Trabaja seis meses al año al mando de un Jaguar 72, pero descarta alquilar una vivienda porque el coste podría absorber hasta la mitad de sus ingresos.
José trabaja durante seis meses al año como capitán de un yate Jaguar 72 valorado en seis millones de euros en Ibiza. Sin embargo, al terminar su jornada duerme en una furgoneta de 4.000 euros que mantiene aparcada cerca del puerto. Su decisión busca evitar alquileres de entre 2.500 y 3.000 euros mensuales. El caso fue recogido el 30 de julio de 2026 por El HuffPost, a partir de un reportaje de Diego Revuelta. El coste podría llevarse hasta la mitad de sus ingresos. La historia muestra que la presión residencial no se limita a los empleos con salarios bajos.
Un alquiler durante toda la temporada podría costarle hasta 18.000 euros
La embarcación que dirige José puede alquilarse por unos 5.000 euros al día, sin incluir el combustible. Ese precio contrasta con el lugar donde descansa después de trabajar. En vez de ocupar una vivienda cercana al puerto, ha adaptado una furgoneta de unos 4.000 euros. La utiliza como alojamiento durante los seis meses que permanece trabajando en la isla.
José afirma que “los ingresos son buenos”. Sin embargo, añade que “no merece la pena venir a la isla” si la mitad del sueldo se destina al alquiler. Si pagara una vivienda durante toda la temporada, desembolsaría entre 15.000 y 18.000 euros. Esa cantidad equivale a entre 3,75 y 4,5 veces el valor atribuido a la furgoneta. El cálculo no incluye fianza, suministros ni otros gastos asociados al arrendamiento. Para él, esa diferencia decide si la temporada resulta económicamente viable. El desfase ayuda a entender por qué la vivienda en Baleares también se ha convertido en una cuestión laboral.
| Concepto | Importe citado o calculado |
|---|---|
| Furgoneta utilizada como alojamiento | 4.000 euros |
| Alquiler mensual próximo al puerto | Entre 2.500 y 3.000 euros |
| Alquiler durante seis meses | Entre 15.000 y 18.000 euros, cálculo propio |
| Alquiler diario del yate | Unos 5.000 euros más combustible |
El capitán cambia un Jaguar 72 por un colchón en el maletero
Durante el día, José está al mando de un Jaguar 72 que puede transportar hasta doce pasajeros. Según su relato, entre los clientes aparecen empresarios, futbolistas y otras personas con elevado poder adquisitivo. La jornada transcurre entre acabados de lujo y servicios vinculados al turismo náutico. Cuando termina, vuelve a los pocos metros cuadrados disponibles dentro de su vehículo.
La furgoneta tiene un colchón que ocupa prácticamente todo el maletero. Debajo guarda ropa, medicinas y algunas pertenencias necesarias para la temporada. José lleva seis años recurriendo a esta solución y reconoce que comparar ambos espacios “es difícil”. Aparcar enfrente del yate también reduce sus desplazamientos y evita que llegue tarde al trabajo. Su historia expone el contraste entre el lujo visible de Ibiza y las condiciones residenciales de quienes trabajan en la isla.
Una habitación puede alcanzar 1.300 euros y un apartamento rondar los 2.000
El reportaje sitúa una habitación en un piso compartido por encima de los 1.000 euros mensuales. Algunas ofertas pueden alcanzar los 1.300 euros. Un apartamento de una habitación ronda los 2.000 euros, mientras las viviendas cercanas al puerto llegan a 3.000 euros. Esas cantidades explican por qué un profesional cualificado puede descartar el alquiler pese a contar con buenos ingresos.
La presión residencial no afecta únicamente a trabajadores de hostelería o empleos con salarios reducidos. También dificulta el alojamiento de médicos, profesores, policías, guardias civiles y bomberos destinados en Ibiza. Otro caso conocido es el de una docente que vuela a Ibiza desde Mallorca porque no puede asumir simultáneamente ambos costes residenciales. La falta de vivienda estable condiciona así la movilidad laboral y la cobertura de puestos necesarios.
Vivir en la furgoneta le permite reservar ingresos para los meses sin trabajo
José asegura que dormir en su vehículo no responde a una preferencia por ese estilo de vida. Define la medida como un “plan de ahorro” vinculado a la duración de la temporada. “Vivo aquí para poder mantenerme luego en invierno”, explica. Como trabaja seis meses al año, necesita reservar ingresos suficientes para los meses sin actividad en el yate.
Su experiencia muestra cómo el precio de la vivienda puede neutralizar la ventaja de un salario elevado en determinados mercados locales. El episodio encaja en un escenario donde los precios de compra y alquiler crecen con mayor rapidez que muchos ingresos. Detrás de los yates y las vacaciones exclusivas existe una plantilla que necesita alojamiento accesible. Para José, la furgoneta es la fórmula que permite continuar trabajando sin entregar al alquiler buena parte de lo ganado.
Su testimonio completo puede verse en el reportaje original de Diego Revuelta.
