Hay especies que pasan desapercibidas hasta que una cifra lo cambia todo. No las vemos al salir de casa ni suelen colarse en la conversación diaria, pero su situación dice mucho del estado de la naturaleza. Eso es lo que pasa con el visón europeo, que atraviesa su momento más delicado y del que en España se calculan solo 142 ejemplares. La cifra es tan baja que apenas deja espacio para los paños calientes.
Además, el país se ha convertido en una pieza decisiva para su supervivencia, porque aquí resiste una de las tres subpoblaciones que quedan en el mundo. Con una reducción superior al 95% de su área de distribución desde mediados del siglo XIX, el aviso ya no suena lejano: la especie está en sus horas más bajas.
¿Por qué el visón europeo depende tanto de España para no desaparecer?
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) reconoce en su página web que «España ostenta una gran responsabilidad en la conservación de esta especie a nivel global, ya que sólo sobreviven tres subpoblaciones en el mundo». Dicho de forma simple, el margen para que el visón europeo aguante es ya muy pequeño y cada territorio cuenta mucho.
Esas tres subpoblaciones se reparten entre el noroeste de Europa, en zonas pequeñas de Rusia y Estonia; el sureste, en Rumanía y Ucrania; y la Europa occidental, en el norte de España y el suroeste de Francia. En todas estas regiones la población ha caído de forma drástica. Por tanto, lo que ocurra en España no es un detalle menor, sino una parte central de la conservación global de la especie.
El problema, además, viene de lejos. Se estima que la reducción de su área de distribución, es decir, del territorio en el que vive de forma natural, supera el 95% desde mediados del siglo XIX. Cuando una especie pierde tanto terreno, la alarma deja de ser un formalismo y pasa a ser muy real.
¿Cuántos visones europeos quedan en España y en qué zonas del Ebro se liberan crías?
La última revisión realizada para estimar el número de visones europeos en España encontró una existencia mínima de 87 ejemplares: 50 hembras y 37 machos. A partir de ahí, los científicos calcularon una población de entre 130 y 157 individuos. La estimación final se situó en 142 visones europeos, una cifra que también intentaron cartografiar para conocer mejor dónde resiste la especie.
Los últimos sondeos han encendido las alertas entre los expertos. Según la propia valoración, ese resultado «Supone una importante llamada de atención sobre la necesidad de intensificar las actuaciones en curso para revertir la tendencia regresiva de este mamífero». En lenguaje menos técnico, esa tendencia regresiva significa que la población sigue yendo a menos.
España cuenta con una Estrategia nacional de conservación aprobada en 2005 y reforzada en 2008. No parece precisamente uno de esos planes para dejar cogiendo polvo en un cajón. Dentro de ese programa se liberan entre 20 y 30 crías al año en la parte alta de la cuenca fluvial del Ebro, es decir, en la zona vinculada al curso alto del río y sus alrededores. Esas sueltas se realizan en territorios de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra, La Rioja, Burgos, Soria y en el sector noroccidental de Zaragoza.
¿Cómo está frenando España al visón americano, la especie invasora que amenaza al autóctono?
Uno de los grandes adversarios del visón europeo es el visón americano. Se trata de una especie invasora, es decir, un animal que se extiende en un territorio y termina poniendo en riesgo a la fauna autóctona, la propia del lugar. En este caso, la amenaza recae sobre el visón europeo que vive en España y complica todavía más una situación ya muy frágil. Con una población estimada de 142 ejemplares, cualquier presión añadida pesa mucho más.
Actualmente, España actúa a través de los conteos de individuos, del impulso de la cría en cautividad, que es la reproducción de animales bajo cuidado humano, y de la lucha contra el visón americano. Tanto el MITECO como las comunidades autónomas están colocando trampas selectivas, pensadas para centrarse en esta especie, sobre todo en las zonas en las que ambos animales pueden coincidir. La idea es clara: proteger al visón europeo allí donde el choque entre los dos puede ser más directo.
El criterio de trabajo también está formulado de manera muy directa: «El objetivo debe ser mantener el control que ya se ejerce, e ir intensificándolo». Dicho de otra forma, no basta con sostener lo que ya se hace; hace falta apretar un poco más si se quiere frenar la caída.
¿Qué señales conviene vigilar para saber si la recuperación del visón europeo avanza?
Para el lector, este asunto puede parecer lejano, pero hay una manera bastante sencilla de entender si la recuperación gana algo de aire o sigue atascada. Basta con fijarse en los frentes que ya están en marcha, porque ahí se concentra casi todo lo importante.
- Comprobar si continúan los conteos de individuos, ya que son los que permiten saber si la población sube, baja o se estanca.
- Observar si se mantiene el impulso de la cría en cautividad, una de las herramientas que ya se está utilizando para reforzar la especie.
- Prestar atención al control del visón americano en las zonas donde puede coincidir con el europeo, porque ahí está uno de los principales riesgos.
- Seguir la evolución de las sueltas de entre 20 y 30 crías al año en la parte alta de la cuenca del Ebro y en los territorios ya señalados.
Por ahora, diversos proyectos trabajan en la cría de esta especie y se espera que en los próximos años su recuperación reciba un fuerte empujón. No obstante, con una estimación final de 142 visones europeos en España, la advertencia ya está lanzada. El país sigue siendo uno de sus últimos bastiones, pero el margen, hablando claro, es mínimo.
