Una hostelera prefiere fiar un café antes de aceptar pagos con tarjeta y esta es la razón

La dueña de un bar en Galicia ha decidido no aceptar pagos con tarjeta para evitar que las comisiones bancarias reduzcan aún más el margen de productos baratos como cafés, refrescos o cañas. Su caso refleja un malestar cada vez más extendido entre los pequeños negocios.

En España, pagar con tarjeta, con el móvil o por Bizum ya forma parte de la rutina de millones de personas. Sin embargo, detrás de esa comodidad también hay un coste que no siempre se ve: el que asumen los comercios por cada operación. Y en hostelería, donde muchas ventas son de pequeño importe, ese gasto puede marcar la diferencia.

Por qué cada vez más bares rechazan el pago con tarjeta pese a su auge

Aunque aceptar tarjeta no es una obligación legal para bares y restaurantes, en la práctica muchos negocios sienten que no les queda otra para no perder clientes. Más del 80% de los consumidores utiliza habitualmente medios electrónicos y cada vez son menos quienes llevan efectivo encima.

Aun así, algunos establecimientos han decidido poner freno. En Galicia ya se repiten los carteles que avisan de que no se admite tarjeta. ¿La razón? Las comisiones bancarias, que se comen una parte del ingreso en consumiciones muy ajustadas de precio.

Un café de 1,30 euros deja poco margen tras descontar IVA, impuestos, luz, agua, alquiler y materia prima. Si además entra en juego la comisión del banco, la venta puede quedarse en casi nada. Así, lo que debería ser rentable termina siendo poco menos que simbólico.

Qué hay detrás de la decisión de Mar y otros pequeños hosteleros gallegos

Mar, propietaria de un bar en Galicia, lo resume de forma muy directa: no ve lógico pagar una comisión por cobrar un café cuando ya soporta una larga lista de gastos fijos. Para ella, el problema no es solo la cuantía, sino el fondo del asunto: trabajar y ceder parte del beneficio a una entidad financiera por el simple hecho de cobrar.

Su postura, lejos de generar enfrentamientos, ha sido bien entendida por su clientela habitual. “Mis clientes lo aceptan perfectamente. Llega alguien a veces, pues me dice: ‘No tengo dinero’. No pasa nada, ya volverá”, cuenta.

El caso pone sobre la mesa una tensión cada vez más visible. Por un lado, las administraciones y el sistema financiero empujan hacia el pago electrónico. Por otro, muchos pequeños comerciantes reclaman soluciones adaptadas a su realidad. De ahí que pidan comisiones más bajas o fórmulas específicas para micropagos.

Porque, al final, la cuestión no es ir contra el progreso. Para muchos bares, es una pura cuestión de supervivencia. Y ahí está el quid de la cuestión.

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