Hay tardes en las que un juego cualquiera se convierte en una historia para contar toda la vida. Eso es lo que le pasó a James en Hockley en 2009, cuando un detector de metales le avisó de que bajo sus pies había algo más que tierra. A unos 20 centímetros de profundidad apareció un colgante de oro Tudor que, visto desde fuera, parecía sacado de otro tiempo.
Los especialistas lo identificaron como un relicario del siglo XVI, probablemente encargado por alguien de la aristocracia local para exhibir devoción religiosa en el reinado de Enrique VIII. En titulares se habló de 80.000 euros e incluso de un valor cercano a los 2,5 millones de libras, pero el protocolo oficial terminó fijando la cifra en £70,000. Desde 2012, la pieza está en la colección permanente del Museo Británico.
¿Dónde y cómo apareció el colgante de Hockley en 2009?
El hallazgo fue tan simple como inesperado: el objeto emergió del suelo a unos 20 centímetros de profundidad, y lo hizo gracias al uso fortuito de un detector de metales. Nada de excavaciones planificadas ni campañas largas: un niño jugando y una señal que, esta vez, no era una chapa cualquiera.
Ese momento acabó convirtiéndose en un hito de la arqueología británica moderna por lo que vino después: el colgante no solo era antiguo, sino que estaba lo bastante bien conservado como para permitir un estudio detallado de su fabricación, sus símbolos y su función.
¿Qué es este relicario del siglo XVI y qué detalles técnicos se conocen?
Las investigaciones especializadas identificaron la pieza como un relicario del siglo XVI, es decir, un colgante pensado para guardar en su interior una reliquia (un pequeño resto u objeto religioso) y llevarlo encima como muestra de devoción. En este caso, la hipótesis es que lo encargó un miembro de la aristocracia local durante el reinado de Enrique VIII.
Para no perderse entre datos y tecnicismos, aquí va la “ficha” con lo que se sabe del objeto, con números y fechas, que es como mejor se entiende todo:
| Dato | Información confirmada en la investigación |
|---|---|
| Lugar y año del hallazgo | Hockley, 2009 |
| Profundidad aproximada | 20 centímetros |
| Datación y contexto | Siglo XVI, reinado de Enrique VIII |
| Material (análisis) | Aleación metálica de alta calidad con 73% de oro (análisis espectrográfico en el Museo Británico) |
| Forma y peso | Geometría romboidal, 9,4 gramos |
| Estructura | Panel deslizante que abre una cavidad interna para una reliquia |
| Tasación final oficial | £70,000 (Comité de Valoración del Tesoro) |
| Apertura por conservación | Proceso controlado de 2 horas |
| Qué había dentro | Sedimentos terrosos y residuos orgánicos, sin rastro de la reliquia |
| Situación actual | En el Museo Británico desde 2012 (colección permanente) |
Más allá de la cifra, el detalle clave es que el Museo Británico confirmó la composición con análisis espectrográfico (una técnica para “leer” qué metales hay en una aleación, o sea, en la mezcla de metales del objeto). Y, además, su estructura no era decorativa sin más: tenía un sistema de apertura pensado para guardar algo dentro.
¿Qué símbolos e imágenes aparecen en el colgante Tudor?
La parte frontal del colgante muestra una figura que, según la identificación, probablemente representa a la Virgen María o a Santa Elena con la cruz. Hay un punzón (una marca hecha con herramienta) diseñado para simular gotas de sangre, un recurso visual directo y poco sutil, de los que no dejan indiferente.
El reverso, en cambio, cambia el tono: aparece un corazón grabado y cuatro llagas simbólicas, referidas a las llagas de Cristo. Y en los perfiles laterales están grabadas las figuras de los Tres Reyes Magos, un conjunto de elementos que refuerza la lectura religiosa de la pieza y ayuda a entender por qué se considera tan valiosa también desde el punto de vista histórico.
¿Por qué se habló de 2,5 millones y al final se quedó en £70,000?
En las primeras proyecciones económicas se llegó a hipotetizar un valor cercano a los 2,5 millones de libras. Es el típico momento en el que la cifra se dispara, porque suena bien y porque, claro, un colgante de oro del siglo XVI no aparece todos los días bajo tus zapatillas.
Pero luego entra en escena la Ley del Tesoro (la norma que obliga a seguir un protocolo oficial cuando se considera que un hallazgo puede ser “tesoro”) y el asunto deja de ir de suposiciones. Tras la investigación del forense de Essex (la autoridad que revisa formalmente el caso dentro de ese proceso), el Comité de Valoración del Tesoro fue quien estableció el valor final en £70,000, bastante menos de lo que se había dicho al principio, pero con una consecuencia clara: el valor científico del medallón no se discute, porque ayuda a documentar la transición iconográfica entre lo sagrado y lo profano a finales de la Edad Media.
¿Qué encontraron al abrirlo y dónde está el colgante desde 2012?
La apertura no fue un “a ver qué hay dentro” improvisado, sino una apertura controlada realizada por conservadores del museo para preservar su integridad estructural (en cristiano: abrirlo sin cargárselo). El proceso duró dos horas, un detalle que dice bastante sobre lo delicado que era el objeto.
¿Y el gran secreto del interior? Nada de reliquia escondida: solo sedimentos terrosos y residuos orgánicos, sin rastro de lo que originalmente pudo contener. Aun así, el colgante no quedó en una vitrina cualquiera: desde 2012 forma parte de la colección permanente del Museo Británico.
Qué hacer si te encuentras un objeto antiguo: pasos prácticos para no meter la pata
El caso de James deja una idea bastante clara: cuando aparece algo así, lo importante no es solo lo que brilla, sino el protocolo que viene detrás (y sí, suele haber burocracia, pero aquí es la que decide la tasación y la conservación). Si un día te pasa algo parecido, estos pasos te ayudan a actuar con cabeza, siguiendo la lógica de lo que ocurrió con este colgante:
- Trata el objeto como una pieza frágil y no lo manipules más de lo necesario.
- No intentes abrirlo ni “arreglarlo”: en este caso, la apertura la hicieron conservadores y tardaron 2 horas para no dañar la estructura.
- Asume que puede haber un procedimiento oficial de investigación y valoración, como el aplicado bajo la Ley del Tesoro.
- Ten presente que el valor mediático puede inflarse (se habló de 2,5 millones), pero la cifra final puede venir de un comité oficial (aquí quedó en £70,000).
- Si se confirma su relevancia, el destino puede ser una institución patrimonial, como ocurrió desde 2012 con el Museo Británico.
En resumen: lo más sensato es priorizar la conservación y el proceso oficial, porque es lo que permite que el hallazgo se estudie, se valore con criterios establecidos y, si toca, acabe donde pueda protegerse y explicarse bien. Y, de paso, te evitas convertir un descubrimiento histórico en un problema por querer ir demasiado rápido.