La halitosis o el mal olor corporal pueden justificar un despido disciplinario cuando son persistentes y alteran la convivencia en la empresa o la prestación del servicio, especialmente en puestos de cara al público. En estos casos, la justicia entiende que se vulneran las normas básicas de convivencia laboral.
Cuando la falta de higiene personal se mantiene en el tiempo, afecta al entorno y no responde a una enfermedad justificada, la empresa puede llegar a extinguir el contrato sin indemnización. Eso sí, de forma general, se exige que antes se hayan emitido advertencias o sanciones previas al trabajador afectado.
El caso de despido disciplinario por halitosis y falta de higiene en el trabajo
El punto de partida es claro: un trabajador con halitosis o mal olor corporal recurrente puede ser sancionado si su situación perjudica la dignidad propia y la de quienes le rodean, deteriora el ambiente laboral o daña la imagen de la empresa. Esta situación se considera una falta de higiene que trasciende el ámbito privado y se proyecta directamente sobre el puesto de trabajo.
En el caso de personas que trabajan de cara al público, el impacto es todavía mayor. La presencia de halitosis persistente puede afectar a la percepción que tienen los clientes del servicio y, por tanto, al buen nombre de la compañía. En este sentido, la falta de higiene deja de ser un problema personal para convertirse en un incumplimiento de las normas de convivencia y de la adecuada prestación del servicio.
La justicia avala que, cuando la situación es sostenida en el tiempo y se acredita su incidencia en el entorno laboral, la empresa pueda acudir al despido disciplinario, siempre dentro de los límites legales y respetando el procedimiento.
Fundamento legal del despido por halitosis y mal olor corporal persistente
El despido por halitosis se encuadra como un despido disciplinario, es decir, procedente. Esto implica que, si se cumplen los requisitos, el trabajador no tiene derecho a indemnización. El fundamento está en que la falta de higiene afecta tanto a la dignidad y al respeto entre compañeros como al clima en el centro de trabajo.
Además, en puestos de atención al público, la incidencia es doble: la halitosis o el mal olor corporal no solo incomodan a la plantilla, sino que también perjudican la imagen externa de la empresa. Por este motivo, se considera que existe un incumplimiento grave de las obligaciones laborales cuando el problema es recurrente y se mantienen las conductas a pesar de los avisos.
La jurisprudencia viene exigiendo que, antes de llegar a la medida más severa, la empresa aperciba al trabajador sobre la necesidad de mejorar su higiene personal. Es habitual que se recurra primero a advertencias o sanciones previas, de forma que quede constancia de que se ha intentado corregir la situación sin éxito.
Advertencias previas, enfermedades que causan halitosis y límites al despido disciplinario
El contexto resulta clave. La posibilidad de despedir por halitosis se aplica, sobre todo, cuando la situación es persistente y no responde a una enfermedad justificada que impida mantener una higiene adecuada. Si la causa del mal olor es médica y el trabajador no puede controlarla fácilmente, el escenario cambia.
En estos supuestos, se recomienda comunicar la situación de salud y buscar soluciones razonables. Dado lo anterior, un despido podría ser cuestionado si la halitosis deriva de una condición médica incontrolable y la empresa no ha valorado alternativas o adaptaciones.
Por este motivo, la frontera entre la falta de higiene voluntaria y la enfermedad debe analizarse con cuidado. La clave está en comprobar si el trabajador puede actuar para corregir el problema y si ha hecho caso a los apercibimientos recibidos.
Impacto laboral de los despidos por halitosis en la convivencia en la empresa
La posibilidad de despedir disciplinariamente por halitosis o mal olor corporal envía un mensaje claro: la higiene personal forma parte de las obligaciones laborales cuando afecta al ambiente de trabajo o a la imagen de la empresa. No se sanciona la vida privada del trabajador, sino las consecuencias que una falta de higiene recurrente tiene en el desempeño diario y en la convivencia con el resto de la plantilla.
En definitiva, esta vía disciplinaria subraya la importancia de mantener unas condiciones mínimas de higiene en el trabajo y de atender a las advertencias de la empresa. También recuerda la necesidad de valorar, caso por caso, si existe un problema de salud que explique la situación y que pueda requerir medidas distintas al despido.
