Josefina empezó con un horno y MarSinPlast ya supera las 115 toneladas de plástico reciclado

MarSinPlast nació en Mar del Plata en 2020. Su fundadora advierte de que recuperar materiales necesita también compradores y empresas implicadas.

Josefina Diez convirtió un pequeño horno adaptado en el punto de partida de MarSinPlast, su proyecto de reciclaje en Mar del Plata. Desde septiembre de 2020 hasta septiembre de 2026, la iniciativa acumuló más de 115 toneladas de plástico recuperado. Así lo recoge la entrevista publicada por iProfesional el 12 de octubre. Es un balance acumulado de seis años de actividad. Su trayectoria también revela un obstáculo que la fundadora ha señalado públicamente: fabricar objetos reciclados exige encontrar compradores.

MarSinPlast acumula toneladas, pero también necesita vender

La propia Josefina ha explicado en LinkedIn que recuperar, separar, limpiar y transformar residuos tiene costes. En una publicación anterior a la entrevista de octubre, advirtió de un exceso de poliestireno almacenado, procedente de envases de alimentos untables. También describió las dificultades para competir con artículos de plástico nuevo y mobiliario económico. Así expresó su preocupación: «La economía circular no puede sostenerse si reciclar depende solo del esfuerzo de quienes recuperamos residuos».

Su petición se dirige a las empresas que comercializan envases: propone que compren productos elaborados con esos residuos. Reclama una relación comercial que permita dar salida al material transformado. En iniciativas de mobiliario o de construcción con plástico reciclado, la recuperación necesita una aplicación y personas dispuestas a utilizarla. Por eso, las toneladas contabilizadas no permiten calcular por sí solas los beneficios del negocio. Tampoco equivalen automáticamente a ventas ni indican cuántos puestos de trabajo puede sostener.

De un horno adaptado a encargos para la universidad

El comienzo del proyecto está documentado por la Universidad Tecnológica Nacional de Mar del Plata. En una publicación del 12 de mayo de 2022, la facultad situó su nacimiento en septiembre de 2020. También confirmó que Josefina había estudiado allí Gestión Ambiental y que encargó a MarSinPlast unos llaveros fabricados con plástico reciclado. Ese pedido documenta un paso concreto. Menos de dos años después de arrancar, el taller ya desarrollaba productos para una institución educativa.

En una entrevista publicada por Infobae en mayo de 2024, Josefina relató cómo empezó con su familia. Compraron una trituradora y construyeron un pequeño horno para trabajar con moldes de acero inoxidable. La respuesta vecinal obligó a ampliar ese horno cuando aumentó el material recibido. La actividad se extendió también a la educación ambiental. Mardel Makers recoge que más de 1.200 alumnos visitaron el taller para conocer cómo se transforma el plástico. La fabricación convive así con la formación y la divulgación.

Un portamacetas de 40 kilos requiere unos 20.000 tapones

MarSinPlast fabrica cajoneras y estanterías, entre otros objetos. Josefina utiliza un ejemplo para explicar cuánto material incorpora una pieza: aproximadamente 20.000 tapones de bebidas para un portamacetas de 40 kilos. Al dividir ambas cantidades, resultan unos 500 tapones por kilo en ese producto concreto. Con esa misma referencia, reunir 1.000 tapones representaría alrededor de dos kilos. Es un cálculo orientativo basado en su ejemplo, no una equivalencia válida para cualquier envase. El tamaño, el peso y el material de las piezas pueden variar.

El proceso descrito por Mardel Makers incluye clasificación manual, triturado, prensado y fabricación con moldes propios. A diferencia de reutilizar envases como macetas, aquí el residuo pierde su forma original para convertirse en otro material. La producción se adapta a los pedidos y conserva una escala artesanal, según explicó Josefina a ese medio. Esa diferencia ayuda a entender por qué reunir una bolsa de tapones no equivale a tener un mueble terminado: todavía quedan varias operaciones de transformación.

Las redes de pesca abren otra vía de recuperación

El trabajo se amplió en febrero de 2026 con la incorporación de redes de pesca, según explicaron Josefina Diez y Camila Pullara a Infobae. Ambas impulsan el proyecto Atlántico, que transforma estos descartes en placas para fabricar objetos. La materia prima llega principalmente de talleres que confeccionan o reparan redes. Ese origen es relevante: recuperar residuos vinculados a la pesca no significa necesariamente sacarlos del agua. Parte del trabajo consiste en interceptarlos antes de que terminen desechados.

Las emprendedoras detallaron que cortan las redes, las trituran y las combinan con otros plásticos recuperados. También trabajan los acabados para ofrecer piezas atractivas a quienes compran mobiliario. Para los vecinos que quieran colaborar, la experiencia aconseja consultar primero qué materiales admite cada taller y en qué condiciones. Para las empresas, Josefina plantea otro paso: encargar productos que incorporen esos residuos. Su publicación sobre los costes del reciclaje explica por qué la recogida necesita continuidad comercial.

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