Una carretera lleva 34 años sobre 20.000 neumáticos utilizados como aislamiento

El estudio técnico confirmó mejoras frente a las heladas, aunque el resultado publicado fue más matizado que el 50 % difundido tras el primer invierno.

Una carretera rural de Richmond, en el estado estadounidense de Maine, incorporó en 1992 una capa de caucho procedente de unos 20.000 neumáticos desechados. No se enterraron ruedas enteras: fueron trituradas en fragmentos y colocadas bajo la grava para reducir la penetración de la helada y la deformación del firme durante el deshielo. Tras analizar dos inviernos, los investigadores midieron reducciones de entre el 15 % y el 37 % en las configuraciones con una capa de caucho de 305 milímetros, y del 22 % al 28 % en los tramos con 152 milímetros.

La historia es real, pero no ocurrió en 2026. La construcción se ejecutó entre el 24 de agosto y el 2 de septiembre de 1992. Una información publicada ahora por The Times of India reconoce que toma los detalles de la crónica original de Los Angeles Times, fechada el 8 de junio de 1993. El informe técnico de Dana N. Humphrey y Robert A. Eaton se presentó en 1995 ante la Transportation Research Board.

La fecha aporta un giro verificable: este 2 de septiembre de 2026 se cumplen exactamente 34 años desde que terminó la instalación. Las fuentes examinadas no acreditan una nueva carretera iniciada este año ni un despliegue reciente asociado a aquel ensayo.

El material eran fragmentos de neumático colocados bajo varias capas de grava

El escenario fue Dingley Road, una carretera sin salida y con superficie de grava que daba servicio a 29 viviendas y dos granjas. Los residentes habían comunicado que el firme sufría surcos graves durante el deshielo primaveral.

El proyecto incluyó cinco tramos de prueba y varias secciones de control. Los ingenieros ensayaron capas de caucho de 152 y 305 milímetros, cubiertas por espesores de material granular de 305, 457 o 610 milímetros. Los fragmentos tenían un tamaño nominal máximo de 51 milímetros y procedían de neumáticos reforzados con acero y fibra de vidrio. El estudio calcula que el material empleado equivalía a aproximadamente 20.000 ruedas.

La instrumentación incorporó termopares, medidores de resistividad y pozos para vigilar el agua subterránea. La crónica contemporánea de Los Angeles Times añadió que se instalaron más de 100 sensores de temperatura. Humphrey, ingeniero civil de la Universidad de Maine, y Eaton, del laboratorio de investigación de regiones frías del Ejército de Estados Unidos, firmaron el trabajo técnico.

El estudio publicado no confirmó una reducción uniforme del 50 %

La cifra de «aproximadamente la mitad» procede de la información periodística de 1993, cuando solo se conocía el primer invierno. El trabajo técnico posterior comparó dos temporadas y diferentes espesores, por lo que ofreció resultados más precisos.

Una capa de 152 milímetros de caucho cubierta por 305 milímetros de grava redujo entre un 22 % y un 28 % la profundidad alcanzada por la helada. En los tramos con 305 milímetros de caucho y 457 o 610 milímetros de grava, la reducción fue del 15 % al 17 % durante el invierno de 1992-1993 y del 33 % al 37 % en 1993-1994.

También disminuyó el levantamiento del firme causado por la congelación. Las dos secciones con la capa más gruesa de caucho registraron entre 10 y 40 milímetros, frente a los 55 a 91 milímetros de una sección de control cercana. En dos tramos, la deformación fue entre dos y cinco veces menor. Los datos respaldan la utilidad aislante del material en aquel emplazamiento, pero no permiten afirmar que cualquier carretera vaya a mejorar un 50 %.

La prueba asfaltada anunciada como futura también pertenece a los años noventa

Las versiones actuales conservan otro indicio de su antigüedad: hablan de una prueba «prevista» bajo una carretera asfaltada de North Yarmouth. Ese proyecto dejó de ser futuro hace décadas. Un estudio documenta un ensayo construido bajo una carretera secundaria y analiza muestras recogidas entre enero de 1994 y junio de 1999.

La investigación no encontró que los fragmentos situados por encima del nivel freático alterasen las concentraciones naturales de bario, cadmio, cromo, plomo o selenio. Tampoco observó aumentos atribuibles al caucho en aluminio, zinc, cloruros o sulfatos. Sí registró algunos valores de hierro y concentraciones de manganeso por encima de estándares secundarios de carácter estético, lo que obliga a evitar generalizaciones.

Usar caucho en carreteras exige diseño técnico y no equivale a enterrar residuos sin control

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos explica que el agregado derivado de neumáticos, conocido como TDA por sus siglas en inglés, puede limitar la penetración de la helada y facilitar el drenaje durante el deshielo. Su efecto ambiental depende de las condiciones locales del suelo, el agua y el pH.

La EPA señala que este material puede resultar competitivo cuando se necesita un relleno ligero o un árido drenante, pero no es un sustituto económicamente ventajoso de la tierra convencional en todos los proyectos. Los rellenos deben ajustarse a especificaciones de tamaño, limpieza, espesor y cobertura. Los incidentes de calentamiento interno registrados en 1995 y 1996 dieron lugar a pautas específicas de diseño.

El valor de este caso no está en presentar una obra de 1992 como novedad de 2026. Está en comprobar qué se hizo, separar los resultados preliminares de los datos publicados y mostrar cómo una solución de economía circular fue sometida a mediciones durante varios inviernos. El ensayo funcionó en las condiciones estudiadas, pero no constituye una receta automática para todas las carreteras.

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