A casi todo el mundo le ha pasado alguna vez: volver a un sitio de siempre y descubrir que ya no se vive igual que antes. Eso es lo que resume el cierre de La Tertulia de Granada, un local que durante 46 años ha funcionado como punto de encuentro cultural y también como termómetro de la ciudad. El próximo 30 de mayo, si no media un milagro, el pub bajará la persiana tras casi medio siglo de actividad.
Hasta ese día, celebrará una despedida distinta cada jornada, como quien intenta alargar una conversación que sabe que se acaba. Por sus mesas y sus paredes han pasado poetas, actores, artistas plásticos y músicos de enorme peso. Pero su final no habla solo de un negocio que cierra, también retrata cómo han cambiado los hábitos del público y la forma de vivir la noche. Otro casos similares y con casi los mismos años de vida, ha ocurrido en Sevilla, donde la discoteca Bestiario, echo la persiana no hace mucho.
¿Por qué cierra La Tertulia de Granada después de 46 años?
La Tertulia ha sido, según su cabeza visible, Tato Rébora, «un espejo de la vida cultural de Granada con todas sus épocas». En su etapa más brillante, por el local pasaron desde Rafael Alberti o Mario Benedetti hasta la Generación del 50, además de nombres como Paco Ibáñez, Joaquín Sabina, Enrique Morente o Luis García Montero. No era un simple pub, era uno de esos sitios donde la cultura ocurría casi sin avisar y donde una noche cualquiera podía convertirse en recuerdo.
Con el paso del tiempo, ese papel fue cambiando. Rébora recuerda que hubo etapas en las que el local fue especialmente frecuentado por actores y otras por periodistas, pero también explica que las artes se fueron fragmentando y buscando sus propios espacios. Ahí empezó un declive relativo para La Tertulia, porque lo que antes nacía de forma espontánea pasó a depender de una programación cerrada. Dicho de otro modo, donde antes bastaba con pedir silencio para escuchar a Benedetti recitar, después hubo que ordenar la agenda para que siguiera pasando algo.
¿Qué cambió en el público y en la forma de salir por la noche?
Ese giro llevó al local a una segunda etapa en la que, aun así, seguía teniendo un peso enorme en Granada. Rébora explica que La Tertulia «llegó a ser el filtro por el que pasaba todo, era un influencer de la ciudad». Allí había artistas que compartían lo que estaban haciendo antes de lanzarlo al resto de la ciudad. El pub seguía marcando conversación, pero ya empezaban a asomar señales de desgaste.
La principal fue el cambio en el comportamiento del público. Según relata el hostelero, el acto cultural terminaba y la gente ya no se quedaba como antes, sino que se iba. También bajó el consumo, y ahí la comparación es muy clara: ahora se pedía una cerveza en el tiempo en que antes se tomaban tres cubatas. El cuidado de la salud empezó a pesar más que el placer nocturno y, por mucha historia que tuviera el lugar, la caja no entiende demasiado de nostalgia.
Donde más se notó la transformación, sin embargo, fue en el ambiente. Rébora recuerda que antes podía aparecer a las dos de la mañana alguien que decía: «Estaba solo en mi casa y quería hablar con alguien». Ahora, esa misma persona se queda en casa mirando el móvil y chateando. Su conclusión es rotunda: el pub como lugar de encuentro ha muerto, mientras gana terreno el bar de tapas y la noche pierde cada vez más presencia de personas mayores de 40 años.
¿Por qué la pandemia y otros problemas han puesto contra las cuerdas a estos locales?
Para Rébora, la pandemia fue la puntilla. Lo expresa con una frase tajante: «Eso ha cambiado la noche del mundo». A su juicio, las masas han cambiado la noche por las mañanas, y la imagen que pone es bastante gráfica: en Granada ahora están llenos los lugares de desayuno y resulta difícil encontrar sitio para sentarse a tomar un café a las diez de la mañana. El traslado del ocio se nota también en La Tertulia, donde de las seis horas de apertura solo hay ingresos reales durante dos horas, y además con un consumo mucho menor.
A ese cambio se suman otros problemas que afectan a muchos locales de Andalucía y del resto del país. Entre ellos aparecen la jubilación de los propietarios, la falta de emprendedores que quieran tomar el relevo, la subida vertiginosa de los alquileres y las dificultades de insonorización, es decir, de aislamiento del sonido para poder ofrecer música en directo sin conflictos. Todo eso ha ido apagando el boom de los espacios en los que se podía disfrutar de recitales poéticos, conciertos de cantautores o jazz, espectáculos de narración oral o café teatro.
El turismo ha servido en algunos casos como salvavidas, pero tampoco arregla todo. En La Tertulia, según cuenta Rébora, llega un turismo español que visita el local «como si leyesen un cómic, o como si fuese un museo», emocionado ante los cuadros que cuentan su historia. Los martes, cuando se programa tango, también acuden muchos extranjeros. Aun así, eso no compensa las dificultades diarias: antes costaba cerrar el pub porque casi había que echar a la gente; ahora, a las dos y media no queda nadie.
¿Sirven los premios y el respaldo institucional para mantener vivo un espacio así?
La Tertulia ha recibido numerosos premios del Ayuntamiento y de la Junta de Andalucía. También fue reconocida por la Feria del Libro de Granada y hasta tiene una placa en la ciudad de Buenos Aires que destaca su labor de años. Sobre el papel, el currículum impresiona. En la práctica, sin embargo, ningún reconocimiento ha facilitado su subsistencia, pese a una trayectoria por las artes y las letras que el propio relato presenta como imposible de medir económicamente.
Ese contraste explica buena parte de la tristeza que rodea el cierre. El local ha sido distinguido, homenajeado y celebrado, pero nada de eso ha bastado para sostenerlo en un momento en que el encuentro presencial pesa menos, el consumo baja y la rentabilidad se encoge. Dicho de forma muy terrenal, los aplausos abrigan, pero no pagan facturas.
Cómo apoyar a La Tertulia de Granada antes del 30 de mayo
En los últimos días, el empuje más real ha llegado de los parroquianos. Están llenando el local, ayudando a reducir las deudas y animando a sus responsables a intentar que la llama siga viva. También se han planteado iniciativas para evitar el final, entre ellas la creación de una asociación cultural. Para quien quiera actuar antes del 30 de mayo, estas son las vías que aparecen en la información facilitada:
- Acudir a La Tertulia antes del 30 de mayo, fecha prevista para el cierre.
- Participar en las despedidas diarias que el local celebrará hasta el adiós definitivo.
- Consumir en el pub para contribuir a reducir las deudas en este tramo final.
- Respaldar las iniciativas que se han planteado, incluida la posible creación de una asociación cultural.
Aun con ese apoyo, Rébora se muestra prudente. Explica que no se niega a nada, pero que no querría evitar el cierre del 30 de mayo para tener que cerrar seis meses después. Su reflexión final tiene un punto de resignación que lo resume todo: hace mucho que aprendió que las épocas mandan sobre las voluntades individuales. Y su comentario más íntimo deja el golpe en primer plano: «Es duro cerrar, porque es mi vida. Yo siento que no llego a Granada hasta que no llego a La Tertulia. ¿Cómo voy a hacer ahora? Temo quedándome dando vueltas sin saber adónde llegar».
