Ahorró nueve años para comprar un terreno y recibió una casa levantada con más de siete toneladas de plástico reciclado

La vivienda de Cindy Mora y su hijo fue entregada en Costa Rica en 2018. Empleados voluntarios de P&G aportaron más de 800 horas de trabajo.

La historia de Cindy Mora ha vuelto a circular en julio de 2026, aunque la vivienda se entregó el 26 de mayo de 2018. La madre había ahorrado durante nueve años para comprar un terreno en el barrio Lámparas, en Alajuelita, provincia de San José. Tras adquirir la parcela, no podía financiar una casa para ella y su hijo Fabrizio, que entonces tenía seis años. Una alianza entre Procter & Gamble, Hábitat para la Humanidad, Urbarium y Ekojunto aportó materiales, organización y trabajo voluntario. Las crónicas publicadas entonces confirman que los beneficiarios fueron una madre y su hijo, no una madre y una hija.

Nueve años de ahorro permitieron comprar el terreno, pero no levantar la casa

Cindy trabajaba como miscelánea y criaba sola a su hijo. Durante nueve años guardó dinero hasta conseguir el lote donde quería establecer su hogar. Una publicación local de mayo de 2018 indicó que había obtenido la parcela mediante un préstamo. Después acudió a Hábitat para la Humanidad mientras buscaba apoyo para completar el proyecto. Tener suelo apto era una condición importante, junto con la situación económica familiar y la viabilidad técnica de la obra.

Su caso muestra la distancia que puede existir entre comprar un terreno y disponer del dinero necesario para construir. En una declaración difundida antes de la inauguración, Cindy afirmó: «Tener una vivienda ha sido mi sueño durante toda la vida». Su preocupación central era dejar a Fabrizio un lugar estable donde vivir. La casa no se trasladó desde otra ubicación ni fue una solución provisional. Se edificó sobre el terreno comprado por ella, dentro del entorno donde la familia mantenía sus vínculos cotidianos.

Los muros aprovecharon más de siete toneladas de botellas y envases

Las cifras publicadas en 2018 presentan una pequeña diferencia. Teletica informó de 7,5 toneladas de botellas y envases reutilizados. La nota local basada en información de Urbarium habló de hasta siete toneladas por vivienda. Ambas fuentes coinciden en que el material se transformó en bloques de plástico reciclado. Una reconstrucción difundida en 2026 situó el conjunto en unos 850 bloques, cifra que no aparece detallada en las primeras crónicas.

Los bloques se denominaban Bloqueplas y pertenecían a un sistema impulsado por Ekojunto. Sus piezas se encajaban para formar las paredes, una técnica similar a los juegos de construcción. El planteamiento recuerda a otros proyectos con ladrillos ecológicos de plástico, aunque cada tecnología utiliza composiciones y ensayos distintos. El plástico no sustituyó toda la obra. La cimentación, el tejado, las instalaciones eléctricas, la fontanería, las puertas, las ventanas y los acabados emplearon soluciones convencionales.

Más de 800 horas de voluntariado completaron la construcción

El número de 800 no corresponde a 800 voluntarios. Los registros recopilados posteriormente atribuyen más de 800 horas de trabajo voluntario a empleados de P&G. La cifra representa la suma del tiempo aportado por los participantes. No describe una obra ejecutada durante 800 horas seguidas ni permite conocer cuántas personas colaboraron. La empresa donó los recursos mediante su alianza con Hábitat para la Humanidad, mientras Urbarium coordinó la ejecución local.

La construcción comenzó el 23 de abril de 2018 y estaba prevista para inaugurarse el 26 de mayo. Ese calendario fue posible por el montaje modular de las paredes y por el apoyo organizado. Aun así, no puede compararse directamente con cualquier construcción modular en madera o con sistemas prefabricados actuales. El plazo depende del terreno, la cimentación, el diseño, el equipo disponible y las instalaciones requeridas en cada vivienda.

La casa parecía convencional pese al plástico oculto en sus paredes

Una vez montados, los bloques recibieron revestimiento y pintura. Desde la calle, la vivienda presentaba fachada, cubierta, puertas y ventanas similares a las de una casa tradicional. El plástico reciclado quedaba dentro de los cerramientos, protegido por los acabados. Esa apariencia alejaba la imagen de un refugio temporal y conectaba el proyecto con otros ejemplos de hogares con materiales reciclados. No existen datos públicos suficientes sobre su superficie, número de dormitorios o coste completo.

El caso de Cindy combinó acceso a la vivienda, reciclaje industrial y colaboración empresarial, pero debe situarse en su fecha real. Fue un proyecto entregado en mayo de 2018 que volvió a ganar difusión en julio de 2026.

Deja un comentario