Una pareja lleva más de medio siglo viviendo sola en una isla croata sin tiendas, carreteras ni restaurantes

Ana y Werner Kohl son los únicos residentes permanentes de Male Srakane, donde no hay comercios, carreteras ni suministro de agua.

Ana y Werner Kohl son los dos únicos residentes permanentes de Male Srakane, una pequeña isla croata situada al oeste de Lošinj, entre Susak y Unije. HRT publicó su historia el 8 de septiembre de 2022 y Dalmacija Danas la recuperó el 17 de octubre de 2025. El relato conserva interés como historia de vida y despoblación insular: el matrimonio llevaba entonces más de medio siglo allí, tras instalarse por el asma de su hijo.

El asma de su hijo les llevó a instalarse junto al mar

La decisión comenzó después de que un médico planteara a la familia elegir entre la montaña y el mar para ayudar a su hijo, que padecía asma. Como al joven le gustaba bucear, escogieron Male Srakane, donde Ana y Werner terminaron construyendo su hogar permanente.

HRT ya explicó en 2018 que la pareja estaba en la isla desde 1965. Cuando llegaron, todavía había cultivos de verduras, producción de vino y una comunidad que mantenía una forma de vida tradicional. Su experiencia conecta con otras historias de vida autosuficiente en Asturias, aunque su mudanza no surgió de una búsqueda voluntaria de aislamiento, sino de una necesidad familiar.

Male Srakane no tiene coches, tiendas, cafeterías ni restaurantes. Tampoco dispone de suministro de agua, según el reportaje de HRT. Los turistas y propietarios de segundas residencias pueden llegar durante determinadas épocas, pero Ana y Werner eran quienes permanecían allí tanto en verano como en invierno.

Las campanas sustituyen al tráfico y avisan de las emergencias

Uno de los pocos sonidos capaces de romper la tranquilidad es el de las campanas de la iglesia. Estas suenan durante la festividad de Nuestra Señora del Monte Carmelo y también en situaciones excepcionales, cuando es necesario enviar una señal de aviso a los habitantes de la vecina Vele Srakane.

En esa segunda isla vivían tres personas cuando se publicó el reportaje: Igor y Blanka Rukavina, junto al pescador submarino Dubravko Balenović. Igor era quien llevaba alrededor de 20 años residiendo allí y aseguraba que regresar a la ciudad, con el tráfico, las bocinas y las multitudes, les resultaba más complicado que permanecer en la isla.

El atractivo de alejarse del ruido también aparece en propuestas para vivir en plena montaña. Sin embargo, las Srakane muestran que esa tranquilidad está acompañada por problemas de transporte, abastecimiento y acceso a servicios.

La sequía y el transporte condicionan la vida en las islas

Los residentes de Vele Srakane disponían de electricidad, agua e internet, pero reclamaban una mejor conexión física con el exterior. Male Srakane estaba comunicada por barco con Mali Lošinj, aunque los pasajeros debían avisar a la tripulación para que la embarcación hiciera parada en la isla.

La sequía también perjudicaba los cultivos. La escasez de agua impedía mantener frutas como la sandía y obligaba a concentrarse en tomates, pimientos y judías. La situación contrasta con el pasado de Vele Srakane, donde durante la década de 1950 llegaron a vivir alrededor de un centenar de personas dedicadas a la pesca, la agricultura y la ganadería.

Los testimonios presentan estas islas como espacios de paz y libertad, pero también como lugares donde cada desplazamiento y cada necesidad cotidiana requieren planificación. Esa combinación explica por qué muchos visitantes llegan durante el verano, pero muy pocos deciden quedarse todo el año.

Deja un comentario