El comandante Gimeno revela cómo descargan los Canadair 6.000 litros de agua con precisión sobre un incendio

El piloto del 43 Grupo cuenta cómo calculan cada lanzamiento con el viento, la pendiente y la coordinación desde tierra. La entrevista llega tras combatir los incendios de Madrid y Ávila.

El capitán Francisco Javier Gimeno Benito-Sendín, piloto del 43 Grupo, ha explicado cómo los Canadair afrontan una descarga sin sistema automático de puntería. Cada lanzamiento depende de la experiencia, del viento, de la pendiente del terreno y de las indicaciones del dispositivo de extinción. El Ejército del Aire y del Espacio difundió la entrevista el 29 de julio de 2026. Gimeno acababa de regresar de una misión en Madrid y Ávila y calificó aquellos incendios de una “magnitud descomunal”.

La descarga se calcula con el viento, la pendiente y la experiencia

“No llevamos ningún sistema de puntería”, reconoce Gimeno al describir el momento más preciso de la misión. Eso no significa que el agua se lance al azar. El avión es veterano y no dispone de una ayuda automática que marque el punto exacto de impacto. Durante la aproximación, los pilotos observan la dirección del viento, el avance de las llamas y la pendiente por la que asciende el fuego. Con esos datos corrigen la trayectoria, la altura y el instante de apertura de los depósitos.

El ajuste final llega por radio y en coordinación con el personal desplegado en tierra. Un coordinador aéreo ordena las entradas y salidas de helicópteros y aviones de ala fija dentro de un espacio reducido. Gimeno compara esa organización con la de un aeropuerto, aunque aplicada sobre un escenario más pequeño y cambiante. La descarga busca rebajar la intensidad del frente y facilitar la intervención de brigadas y bomberos forestales. También permite encadenar nuevas rotaciones sin que varias aeronaves coincidan en la misma zona.

Cada misión comienza con meteorología, avisos aeronáuticos y puntos de carga

La misión se prepara antes de arrancar los motores. Los pilotos y el mecánico de vuelo estudian la zona, la ruta y los embalses disponibles para cargar agua. También revisan los NOTAM, que recogen avisos relevantes para los aeródromos y el recorrido previsto. Los aparatos permanecen operativos desde primera hora, de modo que la tripulación puede salir cuando recibe la activación. Esa planificación permite llegar al incendio con alternativas si un punto de carga deja de ser seguro.

La meteorología local pesa más cuando el avión se aproxima al agua o al frente de llamas. El viento, la posición del sol y la presencia de aves pueden obligar a modificar una maniobra. Sobre el incendio se añaden humo, escasa visibilidad y turbulencias intensas. Los Canadair están diseñados para ese entorno, pero la tripulación debe tomar decisiones continuas y mantener siempre un margen de seguridad. La respuesta aérea se integra con la prevención de grandes incendios y con el trabajo sostenido de los equipos terrestres.

El Canadair carga hasta 6.000 litros en una maniobra de máximo riesgo

La carga es uno de los momentos más delicados del vuelo. Un avión de unos 30 metros de envergadura entra en un embalse y se desliza sobre la superficie mientras llena sus depósitos. Antes de hacerlo, la tripulación evalúa el agua, el viento, los obstáculos y la avifauna. Según el modelo, estos aviones transportan entre 5.500 y 6.000 litros, que pueden soltarse en una descarga única o parcial. El 43 Grupo opera 14 aeronaves y está integrado por 145 militares, con servicio de alarma durante todo el año.

Tras la toma, el Canadair regresa al incendio y entra en la secuencia marcada por el coordinador. En Madrid y Ávila, los aviones españoles trabajaron junto a cuatro CL-415 enviados por Italia y Grecia. Eran dos aeronaves de cada país, movilizadas mediante el Mecanismo Europeo de Protección Civil. Sus características similares facilitaron la integración en los mismos ciclos de carga y descarga. La proximidad de embalses como San Juan o El Burguillo acortó las rotaciones y permitió repetir lanzamientos con mayor rapidez.

Treinta y siete días de operaciones y más de 18 millones de litros

La entrevista aludía a 35 días consecutivos de actividad, porque fue grabada antes del último balance. La actualización del 43 Grupo eleva el periodo a 37 días, entre el 22 de junio y el 28 de julio. Durante ese intervalo, la unidad realizó 269 actuaciones aéreas, superó las 3.000 descargas y lanzó más de 18 millones de litros. En una sola jornada completó 215 descargas, equivalentes a más de 1,2 millones de litros. El dato muestra la intensidad alcanzada cuando varios grandes incendios permanecen activos al mismo tiempo.

Ese ritmo depende también del personal que permanece en tierra. Mecánicos, especialistas, equipos de operaciones y personal de apoyo inspeccionan, reparan y preparan cada avión para la siguiente salida. Gimeno destaca que son la parte menos visible, aunque sostienen toda la capacidad de respuesta. El piloto admite además el impacto emocional de contemplar kilómetros de terreno quemado mientras defienden campos, viviendas y espacios naturales.

La entrevista completa y el balance oficial permiten consultar la fuente primaria y la actualización de la campaña.

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