El mariscador lleva veinte años en Noia. En Perú, la pesca para harina de pescado convive con capturas destinadas a conservas y congelados.
Fausto Condori Rivera recuerda un trabajo en el que la anchoa se capturaba por toneladas para producir harina de pescado. El marinero peruano lleva veinte años afincado en Noia. Su experiencia acerca al lector a una actividad con dos destinos: fabricar ingredientes para alimentación animal y abastecer de pescado a los consumidores.
Un barco bacaladero vinculó a Fausto con Galicia
Condori nació en Arequipa en 1962 y comenzó a trabajar en la pesca siendo joven, según recoge el periódico gallego. Su conexión profesional con Galicia llegó mediante un barco dedicado a capturar bacalao, perteneciente a un armador pontevedrés. La trayectoria desembocó en su establecimiento en Noia, donde la información lo identifica como marinero y mariscador.
Ese vínculo entre empleo marítimo y asentamiento tiene otros ejemplos en la costa gallega, como la comunidad caboverdiana de Burela. Allí, la pesca contribuyó a la llegada y permanencia de trabajadores procedentes del archipiélago africano. Condori lo recuerda así: «En Perú cogíamos toneladas de anchoa que iban para hacer harina de pescado». Describe el destino de aquellas capturas, sin cuantificar su volumen anual.
Para qué se utiliza la harina de pescado
La harina de pescado sirve como ingrediente en la alimentación de animales, especialmente en la acuicultura. El informe SOFIA 2026 de la FAO recoge estimaciones de la Organización de Ingredientes Marinos sobre su utilización mundial. Según esos datos, más del 90 % de la harina se destinó a la acuicultura en 2024. El porcentaje describe el uso de este producto a escala global. No representa la proporción de pescado peruano transformado en harina ni las capturas de los barcos donde trabajó Condori.
Perú mantiene también una pesquería destinada directamente a la alimentación humana. Una resolución publicada el 29 de agosto fijó 75.000 toneladas de anchoveta para ese destino durante todo 2026. El límite abarca todo el litoral y corresponde a las actividades artesanales y de menor escala. Además, incluye las capturas realizadas anteriormente durante el año. Este aprovechamiento abastece a industrias conserveras, congeladoras y de curados. La norma permite modificar la cuota según el seguimiento científico del Instituto del Mar del Perú. Por tanto, el destino industrial recordado por el marinero no agota los usos alimentarios de este pescado.
Una campaña de 2026 solo alcanzó el 24,61 % de su cuota
El recuerdo de las grandes capturas encuentra un contrapunto en los datos recientes del Ministerio de la Producción peruano. Para la primera temporada de 2026, la zona norte-centro tuvo una cuota de 1.914.049 toneladas de anchoveta y anchoveta blanca para consumo humano indirecto. Era un límite autorizado para esa campaña y esa área marítima. La resolución publicada el 15 de septiembre señala que la temporada alcanzó únicamente el 24,61 % del cupo. Es decir, quedó por debajo de una cuarta parte de lo permitido.
El documento relaciona ese resultado con anomalías oceanográficas y lo sitúa entre los desempeños más bajos del periodo 2009-2026. La campaña había concluido mediante otra resolución publicada en agosto. La decisión tuvo consecuencias para los armadores. Esa temporada quedó excluida del cómputo vinculado a la obligación de capturar el 80 % del límite individual. Ese mecanismo puede afectar al recálculo de sus derechos de pesca cuando se incumple durante cuatro campañas regulares consecutivas. La excepción respondió a las circunstancias ambientales acreditadas.
La anchoveta peruana y la anchoa europea son especies distintas
La palabra anchoa puede hacer pensar al lector español en las capturas del Cantábrico o del Mediterráneo. Sin embargo, el Ministerio de Agricultura distingue la especie europea, Engraulis encrasicolus, de la anchoveta peruana, Engraulis ringens. Esta última habita en el Pacífico sudoriental. La diferencia ayuda a interpretar el testimonio sin trasladar automáticamente los destinos comerciales de una pesquería a otra. También evita comparar como equivalentes productos que pueden proceder de especies diferentes, aunque sus nombres habituales resulten cercanos.
Para quien compra pescado, identificar la especie y la procedencia permite entender mejor esas diferencias. En España, el etiquetado de conservas de pescado responde a reglas específicas sobre la denominación del alimento. El Real Decreto 1082/2025 regula cómo se aprueban esos nombres y los correspondientes a las especies pesqueras. Las denominaciones autonómicas pueden complementar a las nacionales, pero no sustituirlas. Distinguir especie, presentación y procedencia ayuda a comparar productos. El procedimiento figura en el Real Decreto 1082/2025 publicado en el BOE.
