Jorge y Pablo Piedra defienden que el diseño de la piscina debe pensarse desde el inicio del proyecto y apuestan por fondos beige, crema o grises para integrarla mejor con el paisaje.
Las piscinas con el típico azulejo azul han sido durante años la opción más repetida en viviendas con jardín. Sin embargo, para Jorge y Pablo Piedra, arquitecto e ingeniero de @depiedras_, esta fórmula empieza a resultar demasiado previsible. “Las piscinas actuales aburren. No me gustan porque últimamente todas son iguales”, señalan en sus redes sociales, donde proponen prestar más atención a un elemento que suele tener un gran peso visual en cualquier espacio exterior.
Por qué las piscinas azules tradicionales empiezan a cansar a los arquitectos
La crítica de Jorge y Pablo Piedra no se dirige contra todas las piscinas rectangulares ni contra el color azul en sí, sino contra la tendencia a repetir el mismo diseño sin valorar el entorno de la vivienda. Según explican, la piscina suele dejarse para el final del proyecto, cuando ya se han decidido la fachada, los pavimentos, la vegetación o los muebles de exterior.
Ese planteamiento hace que muchas casas terminen con una solución estándar: vaso rectangular, fondo azul y escasa relación con el paisaje. “La piscina es el elemento más visible del espacio exterior, el que más se usa y el que más se ve. Sin embargo, suele ser lo último en lo que se piensa cuando se diseña una casa”, apunta el arquitecto.
Para estos profesionales, una piscina debería formar parte de la arquitectura desde las primeras fases. Su tamaño, orientación, acceso, profundidad y relación con la terraza pueden cambiar por completo la forma en la que se utiliza el jardín durante los meses de más calor.
Fondos beige o crema para conseguir piscinas más integradas en el jardín
Una de las alternativas que proponen es decir adiós al fondo azul tradicional y apostar por tonos beige, arena o crema. Este tipo de revestimientos cambia la percepción del agua y consigue un resultado más suave, especialmente en viviendas rodeadas de vegetación, piedra natural o tonos terrosos.
“Hay muchas posibilidades: piscinas sin el típico azulejo azul, con fondos beige o crema… El agua pierde ese azul intenso y adquiere una apariencia más limpia y transparente”, explican. Se trata de un efecto visual provocado por el color del revestimiento, no de una diferencia relacionada con la higiene o el mantenimiento del agua.
El fondo beige o crema puede funcionar muy bien en casas de campo, jardines mediterráneos o viviendas donde se busca que la piscina no compita con el entorno. En lugar de una mancha azul intensa, el vaso se percibe como una lámina de agua más natural y menos invasiva.
El fondo gris y las formas diferentes ganan presencia en el diseño de piscinas
Otra opción que destaca el arquitecto es el revestimiento gris, su alternativa favorita. “Cambia completamente la percepción de la piscina. El agua se vuelve más oscura y eso hace que parezca más natural”, afirma. Este acabado encaja especialmente bien en proyectos con piedra, madera, vegetación abundante o materiales de aspecto más sobrio.
El resultado final, eso sí, no depende solo del color elegido. También influyen la profundidad, las sombras, la orientación solar y la cantidad de luz que recibe la piscina durante el día. Por eso, el material debe estudiarse junto al resto del proyecto exterior.
Además del color, Jorge y Pablo Piedra recomiendan explorar otras formas. No todas las piscinas tienen que ser rectangulares. Una geometría curva puede adaptarse mejor a un jardín orgánico, mientras que una piscina estrecha y alargada puede acompañar la arquitectura de una vivienda lineal. También pueden incorporarse escalones amplios, bancos sumergidos o zonas de poca profundidad.
Para estos profesionales, la piscina no debería ser una pieza añadida al final de la obra, sino un elemento más del diseño de la casa. Cuando se integra con los recorridos, las vistas, la terraza y los materiales de la vivienda, el espacio exterior gana coherencia y personalidad.
