El restaurante bajó la persiana el 30 de julio por la jubilación de los cuatro hermanos que mantenían el negocio. La familia decidirá en septiembre el futuro del local.
Buenuena, antes Casa Bueno, cerró definitivamente sus puertas en Arrasate el jueves 30 de julio de 2026, después de 71 años de actividad. Agustín Arregi «Bueno» y Presen Lizundia fundaron el negocio el 4 de febrero de 1955. La jubilación de Txaro, Arantxi, Ángel y Jesús, los cuatro hermanos que seguían al frente, pone fin a esta etapa familiar. La localidad guipuzcoana pierde así uno de sus restaurantes más reconocibles y un punto de encuentro vinculado a varias generaciones.
Casa Bueno abrió en 1955 junto a la antigua Unión Cerrajera
La historia comenzó en la avenida de Navarra, donde el matrimonio tomó el relevo del bar Txapel. Era una zona muy activa por la proximidad de Unión Cerrajera. Juan Arregi recordó que los trabajadores de aquella empresa representaban al menos la mitad de la clientela durante los primeros años. También acudían carteros de la oficina cercana, vecinos del entorno y comensales que buscaban un menú casero. El establecimiento llegó a servir numerosos menús incluso durante los fines de semana.
Con el tiempo, el negocio dejó la avenida de Navarra y continuó su recorrido en la plaza Jokin Zaitegi. Desde 1996 adoptó el nombre Buenuena, aunque muchos vecinos siguieron llamándolo Casa Bueno o El Bueno. Su oferta mantuvo la comida casera, el menú del día y la carta. La información turística de Debagoiena todavía situaba el restaurante en el número 8 de la plaza. Ese modelo familiar aparece también en otro cierre por jubilación, aunque cada establecimiento conserva una historia propia.
La jubilación de cuatro hermanos pone fin al negocio familiar
Los siete hijos de los fundadores trabajaron en el restaurante durante distintas etapas. Josetxo, Juan, Txaro, Ángel, Jesús, Arantxi y Agustintxo sostuvieron una actividad marcada por el carácter familiar. También colaboraron algunos cuñados y algún miembro de la siguiente generación. Sin embargo, la familia evitó incorporar trabajadores ajenos al entorno cercano. En los últimos años, Txaro, Arantxi, Ángel y Jesús quedaron al frente. La llegada de su jubilación ha terminado cerrando una trayectoria iniciada por sus padres.
Arantxi se incorporó al negocio con 13 años y acumuló 48 años de trabajo. Según relató, los cuatro hermanos restantes afrontaban jornadas desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche. Los hermanos reconocen sentimientos encontrados tras la despedida. Les preocupa especialmente la situación de los clientes que comían allí casi cada día. Incluso bromearon con trasladar esas comidas a una sociedad gastronómica, con Txaro de nuevo ante los fogones.
La familia decidirá en septiembre qué ocurre con el restaurante
La persiana ha bajado, pero el futuro del local todavía no está decidido. La familia desea vender el restaurante, preferiblemente a una persona que mantenga un servicio parecido. Por ahora no existe ningún acuerdo cerrado y los propios hermanos reconocen que encontrar continuidad será difícil. Durante agosto quieren descansar y desconectar después de la última jornada. La decisión sobre una posible venta, un traspaso o cualquier otra salida se estudiará cuando vuelvan a reunirse en septiembre.
Para la despedida se programó una actuación de Txorbela Otxotea a las 20.00 horas, acompañada de algo para picar. El encuentro buscaba reunir a familiares, amistades y clientes en torno al establecimiento. A diferencia de otro restaurante con continuidad, Buenuena no mantiene abierta una segunda sede. La familia tampoco ha comunicado un nuevo proyecto hostelero. La opción expresada por sus responsables consiste en que otra persona asuma el local y conserve una atención parecida.
Buenuena deja una huella gastronómica y social en Arrasate
La cocina diaria explica buena parte del vínculo creado con varias generaciones de clientes. En 1968, el menú costaba 75 pesetas. Quienes comían allí de lunes a viernes abonaban 375 pesetas por cinco servicios. Décadas después, el restaurante seguía diciendo el menú de viva voz, sin recurrir a códigos QR. Esa forma de atender resumía una propuesta basada en el trato directo, la continuidad y las recetas tradicionales. Los clientes habituales serán quienes noten primero el vacío dejado por el cierre.
Buenuena también fue sede de la peña dedicada al portero Imanol Etxeberria. Los seguidores del Athletic se reunían allí para ver los partidos y mantener una vida social propia. Tras el cierre, el grupo tendrá que reunirse en otro espacio. Josemari Velez de Mendizabal considera que Arrasate pierde un referente de la vida cotidiana. El adiós afecta así a la gastronomía local y a una parte de la memoria colectiva del municipio.
El relato puede consultarse en la publicación original de Velez de Mendizabal.
