Medio Ambiente sedó al animal y lo llevó al monte público de El Casal para reducir riesgos. Tras su regreso, los vecinos colocaron carteles para impedir acercamientos.
Tomás, un ciervo macho de unos 180 kilos, volvió a Linarejos, en Zamora, solo seis días después de ser trasladado. El Servicio Territorial de Medio Ambiente lo había llevado a mediados de julio al monte público de El Casal, situado a unos 50 kilómetros. EFE publicó el episodio el 1 de agosto de 2026. El regreso ha alegrado a los vecinos, aunque también ha reforzado su preocupación por los turistas que lo tratan como una mascota.
Medio Ambiente lo trasladó después de que aumentaran los acercamientos
Tomás pasa su tercer verano entre los habitantes de esta pedanía de la Sierra de la Culebra. EFE habla de una quincena de vecinos y veraneantes. El animal se mueve cerca de las casas y no suele rehuir la presencia humana. Esa conducta ha atraído a visitantes que buscan selfis, intentan acariciarlo, tocan su cornamenta o le ofrecen comida. María José Boyano, residente en Linarejos, lo resume con una advertencia directa: «Tomás no es una mascota».
El aumento de esos acercamientos llevó al Servicio Territorial de Medio Ambiente a organizar un dispositivo especial a mediados de julio. Los agentes sedaron al ciervo y lo llevaron al monte público de El Casal. Según el testimonio de Eloy Martín, la dosis se calculó para un ejemplar de 180 kilos. Los vecinos aceptaron el traslado porque entendían que reducía el riesgo para personas y animal. No fue un rechazo del pueblo, sino una medida preventiva ante la creciente afluencia. El reto de conciliar grandes herbívoros, visitantes y seguridad también aparece en otros pequeños municipios. En El Recuenco, nueve bisontes permanecen en un recinto controlado, una diferencia esencial respecto a Tomás.
El ciervo regresó en seis días y el pueblo llenó las calles de avisos
La distancia no impidió el regreso. Seis días después del traslado, Tomás volvió a caminar por Linarejos y a detenerse junto a manzanos, cerezos y perales. Avanzaba a ritmo pausado y completaba la hierba disponible con la fruta que encontraba. Los residentes colocaron carteles por el casco urbano para frenar conductas que pueden provocar un accidente. Los testimonios recogidos por EFE permiten resumir las normas esenciales.
- No acercarse ni intentar acariciarlo.
- No tocar su cornamenta.
- No darle comida.
- No hacerse selfis a su lado.
- Fotografiarlo únicamente desde lejos.
La recomendación coincide con las pautas de la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León para observar fauna silvestre. La entidad aconseja mantener una distancia amplia, evitar ruidos y no alterar el comportamiento natural de los animales. Aunque Tomás parezca tranquilo, su familiaridad con el pueblo no lo convierte en un animal doméstico. Los vecinos quieren evitar una desgracia que pueda causar lesiones y condicionar las decisiones posteriores sobre su manejo.
Una lesión lo llevó hasta Linarejos en 2024 y desde entonces vuelve cada verano
La relación de Tomás con Linarejos comenzó a principios del verano de 2024. Entonces apareció con una lesión en una pata que apenas le permitía caminar. Eloy Martín considera que el casco urbano le ofreció refugio frente a los lobos presentes en el entorno. Los vecinos se acostumbraron a verlo cerca de las viviendas, mientras el animal incorporaba el pueblo a sus recorridos habituales. El relato conecta con otras historias de aldeas pequeñas, donde los animales forman parte de la vida comunitaria.
Ese patrón incluye una ausencia durante la época reproductiva. Tomás se alejó durante la berrea en los dos años anteriores y regresó cuando el invierno ya estaba avanzado. La berrea es el periodo de celo en el que los machos emiten sus característicos bramidos. Turismo de Castilla y León la sitúa en la Sierra de la Culebra entre mediados de septiembre y principios de octubre. Si repite su comportamiento, Tomás volverá a alejarse temporalmente del casco urbano al terminar el verano.
El recuerdo de Carlitos explica por qué el pueblo protege ahora a Tomás
Tomás no es el primer ciervo conocido por su nombre en Linarejos. En 2023, otro macho adulto llamado Carlitos frecuentaba la localidad, aunque mantenía mayor distancia con las personas. Fue seleccionado como trofeo para una caza a rececho. Los vecinos reunieron 50.000 firmas para impedirlo, pero la campaña no logró su propósito. Después pintaron su silueta en fachadas y puertas de garaje como recuerdo.
Esa experiencia ayuda a entender la preocupación actual por Tomás. Los residentes celebran su regreso, pero temen que un acercamiento irresponsable termine con una persona herida o con el animal sacrificado. Su mensaje combina afecto y prudencia: puede seguir formando parte del paisaje cotidiano, siempre que visitantes y vecinos respeten su espacio. El mensaje vecinal puede resumirse así: disfrutar de su presencia exige observarlo desde lejos.
