Los ciclos de sueño no duran siempre 90 minutos. Distinguir entre no despertarse con la alarma y levantarse aturdido ayuda a identificar qué revisar.
La guía de PingPal publicada el 15 de octubre de 2026 aborda por qué algunas personas siguen dormidas cuando suena el despertador. El problema de no despertarse con la alarma requiere distinguir fallos del dispositivo, descanso insuficiente y somnolencia después de despertar. Las fuentes sanitarias consultadas recomiendan entre siete y nueve horas de sueño para los adultos. También permiten matizar dos consejos frecuentes: calcular ciclos exactos de 90 minutos y atribuir siempre efectos negativos al botón de posponer.
No despertarse con la alarma y levantarse aturdido son situaciones diferentes
El primer paso consiste en comprobar si el despertador suena como estaba previsto. Programar una prueba permite detectar un volumen insuficiente o un ajuste incorrecto antes de atribuir el problema al descanso. Esta comprobación resulta especialmente oportuna ante el cambio de hora de octubre, previsto para el domingo 25 de octubre de 2026. Según el BOE, los relojes se retrasarán una hora. Si el dispositivo requiere ajuste manual, habrá que corregirlo para que la alarma coincida con el horario deseado.
Despertarse y seguir aturdido es otra situación. El Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional estadounidense, NIOSH, denomina inercia del sueño a esa reducción temporal del rendimiento. Puede afectar a la memoria, el razonamiento y la velocidad de reacción después de abrir los ojos. La falta de descanso puede prolongarla, según este organismo. Por eso recomienda dejar tiempo antes de realizar tareas críticas. Su definición no permite concluir que cualquier alarma desatendida se explique por ese fenómeno.
Los ciclos de sueño no duran siempre 90 minutos
La guía inicial menciona ciclos de unos 90 minutos, pero esa referencia no funciona como un cronómetro individual. El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre estadounidense, NHLBI, explica que suelen reiniciarse cada 80 a 100 minutos. También señala que el sueño profundo se concentra más al principio de la noche. De esa variabilidad se desprende una limitación: contar bloques exactos de hora y media no garantiza que el despertador coincida con una fase ligera.
La duración total ofrece una comprobación más sencilla. Si alguien se acuesta a medianoche y se levanta a las 6.30, dispone de seis horas y media en la cama. Eso queda media hora por debajo de las siete horas que marcan el extremo inferior de la recomendación para adultos. Durante cinco noches, la diferencia suma dos horas y media. Es un cálculo del tiempo disponible, no una medición del sueño real, que puede ser menor si hay despertares.
Posponer el despertador no tiene el mismo efecto en todas las personas
Tampoco existe una respuesta universal sobre el botón de posponer. Un estudio publicado el 17 de octubre de 2023 analizó en laboratorio a 31 personas que utilizaban habitualmente esa función. Posponer durante 30 minutos mejoró o no modificó su rendimiento en pruebas cognitivas realizadas inmediatamente después de levantarse. Los participantes perdieron alrededor de seis minutos de sueño. El trabajo, firmado por Tina Sundelin y otros investigadores, describe un resultado limitado a esa muestra y esas condiciones, no una recomendación general.
Otra investigación publicada en Scientific Reports en mayo de 2025 analizó más de tres millones de sesiones de más de 21.000 usuarios de Sleep Cycle. Más de la mitad de las sesiones terminaron con el uso de la función de posponer. Sin embargo, ese seguimiento no determinó si la conducta beneficiaba o perjudicaba la salud, según reconoce la empresa participante. Ambas investigaciones estudian pulsar un botón después de una alarma. No demuestran por qué alguien permanece dormido sin responder a ella.
Qué cambiar antes de añadir más alarmas y cuándo consultar
Las recomendaciones del NHLBI priorizan reservar tiempo suficiente para dormir y mantener horarios regulares, también durante el fin de semana. Para quienes duermen de noche, aconseja un dormitorio tranquilo, fresco y oscuro, además de evitar alcohol antes de acostarse. Los despertadores que simulan el amanecer ofrecen una señal luminosa adicional, pero no sustituyen esas horas de descanso. Quien trabaja de noche necesita adaptar las pautas: el organismo recomienda reducir la luz y el ruido durante el sueño diurno.
Si las dificultades persisten pese a disponer de tiempo suficiente para dormir, es recomendable consultar con un profesional sanitario. Los ronquidos fuertes, las pausas respiratorias y la somnolencia diurna figuran entre los síntomas que el NHLBI relaciona con la apnea del sueño. No escuchar una alarma, por sí solo, no permite diagnosticarla. Registrar horarios, despertares, bebidas y medicamentos facilita explicar lo que ocurre en consulta. El organismo ofrece un diario de sueño para organizar esa información y revisarla con el médico.
