Cobra 1.200 euros al mes, tiene un empleo estable y duerme en la calle porque no puede asumir el precio de un alquiler

Trabaja ocho horas diarias, tiene un contrato fijo y mantiene una rutina laboral estable. Sin embargo, su salario no le permite afrontar el alquiler de una vivienda y lleva más de un año durmiendo en la calle.

Manuel Heredia tiene 59 años y trabaja como mozo de almacén en Sant Andreu de la Barca. Cada mañana se levanta a las 5:00 horas, se asea, coge el tren y entra en la empresa a las 6:20. Cuando termina su jornada, se ducha y regresa a Cornellà de Llobregat, donde pasa la noche sobre unos cartones. Cobra 1.200 euros mensuales, pero todavía no ha reunido el dinero necesario para acceder a un piso de alquiler.

Trabaja ocho horas al día y cobra 1.200 euros, pero duerme en la calle

Manuel perdió su vivienda hace algo más de un año. Se quedó sin empleo y la pareja con la que convivía le pidió que abandonara el piso. La prestación que recibía entonces tampoco le permitía pagar una habitación.

Su situación comenzó a cambiar cuando Emilio, un voluntario de Cruz Roja, le habló de una oferta de trabajo. El pasado 12 de enero empezó a trabajar como mozo de almacén y posteriormente consiguió un contrato fijo. Tener una nómina, sin embargo, no ha resuelto su problema residencial.

Por las noches duerme cerca de una biblioteca, protegido del suelo con cartones y pendiente de que nadie le robe o le agreda. Los voluntarios de Cruz Roja acuden dos veces por semana para ofrecerle apoyo y comprobar su estado. Su hermana guarda el dinero que consigue ahorrar y la ropa de trabajo permanece en la taquilla de la empresa.

“Prefiero vivir en la calle y poder comer que estar en una habitación y no tener comida”, explicó al relatar las dificultades que tendría para pagar alojamiento, alimentación y el resto de sus gastos con un sueldo de 1.200 euros.

La vivienda y el empleo precario dejan a miles de hogares sin protección

El caso de Manuel refleja una realidad que las entidades sociales llevan tiempo advirtiendo: tener empleo ya no garantiza poder mantener una vivienda.

El último informe territorial de la Fundación FOESSA señala que la precariedad laboral afecta a 1,4 millones de personas en Cataluña, un 38% de la población ocupada. Además, el 55,4% de quienes se encuentran en exclusión social vive en hogares donde la persona que aporta los principales ingresos está trabajando.

La vivienda aparece como uno de los principales factores de desigualdad. Unas 568.000 familias catalanas, en las que viven cerca de dos millones de personas, sufren algún tipo de precariedad residencial. El estudio también indica que un 13,3% de la población cae en pobreza severa después de pagar los gastos relacionados con su casa.

Manuel ahorra cada nómina para intentar alquilar una vivienda a final de año

Manuel intenta guardar casi todo lo que cobra, incluidas las horas extraordinarias. Necesita reunir el importe de las fianzas y los gastos iniciales exigidos para firmar un contrato de alquiler.

Mientras alcanza esa cantidad, procura mantener su higiene, acudir puntualmente al trabajo y proteger la estabilidad laboral que ha recuperado. Confía en conseguir las llaves de una vivienda antes de que termine el año.

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