La religiosa recordó en Ecclesia COPE sus dudas y la oposición de sus padres. Su comunidad combina oración, trabajo artesanal y acogida.
La Madre Olga María no quería ser monja. Lo contó en una entrevista anterior con Ecclesia COPE, donde recordó sus dudas y la oposición de sus padres. «Ser monja te corta mucho el rollo de muchas cosas», afirmó al hablar de su juventud. Su testimonio explica unas renuncias que, en su comunidad, no significan dejar de trabajar ni permanecer sometidas a la clausura papal.
Renunciar al matrimonio y al dinero no significa abandonar el trabajo
La religiosa habla de la consagración como una elección que exige dejar atrás posibilidades valiosas, no como un rechazo a cosas negativas. «Un religioso renuncia a bienes de la mayor estima como puede ser el matrimonio o el dinero», explica. Su valoración parte de la fe: considera que entrega algo bueno para seguir el proyecto que atribuye a Dios. Por eso, cuando habla de renuncia, no está afirmando que el matrimonio carezca de valor ni describiendo una vida libre de obligaciones.
La web oficial de las Carmelitas Samaritanas permite añadir una distinción importante a esas palabras. Las hermanas elaboran mermeladas, galletas, patés, cosmética natural y bordados, además de productos destinados al culto. Los ofrecen en sus casas, tiendas físicas, una tienda por internet y algunas ferias. Esa actividad recuerda a la de la monja emprendedora que sostiene su convento con cosmética, aunque se trata de otra comunidad. La comparación muestra que una vocación religiosa puede convivir con la producción artesanal y la venta de productos.
Las dudas de Madre Olga María también encontraron resistencia en casa
Antes de aceptar aquella elección, Olga María buscó una alternativa que no cambiara tanto el futuro que imaginaba. En su relato recuerda que preguntaba a Dios por otro plan, menos radical y más cercano a sus expectativas. No describe una decisión inmediata ni una certeza que evitara el sufrimiento. Habla de una lucha interior durante la que lloró, hasta comprender que «nunca iba a ser feliz del todo si no respondía a esa llamada».
A esa dificultad personal se sumó la reacción familiar. Sus padres la habían escolarizado en centros religiosos, pero no eran practicantes y rechazaron su intención de hacerse monja. También recordó que algunos planes habituales entre sus amigas le resultaban aburridos. Su madre interpretaba esa diferencia como una rareza y recibió la noticia de su vocación como una decisión excesiva. Son recuerdos de su propia adolescencia, no una descripción aplicable a todas las jóvenes que eligen la vida religiosa.
Su comunidad está dispensada de la clausura papal desde 2016
Hay otro dato que ayuda a entender cómo vive la comunidad a la que pertenece. Según explica su página oficial, la Santa Sede la dispensó de la clausura papal en 2016. Las hermanas señalan que dejaron de estar sujetas a las restricciones de permanencia y desplazamiento que tenían anteriormente como Carmelitas Descalzas. Por tanto, sería impreciso presentar su vida actual como un encierro obligatorio dentro de un monasterio del que no pueden salir.
Esa dispensa, explican, facilitó el contacto directo con otras personas y la participación en actividades de acompañamiento espiritual. Entre ellas mencionan retiros, testimonios, convivencias, catequesis y acogida de quienes se acercan a sus casas. La oración y la contemplación siguen ocupando un lugar central en su identidad. La diferencia está en que esa forma de vida no exige mantener las mismas limitaciones físicas anteriores. Es una característica de esta comunidad, no una modificación que pueda atribuirse a todas las monjas.
Una trayectoria religiosa que comenzó antes de la actual comunidad
Al hacer balance de su trayectoria, la Madre Olga María hablaba de casi 38 años de vida religiosa. Ese recorrido personal no debe confundirse con la antigüedad de las Carmelitas Samaritanas. La comunidad sitúa el inicio de su itinerario espiritual el 16 de junio de 2001 y su existencia oficial en junio de 2012. Su historia recoge después el traslado a Viana de Cega y la apertura de otras casas. Arrate se incorporó en 2018, Segovia en 2019 y Toledo en 2020.
Su web enumera comunidades en Viana de Cega, Arrate, Segovia y Toledo. Ese recorrido institucional aporta contexto, pero el balance personal de Olga María se concentra en el sentido de su elección. No niega que hubiera pérdidas ni dificultades; sostiene que lo recibido ha compensado aquellas renuncias. Su explicación sobre la felicidad se refiere a una vida con propósito desde sus convicciones religiosas, no a la ausencia de problemas. La historia de la comunidad y su actividad artesanal pueden consultarse en su web oficial.
