La joven cacereña relata cómo vive su primer empleo como socorrista, las responsabilidades que asume cada día en la piscina y las dificultades que encuentran muchos jóvenes para acceder al mercado laboral.
Claudia Márquez tiene 17 años y este verano ha comenzado a trabajar como socorrista en Cáceres. Su objetivo era claro: ganar independencia económica, afrontar sus propios gastos y empezar a adquirir experiencia laboral. Para ella, acceder a un empleo a esta edad supone asumir responsabilidades y demostrar que muchos jóvenes están preparados para trabajar, aunque no siempre encuentren una primera oportunidad.
Su vínculo con el deporte viene de lejos. Forma parte del club ADN Cáceres, donde el salvamento y socorrismo se han convertido en una parte importante de su vida. Aunque esta temporada no se ha visto con la preparación física necesaria para competir, decidió mantenerse cerca de esta disciplina a través de otras funciones, como el trabajo de buzo de seguridad en competiciones.
Las responsabilidades de una socorrista joven en piscinas de Cáceres durante el verano
Márquez explica que la principal tarea de un socorrista es garantizar la seguridad de todas las personas que se encuentran en la piscina. Esto exige vigilancia constante, prevención y capacidad de reacción ante cualquier situación de riesgo.
“La principal responsabilidad es velar por la seguridad de todas las personas que se encuentran en la piscina”, señala. La joven recuerda que, si se produce un accidente, el socorrista debe actuar de forma inmediata y aplicar primeros auxilios cuando sea necesario.
Aunque no ha tenido que intervenir en rescates graves durante este verano, sí ha vivido situaciones complicadas relacionadas con el comportamiento de algunas personas usuarias. Según cuenta, en ocasiones ha recibido faltas de respeto por su edad, por ser mujer o por otras circunstancias.
También se han producido enfrentamientos dentro del recinto que han requerido la presencia de las autoridades. Pese a ello, insiste en que el personal de vigilancia debe mantener la calma y actuar siempre con profesionalidad.
Saber nadar no basta para trabajar como socorrista y actuar ante emergencias
Para Claudia Márquez, ser socorrista implica mucho más que saber nadar. La formación técnica, los conocimientos en primeros auxilios y la capacidad para realizar un rescate acuático son elementos esenciales.
“No es lo mismo atender un accidente en tierra que intervenir cuando una persona se encuentra en el agua”, explica. En este tipo de situaciones, no solo puede estar en riesgo la vida de la víctima, sino también la del propio socorrista.
Por eso considera fundamental mantener la calma, tener buena forma física y saber actuar con seguridad. También destaca la importancia de la asertividad, especialmente cuando hay que hacer cumplir las normas o intervenir ante conductas peligrosas.
Entre las situaciones más habituales menciona saltos indebidos, mortales o incumplimientos de las normas de baño. Son comportamientos que pueden parecer menores, pero que pueden poner en peligro tanto a quien los realiza como al resto de bañistas.
El empleo joven necesita más oportunidades para demostrar preparación y responsabilidad
La experiencia de Márquez refleja una realidad que afecta a muchos jóvenes que buscan su primer empleo. A menudo cuentan con formación, actitud y ganas de trabajar, pero encuentran barreras para acceder al mercado laboral.
Su caso demuestra que la edad no siempre debe asociarse a falta de responsabilidad. Con 17 años, Claudia asume una labor que requiere atención constante, madurez y capacidad para responder ante situaciones de riesgo.
La joven también lanza un mensaje claro a quienes acuden a las piscinas durante el verano: respetar las normas y atender las indicaciones del socorrista ayuda a evitar accidentes. La prevención, recuerda, es una parte esencial de la seguridad en estos espacios.
