Un ganadero pone números a la supervivencia rural con 80 vacas y 35.000 euros de facturación: la PAC entra en juego

Con una facturación anual de hasta 35.000 euros en terneros, su explotación del Valle de Hecho apenas cubre gastos y depende de las subvenciones europeas. Su caso refleja la tensión que recorre la ganadería extensiva y el malestar creciente del campo español.

La ganadería extensiva es un pilar económico y cultural en muchas zonas rurales de España, pero la gran pregunta sigue ahí: ¿es realmente rentable vivir solo de las vacas? Jorge, ganadero del Valle de Hecho en el Pirineo aragonés, lo ha contado en una entrevista para el canal de YouTube MP DANCAUSA, presentado por María Pilar Dancausa. Su experiencia pone números y emociones a una actividad que avanza al límite.

La ganadería extensiva de Jorge en el Pirineo aragonés depende de ayudas

Jorge lo resume con una frase que habla por sí sola: «Con 80 vacas puedes facturar en terneros hasta 35.000 euros, con ese dinero da para que coman los meses estabuladas; las ayudas nos permiten soportar los gastos». La cifra puede sonar alta sobre el papel, pero en la práctica apenas deja margen.

Ese ingreso anual se destina casi por completo a afrontar uno de los mayores costes de la explotación: alimentar al ganado durante los meses en los que las vacas están estabuladas. «Con ese dinero las das de comer los meses que están estabuladas». La rentabilidad, por tanto, es mínima y no permite cubrir con holgura todos los gastos que genera la actividad. ¿Quién puede mantener una familia con un margen tan estrecho?

Ahí es donde entran en juego las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), que se convierten en el verdadero salvavidas de la explotación. «Las ayudas nos permiten soportar los gastos», reconoce Jorge, que explica cómo el reciente aumento del precio de los terneros, impulsado por la demanda de los países del Magreb, ha dado algo de oxígeno al sector. Aun así, antes de esa subida el objetivo era casi rezar para «que aguante el año, por favor, que pase el año». Para entender mejor la situación económica que describe, se puede resumir así:

ConceptoDetalle según Jorge
Número de vacas80 vacas de ganadería extensiva
Facturación anual en ternerosHasta 35.000 euros
Uso principal de ese ingreso«Con ese dinero las das de comer los meses que están estabuladas»
Papel de las ayudas de la PAC«Las ayudas nos permiten soportar los gastos»

Visto de esta forma, queda claro que no se trata de un negocio boyante, sino de una carrera de fondo para llegar a final de año. Dicho mal y pronto, con lo que entra se tapa justo el agujero de los gastos.

Las protestas del campo y la PAC cuestionan la rentabilidad ganadera

La realidad de Jorge no es un caso aislado. Forma parte de un malestar generalizado que ha llevado al campo español a salir a la calle. Las protestas, como la tractorada que colapsó Madrid con 500 tractores, señalan directamente a una PAC que muchos agricultores y ganaderos consideran asfixiante, cargada de «demasiado papeleo» y «requisitos verdes» que reducen todavía más la rentabilidad.

¿Qué hay detrás de ese enfado colectivo que recorre las explotaciones de todo el país? Entre otros factores, destacan:

  • El aumento de costes y la sensación de que la PAC, con «demasiado papeleo» y «requisitos verdes», complica el trabajo diario en lugar de facilitarlo.
  • La amenaza de acuerdos comerciales como el de Mercosur, percibidos como competencia desleal para el ganado europeo.
  • El temor a la entrada de carne de países como Brasil o Argentina, contra los que muchos ganaderos consideran «imposible competir».

A este clima de tensión se suma la preocupación por acuerdos comerciales como el de Mercosur, que se ven como una puerta abierta a productos más baratos procedentes de fuera. Desde Málaga, el ganadero Antonio denunciaba que «Lo que llevan años diciendo que no podíamos hacer ahora lo quieren meter, ya no por la puerta de atrás, sino la de delante».

Jorge comparte ese temor y advierte de que la llegada de carne de Brasil o Argentina «nos acabe de hundir». Desde Ourense, el ganadero Pepe va más allá y subraya que es «imposible competir» cuando «solamente Brasil tiene más ganado de carne que toda Europa junta». En conjunto, estos testimonios dibujan un sector que se siente en clara desventaja.

Burocracia, medio ambiente y vocación marcan el futuro de la ganadería

Más allá de los números, Jorge identifica un enemigo claro para la viabilidad de su forma de vida: la administración. «La burocracia, ese es el mayor peligro que puede comer más que un oso», afirma. Relata cómo las exigencias administrativas se han multiplicado hasta lo «salvaje», al punto de tener que tramitar guías telemáticas solo para mover el ganado dentro del mismo término municipal. Su propio padre lo resume con resignación: «Si yo tuviese que hacer todo lo que haces ahora tú de papeleo… eso ya ni me lo menciones».

Al mismo tiempo, Jorge defiende el papel de la ganadería extensiva como herramienta de gestión medioambiental. Sus vacas ayudan a prevenir incendios al limpiar el monte del matorral que antes se eliminaba mediante quemas controladas, ahora prohibidas. «Si se puede pasar por trozos de monte, es gracias a que está el ganado», sostiene, frente a las contaminantes macrogranjas. En su opinión, su modelo se mantiene fiel a una forma tradicional de producir: «Esto no contamina, es lo que se ha hecho toda la vida, desde el Neolítico».

A pesar de las dificultades y de que sus padres intentaron disuadirle, Jorge decidió quedarse en el pueblo y seguir con la explotación familiar. Su vínculo con el campo viene de lejos: «Me ha gustado tanto ya desde pequeño […] y me sigue gustando». No se imagina viviendo en una ciudad, un lugar donde asegura que «me moriría». Para sus hijos solo desea que «hagan lo que quieran, con tal de que sean felices y trabajadores», dejando abierta la puerta a que elijan, o no, un camino que, aunque duro, para él sigue siendo sinónimo de libertad.

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