Este es el último recurso de Andalucía para contener unas inundaciones que aún no han terminado

Cuando parece que la lluvia afloja y uno empieza a pensar que “lo peor ya ha pasado”, el agua se sigue colando por el suelo en lugares como Grazalema. En paralelo, buena parte de Andalucía mira al cielo mientras el verdadero partido se juega en silencio dentro de los embalses. Ahora mismo hay 6 ríos en nivel rojo y más de 3.000 personas desalojadas en Cádiz, Jaén, Granada y Málaga, y la previsión es que siga lloviendo durante horas. Para rematar, los datos que están llegando muestran que los modelos no han acertado del todo y la lluvia está superando las expectativas. Google ya activó el riesgo por inundaciones, pero lo que no ve en su pantalla es hasta qué punto los embalses pueden contener el golpe. La cuestión clave, por tanto, es sencilla y muy incómoda: ¿queda margen de maniobra?

¿Qué está pasando ahora mismo con las inundaciones en Andalucía?

La foto del momento es clara y nada tranquilizadora: Andalucía tiene 6 ríos en nivel rojo y más de 3.000 personas desalojadas en cuatro provincias (Cádiz, Jaén, Granada y Málaga). No se trata solo de lo que ya ha ocurrido, sino de lo que viene: aún quedan horas y horas de lluvia por delante.

Además, los datos que se están recopilando muestran que la situación va por delante de las previsiones. La lluvia está superando lo que marcaban los modelos y eso complica cualquier planificación. Google ha activado el riesgo por inundaciones, pero su mapa no recoge el papel silencioso de los embalses, que son ahora mismo la última esperanza del valle bajo del Guadalquivir si la situación se descontrola río arriba.

¿Cómo pueden los embalses frenar las crecidas del Guadalquivir?

La idea de fondo es sencilla: si el agua entra demasiado rápido por los ríos, hay que buscar dónde “aparcarla” temporalmente para que no arrase todo aguas abajo. Ahí entran los embalses, que en este episodio funcionan como el último recurso de Andalucía para sobrevivir a las inundaciones.

La herramienta clave se llama laminación de avenidas. Es una técnica de ingeniería hidráulica que se usa para reducir el caudal máximo de una crecida de un río. En la práctica, esto significa guardar agua durante un tiempo en embalses y zonas de retención para controlar cuánta agua sigue circulando río abajo y con qué intensidad.

Todos los embalses tienen, en mayor o menor medida, capacidad para laminar las avenidas: el caudal máximo que puede salir del embalse siempre es menor que el caudal máximo que puede entrar. Sin embargo, no todos tienen la misma capacidad ni el mismo margen disponible. En este episodio concreto, la cuenca del Guadalquivir juega con ventaja relativa porque tiene muchos embalses y está hiperregulada, lo que permite maniobrar… siempre que quede espacio para seguir almacenando agua.

¿Qué margen de maniobra hay ahora mismo en la cuenca del Guadalquivir?

La pregunta del millón es qué significa, en la práctica, tener una cuenca tan regulada. En este caso, que el SAIH de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir lleva días trabajando para preparar la cuenca y amortiguar el golpe de la crecida. Esto se traduce, por ejemplo, en que los embalses de la parte alta de la cuenca del Genil, donde se esperan las mayores descargas de agua esta tarde-noche, llevan días liberando reservas hacia abajo.

Algo similar ocurre en la cabecera del Guadalquivir: pantanos como El Tranco y, en menor medida, Siles están preparados para recibir agua. Es decir, se ha intentado hacer hueco antes de las lluvias más intensas para poder laminar mejor las crecidas cuando lleguen los caudales más altos.

Los problemas se concentran más abajo. En Sevilla solo un embalse está por debajo del 90% y, aunque Iznájar tiene capacidad para laminar el Genil, la situación puede complicarse rápidamente si el agua entra demasiado deprisa. La propia Confederación Hidrográfica del Guadalquivir recordaba ayer que “para que se desborde (en Sevilla( el caudal debe llegar a los 3000 metros cúbicos, ahora está en 740”. No significa que otros puntos, como el Palmar de Troya, se vayan a librar de la crecida del río, pero sí marca un límite psicológico sobre la fuerza de la avenida y sobre lo efectivo que está siendo el laminado hasta ahora.

¿Por qué la cuenca del Guadalete-Barbate preocupa todavía más?

Si la situación en el Guadalquivir es delicada, en la cuenca del Guadalete-Barbate el escenario es directamente mucho más complicado. Los acumulados de lluvia en Grazalema están destrozando las previsiones y los embalses ya están llenos, lo que reduce muchísimo la capacidad de maniobra.

Aquí los tiempos de reacción son mucho más cortos porque la distancia que debe recorrer el agua es menor. Esto quiere decir que, cuando se produce una crecida, el margen para reaccionar es mínimo y las decisiones tienen que ser casi inmediatas. En ciudades como Jerez, todo esto se traduce ahora mismo en una incertidumbre enorme: saben que el agua está cayendo con fuerza en la zona y que los embalses están al límite, pero no hay demasiado colchón para absorber nuevas avenidas si la lluvia sigue apretando.

¿Qué podemos aprender de este episodio y cómo deben prepararse los vecinos?

La lección de esta semana conecta directamente con lo que ya se vivió en la terrible DANA de Valencia. Entonces ya quedó claro algo que, por lo visto, aún no terminamos de interiorizar del todo: el peligro no siempre está donde llueve, un aviso rojo no solo afecta al lugar donde se declara y hay que estar preparados para que el tiempo nos sorprenda, incluso aunque en nuestra ventana no parezca pasar gran cosa.

Esto se traduce en algunas ideas muy básicas que conviene tener claras si se vive cerca de un río o en zonas que pueden inundarse aunque la lluvia esté cayendo más lejos:

  1. Tomarse en serio los avisos de riesgo por inundaciones aunque en el propio barrio no esté cayendo un gran chaparrón, porque la crecida puede llegar desde río arriba.
  2. Prestar atención a lo que ocurre en toda la cuenca, no solo en el municipio, ya que el agua recorre kilómetros antes de llegar a las zonas bajas.
  3. Asumir que los embalses ayudan a contener las avenidas, pero no son un escudo perfecto: si se llenan o si la lluvia supera las previsiones, el riesgo aumenta rápidamente.

En consecuencia, la clave estos días será que la laminación funcione bien y que los embalses mantengan suficiente margen para seguir absorbiendo parte de la crecida. Solo así habrá opciones de que, como se suele decir, las aguas vuelvan poco a poco a su cauce sin dejar más daños de los que ya han provocado estas lluvias que, por ahora, siguen yendo un paso por delante de los modelos.

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