De una hectárea por un piso a no llegar para un coche: la naranja de mesa y el campo valenciano se queda sin jóvenes, según Alejandro (citricultor)

Antes, vender un campo de naranjos podía cambiarte la vida; ahora no te llega ni para un coche. Esa es la foto que dibuja Alejandro Aparicio, citricultor con más de tres décadas al pie del bancal en Canals (Valencia). Su negocio es la naranja de mesa, la de comer, no la de zumo. Él lo resume sin rodeos: «Somos el primer productor del mundo de naranjas de mesa, para comerlas». Pero el liderazgo se resquebraja y la paciencia también. Las normas europeas aprietan, los costes suben y los árboles, envejecidos, rinden menos. Y con esa mezcla, la rentabilidad se esfuma.

¿Qué le está pasando a la naranja de mesa en Canals (Valencia)?

Alejandro Aparicio lo cuenta claro: «Cada vez es más complicado producir porque las normativas europeas nos lo ponen muy difícil». Es decir, más requisitos y más gasto para el productor local, lo que en la práctica implica márgenes cada vez más finos.

El problema del sector suena a “más de lo mismo”: «Los costes nos aumentan, pero la rentabilidad es cada vez más baja». De hecho, si hace unos años producir un kilo costaba entre 18 y 20 céntimos, hoy ese rango ha subido a 25-28 céntimos. Por tanto, cuando los gastos no paran de crecer y el precio no acompaña, el negocio se queda en el alambre.

¿Cuánto cuesta producir un kilo y cuánto rinde un naranjo hoy?

La subida de costes no llega sola. Se junta con la caída de la producción por el envejecimiento del arbolado. Antes, cada árbol daba alrededor de 80 kilos al año; ahora, unos 50. La media de edad de sus árboles es de 30 años: con 10 un naranjo se considera adulto; con 30, viejo. Y un árbol viejo no solo da menos fruta, también exige más gasto por unidad. A modo de radiografía rápida, así compara Aparicio el “antes” y el “hoy” en su explotación:

IndicadorHace unos añosHoy
Coste de producción por kilo (céntimos)18-2025-28
Producción por árbol (kg al año)≈80≈50
Edad media del arbolado de Aparicio30 años
Estado de referencia del árbolAdulto: 10 añosViejo: 30 años

Este cóctel se traduce en abandono de campos: «Al no haber rentabilidad, se están abandonando los campos de naranjos». Él mismo reconoce que continúa porque nació para esto y le gusta, pero admite que se mantiene «acostumbrado a no ganar nada».

¿Por qué no se pasa al aguacate y qué aprendió del kaki?

La moda del aguacate tira, sí, pero a Aparicio no le cuadra: «Nos cuesta mucho preparar un campo y aquí tenemos clima, tierra y agua para hacer buenas naranjas. ¿Por qué tenemos que dejar algo que sabemos hacer desde hace más de 100 años?». Además, avisa de la volatilidad: «El aguacate ahora está en auge, pero no sabemos si en cinco años seguirá igual».

La experiencia con el kaki pesa. «Hace 25 años empezó con precios espectaculares y todos en Valencia nos pusimos a plantar kakis». Pero hace diez años todo cambió: «Rusia, que era el primer consumidor de kakis y el que mejor nos pagaba por ellos, aprobó un veto y dejó de comprarnos». El resultado fue drástico: «Hoy no quedará ni un 30% de los productores de kaki. Pasó de ser muy rentable a no serlo nada». En consecuencia, saltar de cultivo por moda puede salir caro.

¿Hay relevo generacional en el campo de la naranja?

Aquí llega el golpe más frío: «Quienes producimos naranjas no vamos a tener relevo generacional. No vamos a tener a nadie que quiera seguir con esto». Aparicio no piensa abandonar, pero es tajante con sus hijos, que estudian en la universidad: «No les voy a dejar el mantenimiento de los campos porque sería un problema para ellos».

La pérdida de valor del suelo no ayuda a convencer a nadie. «Hace 50 años mi padre vendía un campo de naranjos de una hectárea y le daban 200.000 pesetas y se compraba un piso en Valencia ciudad. Hoy un buen campo de naranjas de una hectárea no te da ni para comprarte un coche». De ahí que la sensación de estancamiento pese más que la tradición.

¿Qué propone para Europa y qué puedes hacer tú ahora?

Para Aparicio, la salida pasa por las instituciones: «El Ministerio de Agricultura debería fomentar el consumo de naranja europea y poner medidas antidumping». Compite, recuerda, con países donde «un trabajador cuesta cinco euros al día», y «a nosotros nos exigen cosas que a los de fuera no». De hecho, pide reglas de juego equilibradas: el “antidumping” es un instrumento para frenar importaciones a precios artificialmente bajos y proteger a la producción local. Y mientras tanto, ¿qué margen te queda como consumidor o propietario de campo? A continuación van acciones sencillas, alineadas con lo que expresa el propio productor:

  • Si compras naranja de mesa, prioriza la europea, tal y como reclama el sector.
  • Traslada a tus representantes la necesidad de «medidas antidumping» para equilibrar la competencia.
  • Si tienes finca o herencia agrícola, compara costes y riesgos antes de cambiar de cultivo: el caso del kaki es la advertencia.

En resumen, la ecuación actual es tozuda: costes arriba, producción abajo y poco relevo. Aparicio se queda con sus naranjas porque cree en ellas y en su tierra, pero necesita, como el resto, que el mercado y las normas no le jueguen en contra. Y, por tanto, que vender una hectárea vuelva a parecerse más a un proyecto de vida que a un quebradero de cabeza.

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