Aprender a los 92 años también es posible: Lola regresa a clase tras una vida de esfuerzo y cuidados

Con 92 años, Doña Lola es alumna del CEPA de Las Palmas de Gran Canaria y ha regresado a las aulas para mantenerse activa y no perder la cabeza. Su historia recuerda que el mejor momento para aprender es el que uno decide. Dolores Campos Brito acude al aula del Risco de San Nicolás y comparte recreo con sus compañeras. ¿Quién dijo que estudiar era solo cosa de jóvenes?

Lola va a clase lunes y jueves, de 3 a 7, en el salón del Risco. Allí, una compañera le acerca una silla y le dice con afecto: «Ahí sentada. De ahí no se menea». Para entender su rutina, basta con esto:

  • Dos tardes fijas a la semana en el aula del Risco de San Nicolás.
  • Educación Inicial de Personas Adultas: comunicación, científico-tecnológico y social.

Dejar la escuela con ocho años y volver en 2012 para que la cabeza no se pare

Su etapa escolar terminó pronto: con ocho años dejó el colegio para ayudar a su madrina. Décadas después, en 2012, decidió matricularse en el CEPA. Fue y vino por la enfermedad de su marido, pero tras enviudar retomó la formación.

El motivo lo explica ella misma: «Yo en mi casa no podía estar sin hacer nada. Tenía que buscar la forma de que mi cabeza funcione bien y no se me pare». Y, dicho en plata, no es poca cosa.

Aprender con visión limitada y sentir apoyo del aula en cada paso

Hoy cursa Educación Inicial y su asignatura favorita siempre ha sido Historia. Su visión es muy reducida: apenas tiene un 20% en un ojo y en el otro la ha perdido; por eso las profesoras le leen y ella responde. Cuando toca escribir, insiste: «Y si hay que escribir, lo escribo. Con dificultad, pero lo hago». En Matemáticas, le trazan los números con rotulador grueso, pero mantiene el mismo espíritu: «Desde el primer día decía que podía hacer todo. Y sigo haciéndolo».

El grupo reúne a 15 o 17 vecinas, y el director, José Tacoronte, dice que muchas vuelven para «saldar esa deuda pendiente consigo mismas». Pese a las ausencias, el aula sigue abierta y Lola lo agradece: «Eso es de agradecer». Al final, su mensaje es claro: «Que te quieran es bonito. Y poder hacer cosas aunque seamos mayores también».

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