Paco Amaya, el agricultor de 75 años que prefiere la jubilación activa antes que retirarse del campo
Este agricultor extremeño compatibiliza el 50% de su pensión con su explotación agraria y paga la mitad de la cotización a la Seguridad Social para seguir en activo.
Con 75 años, Paco Amaya forma parte de esos más de 300.000 españoles que, aunque han alcanzado la edad de jubilación, continúan trabajando. Lo hace por convicción y no por obligación: “Podría jubilarme, pero no quiero. Me encuentro bien y aquí estoy a gusto”.
Jubilación activa para agricultores mayores que quieren seguir trabajando legalmente
Cuando cumplió los 65 años se planteó qué hacer con su pensión y “Me enteré de que había una jubilación activa y dije: pues con esta estoy estupendamente, porque estoy legal y tranquilo”. Con esta fórmula cobra el 50% de la pensión de jubilación y completa el otro 50% con los ingresos de su explotación agrícola, además de pagar solo la mitad de la cotización a la Seguridad Social. Para él, lo decisivo es la tranquilidad de cumplir la normativa y poder trabajar con todo en regla, sin estar pendiente de inspectores. La jubilación activa le da ventajas muy concretas:
- Compatibilizar trabajo en el campo con el 50% de la pensión y media cotización a la Seguridad Social
Paco asume el intercambio y lo explica con claridad: “Cobro menos, claro, pero también tengo los beneficios que me da la explotación”. Prefiere una pensión más baja a cambio de seguir en su oficio y mantener vivos sus olivares.
Cómo compatibilizar la pensión de jubilación activa con el campo y el futuro del relevo generacional
Lleva prácticamente toda su vida en el campo. Empezó con 16 años junto a su padre y hoy, casi seis décadas después, continúa limpiando olivos. Lo tiene claro: “El día que lo tenga que dejar será un aburrimiento. Todos los días en casa es un palizón”.
Ahora organiza la jornada a su aire. Trabaja unas cuatro o cinco horas por la mañana y adapta el ritmo al tiempo: si hace malo, no va; si hace sol, aprovecha. Disfruta de esa libertad y lo resume así: “Como no me manda nadie, salgo cuando quiero y me vengo cuando quiero”. ¿Te imaginas con 75 años siguiendo el ritmo del campo como él?
La historia de Paco ilustra también la falta de relevo generacional en el campo. Sus hijos, ingeniero en Londres y profesora, no seguirán con la explotación; “Ese es el desastre”, lamenta. Sabe que, cuando falten fuerzas, “Lo venderé o lo arrendaré. Habrá que adaptarse a las circunstancias”.
Su plan es continuar entre olivos el máximo tiempo posible y lo resume así: “Diez años más así, hasta los 85, no me importaría”. Es consciente de que la vejez llegará y será dura, pero su receta para afrontarla es sencilla: “Compaginar el trabajo con la diversión y pasarlo lo mejor posible”.
