La costa andaluza entra en modo alerta tras las lluvias y el oleaje de febrero: hay tramos de playa que ya no existen

Cuando pasa el temporal y el tema deja de salir en todas partes, uno tiende a pensar que ya está, que “se acabó lo malo”. Pero en Andalucía no funciona así. Las lluvias de febrero han perdido actualidad, sí, pero han dejado algo más difícil de quitar: paseos marítimos destrozados, infraestructuras dañadas y tramos donde la playa, directamente, ha desaparecido. Y con Semana Santa a la vuelta de la esquina, el famoso “sol y playa” se ha encontrado con una realidad bastante menos bonita. Lo incómodo es que esto no es solo una cuestión de paisaje: aquí hay dinero, empleo y vida cotidiana en juego.

¿Qué ha pasado con los temporales de invierno?

La primera parte es simple y repetida: trenes de borrascas, lluvias persistentes y sistemas hídricos al borde de su capacidad. Pero el golpe de verdad para la costa llegó con la mala mar, el viento y un oleaje enorme. Mientras mucha gente miraba embalses al 100% o desbordamientos, varias provincias empezaron a sufrir una pérdida de arena constante y daños en infraestructuras costeras que se convirtieron en el pan de cada día. Huelva, según el propio relato, se llevó la peor parte.

¿Por qué esto es un problema económico, y no solo “de playa”?

Porque Andalucía también vive de sus costas. En 2025, el turismo batió su récord de visitantes e ingresos: 37,9 millones de visitantes y más de 30 mil millones de euros. Y ahora el calendario aprieta: Semana Santa primero, después el verano, y el problema ya es evidente. Para verlo claro, basta con poner los datos en orden:

AñoVisitantes (millones)Ingresos turísticos (euros)
202537,9más de 30 mil millones

Con estas cifras, no extraña que el Parlamento Andaluz haya pedido al Gobierno central, que tiene las competencias en Costas, obras de emergencia de “estabilización, protección y restauración”. El matiz importante es que, aunque lleguen, se asume que serán un arreglo provisional.

¿Las playas “se rompen” o simplemente cambian?

Los expertos recuerdan que el perfil de las playas cambia constantemente por el transporte transversal de sedimentos, provocado por la dinámica marina, especialmente el oleaje. Es decir: la arena se mueve y la playa se transforma, y eso “no ha cambiado nunca en toda la historia”. Lo que ha cambiado es que en las últimas décadas nos importa muchísimo más, porque desde los años 60, con el turismo de masas, las playas se llenaron de inversiones, infraestructuras como bares, restaurantes (chiringuitos) y capital.

¿Y qué se ha hecho hasta ahora? Fuerza bruta

Cuando la playa cambió, se respondió con soluciones de impacto: espigones, relleno anual de arena e infraestructuras para “asegurar” la línea de costa. El problema es que, cuanto más se invierte en primera línea, más críticos son los daños y más caro sale protegerlo todo. Y así se entra en una carrera hacia ninguna parte.

Antes de pensar solo en salvar la próxima temporada, la noticia deja tres preguntas encima de la mesa: si seremos capaces de retirarnos de la primera línea de forma ordenada y justa, si podremos reconvertir el turismo sin perder empleos, familias y población, y si entenderemos que tras estas lluvias hay un problema enorme que va más allá de un temporal.

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