Salir a caminar suele acabar en fotos, cansancio y, con suerte, una buena anécdota. En Mallorca, esta vez el paseo dio bastante más de sí. Un excursionista encontró en la Serra de Tramuntana una cabeza de buey en miniatura de hace unos 2.500 años. La pieza apareció en un camino cerca de Valldemossa y ha sorprendido por su excelente estado de conservación.
Apenas mide 3,2 centímetros de largo, 1,7 centímetros de alto y 2,9 centímetros de ancho, pero mantiene rasgos muy claros del animal. Los arqueólogos de la Asociación Almallutx: Arqueo Tramuntana creen que fue realizada en el periodo postalayótico, es decir, entre el año 600 y el 200 antes de Cristo.
¿Qué se encontró cerca de Valldemossa y por qué ha llamado tanto la atención?
Josep M. Buils halló la figura mientras caminaba por un camino próximo al municipio de Valldemossa. Tras encontrarla, se puso en contacto con el arqueólogo Jaume Deyà, que la entregó al Consell de Mallorca para que pudiera ser examinada en profundidad y preservada. La asociación Almallutx anunció después el hallazgo en su página de Facebook. No está nada mal para una excursión que, en principio, iba a ser solo eso, una excursión y acabó siendo un descubrimiento, como ha ocurrido en otros casos, con monedas de oro.
La miniatura de bronce está extraordinariamente bien conservada. Aunque es muy pequeña, la cabeza muestra con claridad el hocico y los ojos. Los especialistas explican que esos rasgos están representados de forma estilizada, es decir, simplificada, pero siguen siendo perfectamente reconocibles. Ese tipo de representación encaja con las tradiciones artísticas prehistóricas mediterráneas.
¿Por qué los arqueólogos la sitúan en el periodo postalayótico de Mallorca?
Los arqueólogos de Almallutx consideran que la pieza es típica de la cultura postalayótica. Ese periodo se sitúa entre el año 600 y el 200 antes de Cristo y corresponde a una etapa posterior a los talayots, las monumentales torres de piedra que marcaron una fase anterior de la prehistoria mallorquina. Por tanto, la miniatura se relaciona con un momento histórico muy concreto de la isla.
La comparación más directa se hace con los Toros de Costitx, hallados en 1895 en el santuario de Son Corró. Los investigadores creen que la pieza pertenece a la misma época que esas figuras. Además, recuerdan que, aunque existen representaciones similares en las Iles Balears, los ejemplos realizados en bronce son raros. Ahí está una de las claves del hallazgo.
¿Qué pudo ser esta cabeza de buey y qué simbolizaba?
Los investigadores creen que el objeto formó parte de una escultura o de un elemento decorativo de mayor tamaño. También plantean que pudiera integrarse en un objeto ceremonial, en un elemento de santuario o en una estructura decorativa. En otras palabras, no parece una pieza aislada sin más, sino el fragmento de algo mayor.
Según los expertos de Almallutx, una asociación dedicada a la investigación y difusión del patrimonio arqueológico y cultural de la Serra de Tramuntana, las representaciones de toros en las culturas prehistóricas mediterráneas se asociaban a la fuerza, la fertilidad y la protección. Los especialistas añaden que los bueyes, muy presentes en el arte mediterráneo prehistórico, pudieron simbolizar el poder de la naturaleza y estar vinculados a rituales comunitarios destinados a garantizar la prosperidad y la protección de las comunidades locales. De ahí que la pieza tenga interés no solo por su tamaño o por su conservación, sino también por lo que puede contar sobre las creencias de aquella época.
¿Qué se sabe del contexto histórico y qué esperan averiguar ahora los expertos?
La cultura postalayótica de Mallorca se desarrolló hacia finales de la Edad del Bronce, justo después del periodo de los talayots. En ese tiempo, las comunidades vivían en asentamientos fortificados y dominaban la metalurgia, es decir, el trabajo del metal, además de la producción de cerámica y la arquitectura ritual, que son las construcciones vinculadas a prácticas simbólicas o ceremoniales. Es un contexto que ayuda a entender por qué una pieza tan pequeña puede tener tanto peso arqueológico.
Ahora, los arqueólogos del Consell de Mallorca esperan determinar la edad exacta del objeto, la técnica de producción y su posible contexto original. Además, consideran que el artesano que fabricó la pieza demostró una gran habilidad con el metal en un momento en el que la metalurgia del bronce todavía estaba en desarrollo. La miniatura mide solo 3,2 centímetros de largo, 1,7 centímetros de alto y 2,9 centímetros de ancho, pero la destreza que encierra no es precisamente pequeña.
¿En qué se parece a los Toros de Costitx y en qué se diferencia?
La comparación con los Toros de Costitx ayuda a situar mejor este hallazgo. Aquellas piezas destacan por su tamaño considerable, por sus prominentes morros y por sus profundas fosas nasales. Están hechas de bronce y su interior está hueco. Además, elementos como las orejas y las astas se insertaron mediante pasadores, pequeñas piezas de unión, y técnicas de fundición, es decir, de moldeado del metal.
En esas figuras, las zonas de los ojos estaban huecas, aunque en su momento se rellenaron con pasta vítrea, un material similar al vidrio, para recrear los globos oculares. Sus fabricantes fueron muy detallistas e incluso incluyeron arrugas en el hocico, el cuello o la papada. Esas piezas se exponen actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. La miniatura encontrada en la Serra de Tramuntana no comparte ese tamaño, claro, pero sí se mueve en ese mismo universo cronológico y simbólico.
Qué hacer si aparece una pieza parecida durante una excursión
Este hallazgo deja una pauta práctica bastante clara. Josep M. Buils encontró la pieza, contactó con el arqueólogo Jaume Deyà y la figura terminó en manos del Consell de Mallorca para ser examinada y preservada. Ese recorrido permite que el objeto no se quede en una simple curiosidad y pueda estudiarse con detalle.
- Comunicar el hallazgo a un especialista, como hizo el excursionista al ponerse en contacto con un arqueólogo.
- Facilitar que la pieza llegue a una institución que pueda examinarla en profundidad y preservarla, en este caso el Consell de Mallorca.
- Permitir así que los expertos estudien su edad exacta, la técnica de producción y el contexto original del objeto.
Gracias a ese paso, ahora los especialistas pueden analizar una miniatura que, pese a su tamaño, podría aportar información valiosa sobre la Mallorca postalayótica. A veces una caminata termina en una simple anécdota. Y otras acaba abriendo una ventana a hace 2.500 años.
