El Informe Socioeconómico de la Felicidad en España concluye que los bajos ingresos y la inseguridad habitacional reducen el bienestar emocional. La estabilidad laboral y la percepción económica también inclinan la balanza. La felicidad no depende solo del estado de ánimo. El informe elaborado por la Red Universitaria de la Felicidad con datos de las encuestas del CIS de 2024 refleja que contar con ingresos suficientes, un empleo y una vivienda estable pesa, y mucho, en la valoración que hace cada persona de su propia vida.
Los ingresos mensuales y la clase social dibujan la mayor brecha de felicidad
El patrón es claro. Cuanto más dinero entra en el hogar, mayor es la puntuación media de felicidad. No lo explica todo, claro está, pero sí marca distancias importantes. ¿Hasta qué punto? Los datos del estudio lo dejan bastante claro.
| Ingresos mensuales del hogar | Puntuación media de felicidad |
|---|---|
| Menos de 1.100 euros | 6,90 |
| De 1.100 a 1.800 euros | 7,49 |
| De 1.801 a 2.700 euros | 7,68 |
| De 2.701 a 3.900 euros | 7,87 |
| De 3.901 a 5.000 euros | 7,91 |
| Más de 5.000 euros | 8,06 |
La diferencia también aparece al mirar la clase social percibida. La alta y media-alta alcanzan 8,28 puntos, frente a los 7,13 de la clase baja. En otras palabras, el bolsillo importa.
El empleo estable y el acceso a la vivienda cambian el bienestar emocional
El trabajo actúa como un apoyo doble: aporta ingresos y refuerza la integración social. Los directivos y gerentes encabezan la clasificación con 8,07 puntos, mientras que los trabajadores de ocupaciones elementales se sitúan en 7,39. Más abajo quedan los parados, con 7,30, y otras situaciones inactivas, con 6,74. Ahí está el quid de la cuestión. La vivienda, por su parte, agrava o suaviza esa diferencia. El informe destaca tres situaciones que resumen bien el problema:
- Los hogares con ingresos altos y vivienda hipotecada alcanzan 8,12 puntos.
- Las rentas bajas que viven de alquiler social se quedan en 4,59 puntos.
- En municipios de más de un millón de habitantes, los bajos ingresos reducen la felicidad hasta 5,28 puntos.
Resulta llamativo que quienes tienen hipoteca registren niveles tan altos de felicidad. El estudio apunta a que puede influir el momento vital o la percepción de estar logrando una meta tangible, mientras que la precariedad económica y la inseguridad habitacional hunden la satisfacción.
La percepción de la economía y las políticas públicas también influyen
No todo depende de lo que se cobra cada mes. El informe también observa que quienes valoran mejor la situación económica del país registran más bienestar. Además, la sensación de injusticia fiscal puede generar descontento y desafección. ¿Qué se desprende de todo esto? Que el progreso no puede medirse solo con cifras monetarias.
Por eso, el documento plantea la necesidad de reducir desigualdades y garantizar condiciones mínimas de vida, con salarios dignos y acceso a la vivienda. También identifica cambios entre 2020 y 2024 y reclama una visión más amplia del bienestar. Porque, al final, vivir mejor no es ninguna tontería.
