Los mayores de 55 años siguen siendo el pilar financiero mientras los jóvenes enfrentan más dificultades

Si tienes veintipocos y la sensación es que el dinero se evapora antes de acabar el mes, no eres el único. Un informe de Fundación Mapfre y Fedea, centrado en ingresos y gastos de los hogares por edad y género, pone cifras a esa intuición que muchos comentan en casa o con amigos.

Según el estudio, «el 68% de los ahorros de los hogares y el 43% del total de los recursos económicos» se concentra en los mayores de 55 años. Y, mientras tanto, los jóvenes presentan «una alta dependencia económica de sus familiares y del Estado», aunque desde el Gobierno se insista en que han mejorado su poder adquisitivo. En conjunto, los recursos totales de los hogares españoles ascienden a 1,53 billones de euros, una cifra equivalente al 111% del PIB. Y de todo ese volumen, solo el 7% termina en ahorro, así que la hucha es pequeña… y no está igual de cerca para todos.

¿Qué revela el informe sobre el reparto de recursos entre generaciones?

El foco del informe está en cómo se reparten los recursos económicos por edades, y el resultado es claro: la concentración se va hacia los tramos de mayor edad. En ese contexto, el texto subraya que los jóvenes están siendo las mayores víctimas económicas de la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez, pese a que se intente dibujar un escenario positivo apoyándose en el crecimiento del PIB. Esa concentración, además, se vincula a obstáculos muy concretos para los más jóvenes, como el acceso a una vivienda y la aparición de problemas económicos serios en las edades con menos años.

Dentro del propio análisis, Juan Fernández Palacios, director del centro de investigación Afeingnomics de Fundación Mapfre, lo resume con una idea que explica parte de la película familiar: «los mayores de 55 años (…) sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales y constituyen un pilar fundamental de estabilidad financiera y patrimonial». Dicho en sencillo, esas “transferencias intergeneracionales” son el dinero y la ayuda económica que se mueve entre generaciones dentro de las familias, y que se convierte en un soporte clave cuando los ingresos propios no alcanzan.

¿De dónde salen los recursos de los hogares y en qué se gastan?

El informe cifra los recursos totales de los hogares españoles en 1,53 billones de euros, equivalentes al 111% del PIB. Además, calcula que, de media, cada persona gestionó 32.391 euros al año procedentes del trabajo, el capital, las prestaciones públicas y el uso de servicios públicos. En el origen de esos recursos, casi dos tercios proceden de las rentas del trabajo, con 959.001 millones, y el resto llega a través de prestaciones públicas, ya sean monetarias o en especie (es decir, en forma de servicios, no solo de dinero).

Para entender por qué a veces la cuenta parece un colador, el estudio también reparte el destino de esos recursos en cuatro bloques muy reconocibles:

Destino de los recursos de los hogaresPorcentaje del total
Consumo privado44%
Consumo público23%
Impuestos y cotizaciones26%
Ahorro7%

Visto así, el reparto explica muchas conversaciones de cocina: entre consumo (privado y público) y el 26% que se va a impuestos y cotizaciones, el margen que queda para ahorrar es ese 7% final. Y si el ahorro total ya es limitado, cobra todavía más importancia quién lo concentra y quién tiene que apoyarse en otros para llegar.

¿Qué es el saldo fiscal y por qué cambia tanto con la edad?

El informe también cuantifica el saldo fiscal medio por edad y género, que es la diferencia entre lo que una persona aporta en impuestos y cotizaciones y lo que recibe a través de prestaciones y servicios públicos. La clave es que ese equilibrio no se mantiene estable a lo largo de la vida: cambia según la etapa vital, el tipo de ingresos y el peso de las ayudas o servicios que se utilizan.

En la infancia y juventud (hasta los 29 años), los ingresos laborales son reducidos y el consumo se financia principalmente mediante transferencias privadas entre familiares y gasto público, especialmente en educación y sanidad. Este grupo concentra el 21,6% de los recursos del total de la población, con 330.983 millones de euros, por lo que el propio informe lo describe como una etapa de dependencia económica financiada por las familias y por el Estado.

¿Qué pasa entre los 30 y los 54 años y por qué sostienen el sistema?

Entre los 30 y los 54 años se concentra la mayor parte de los trabajadores, y es el tramo con mayor capacidad de generar ingresos y aportar al sistema. Según el análisis, este grupo moviliza 606.852 millones de euros en recursos, concentra la mayor parte de las rentas del trabajo y paga más de la mitad del total recaudado en impuestos y cotizaciones sociales.

En consecuencia, aparece descrito como el principal contribuyente neto y el pilar financiero del sistema de bienestar: es decir, el tramo que, por lo que aporta, termina financiando buena parte del gasto público destinado tanto a jóvenes como a mayores. Y eso ayuda a entender por qué el “equilibrio” generacional no se vive igual desde cada lado de la mesa.

¿Qué papel juegan los mayores de 55 y por qué concentran el 68% del ahorro?

A partir de los 55 años, el patrón cambia de forma significativa. El informe señala que este grupo ya sumaba en 2022 un total de 16,1 millones de personas, lo que representa el 34% de la población, y que genera el 32,8% del PIB. En recursos, concentra 592.719 millones de euros, incluyendo rentas de mercado y prestaciones.

En detalle, reciben 183.070 millones de euros en prestaciones públicas monetarias, fundamentalmente pensiones, y aportan 138.173 millones en impuestos y cotizaciones, lo que representa el 34,5% del total. Además, concentran el 68% del ahorro total de los hogares, con 73.578 millones, un dato que encaja con la idea de que parte del apoyo económico a los más jóvenes termina dependiendo del ahorro acumulado por quienes ya están en tramos de mayor edad.

Qué puede hacer un joven para entender estos números y moverse con más margen

Con estos datos encima de la mesa, la pregunta práctica es inevitable: ¿y ahora qué? No puedes decidir cómo se reparte el 111% del PIB en recursos de un día para otro, pero sí puedes entender mejor en qué etapa estás y qué significa, en tu caso, eso de la dependencia familiar o del Estado. Y, sobre todo, puedes ordenar tu situación con el mismo enfoque que usa el informe: ingresos, ayudas (monetarias o en servicios) y destino del dinero.

Si te sirve como guía rápida, aquí tienes unos pasos concretos para aterrizarlo en tu día a día sin volverte loco con tecnicismos:

  1. Pon por escrito tus ingresos reales (trabajo y cualquier otra fuente) y compáralos con tus gastos mensuales habituales.
  2. Identifica si parte de tu consumo se cubre con apoyo familiar, y cuánto representa (esas son las transferencias privadas entre familiares de las que habla el estudio).
  3. Anota qué prestaciones o servicios públicos usas de forma habitual (por ejemplo, educación o sanidad) para entender qué parte de tu “equilibrio” no es solo dinero en efectivo.
  4. Revisa cuánto se te va en impuestos y cotizaciones en relación con lo que cobras, para visualizar tu propio saldo fiscal (lo que aportas frente a lo que recibes).
  5. Marca un objetivo de ahorro realista, aunque sea pequeño, teniendo presente que el informe sitúa el ahorro total en un 7% del conjunto.

Al final, el informe dibuja un mapa generacional con cifras muy concretas: hasta los 29 años el peso de la dependencia es alto, entre los 30 y 54 se concentra la aportación más fuerte al sistema, y a partir de los 55 se acumulan recursos y ahorro con mucho más peso. Entender ese mapa no arregla la cuenta bancaria por arte de magia, pero sí ayuda a leer mejor lo que pasa a tu alrededor y a tomar decisiones con menos humo y más números.

Deja un comentario