar en activo. «Soy mayor, sí, pero rindo tres o cuatro veces más que algunos jóvenes», asegura al hablar de su experiencia.
La carga de trabajo de los últimos años había comenzado, no obstante, a pasarle factura físicamente. El propietario explica que podía permanecer unas quince horas diarias en el establecimiento y que últimamente desarrollaba gran parte de la actividad solo.
«Estaba solo y no daba abasto, me cansaba mucho físicamente», reconoce. Por ese motivo, considera que una futura jornada laboral de ocho horas supondría un cambio notable respecto al ritmo que mantenía en el Bar Castilla.
Los clientes lamentan el cierre de otro establecimiento de Es Fortí
El impacto del cierre también se deja notar entre quienes acudían habitualmente al establecimiento. Perlado asegura que algunos clientes recibieron la noticia con especial tristeza. Entre ellos se encuentran trabajadores de negocios cercanos que utilizaban el bar como punto habitual para desayunar o tomar café.
«Me pregunta la gente dónde irá a tomar café, los empleados del supermercado de aquí, que son clientes fijos…», explica. Según relata, la reacción de algunos habituales fue tan intensa que incluso bromearon con organizar una protesta. «Hasta querían hacer una manifestación», recuerda.
El hostelero relaciona también el futuro del establecimiento con los cambios que observa en Es Fortí. «Los barrios se están muriendo, aquí ya sólo queda la gente mayor, el resto está de paso y no tiene sentimiento por el lugar en el que vive», sostiene.
Para Perlado, cerrar significa abandonar algo más que un negocio. «Son muchos años, recuerdos y amigos que dejas aquí, pero creo que ha valido la pena todo», afirma al recordar la relación creada durante esta década con vecinos y clientes.
El propietario reclama más apoyo para autónomos y pequeños empresarios
Antes de abandonar definitivamente el establecimiento, Enrique Perlado también deja una reflexión sobre las dificultades que afrontan quienes trabajan por cuenta propia. Su experiencia durante estos años le lleva a reclamar mayor atención hacia los negocios pequeños.
«Todo son problemas y gastos para los autónomos. Que miren un poco más por nosotros, por los pequeños empresarios», afirma. Sus palabras llegan después de una década gestionando directamente un negocio en el que las largas jornadas formaban parte de su rutina diaria.
El hostelero abandona el Bar Castilla satisfecho especialmente por el reconocimiento alcanzado gracias a sus torreznos. Ahora espera tomarse un descanso antes de regresar al mercado laboral durante los años que todavía le quedan antes de poder jubilarse.
El cierre deja a Es Fortí sin otro de sus establecimientos tradicionales y pone fin a la etapa de Perlado al frente de un bar cuya cocina estaba basada en platos sencillos y recetas tradicionales de Mallorca.
