La sorprendente comuna que lleva más de 40 años viviendo en una cala de Cabo de Gata con placas solares, huertos y un bar frente al mar

La Cala de San Pedro, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, acoge desde hace más de cuatro décadas a una comunidad que ha organizado su vida alrededor de un manantial, los huertos y la energía solar. El lugar solo puede alcanzarse caminando o por mar.

Un vídeo de la creadora de contenido Noemí Rocamora Doménech ha devuelto la atención a este enclave cercano a Las Negras. Las estimaciones sitúan allí a unas 50 personas, aunque el número de residentes puede variar, especialmente durante el verano.

La Cala de San Pedro solo se alcanza caminando o por mar

La cala está en el término municipal de Níjar y no cuenta con acceso directo por carretera. La opción terrestre obliga a recorrer más de tres kilómetros por un sendero rocoso desde Las Negras, con algunos tramos próximos al acantilado. También es posible llegar en una pequeña embarcación.

Tras el recorrido aparece una playa aislada, rodeada de laderas semidesérticas y aguas turquesas. La presencia de vegetación y de una fuente natural ha permitido mantener durante décadas un asentamiento estable, pese a su distancia de los núcleos urbanos.

La comunidad aprovecha el manantial, los huertos y la energía solar

Los habitantes han acondicionado viviendas y antiguas construcciones con materiales del entorno. El manantial abastece de agua a la comunidad y permite cultivar pequeños huertos, mientras que las placas solares cubren parte de sus necesidades eléctricas. Las imágenes difundidas muestran además letrinas y un parque infantil para los menores que viven en la cala.

Entre los espacios compartidos figura una construcción que funciona como bar rústico, con una terraza orientada al mar. Parte de los residentes obtiene ingresos mediante la elaboración y venta de artesanía, especialmente piezas realizadas con cuero, conchas y otros materiales, además de atender a los visitantes durante los meses de mayor afluencia.

La convivencia dentro de la comuna también afronta conflictos y desacuerdos cotidianos

La imagen de autosuficiencia no elimina las dificultades personales. Uno de los testimonios recogidos en el vídeo admite que “no es todo tan bonito como nos imaginamos”. Otro residente señala que “hay personas que se llevan bien y personas que no”, una realidad que aleja el asentamiento de cualquier visión idealizada.

La Cala de San Pedro combina aislamiento, sostenibilidad y vida comunitaria, pero sus propios habitantes reconocen que compartir recursos y espacios exige acuerdos constantes. Su experiencia presenta una forma distinta de organizar la vivienda y el consumo, sin borrar las tensiones propias de cualquier grupo humano.

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