El joven agricultor ha levantado en menos de un año una granja de gallinas camperas con unas 1.400 aves en Corozal, apostando por el bienestar animal y la venta directa de huevos de calidad.
Javier José Vázquez Zayas tiene solo 20 años, pero ya conoce el esfuerzo que exige sacar adelante un negocio propio. Lo que empezó con 50 gallinas ponedoras en un pequeño cobertizo familiar se ha convertido en JN Farm, una explotación ubicada en el barrio Maná de Corozal que produce alrededor de 1.200 huevos diarios.
Su proyecto se apoya en una idea clara: criar gallinas en libertad para ofrecer un producto diferenciado. “Gallinas felices, huevos de calidad”, asegura al diario Primera Hora, una frase que resume la filosofía de una granja donde las aves pasan buena parte del día al aire libre, pastando, escarbando y moviéndose con libertad.
El joven agricultor que convirtió 50 gallinas en una granja propia
La relación de Javier José con el campo viene de familia. Desde pequeño ayudaba a sus padres en el cultivo de cilantrillo y aprendió de cerca el ritmo de la agricultura. “Como quien dice, nací con la agricultura”, explica.
Aunque ya conocía el trabajo agrícola, tenía claro que quería crear algo suyo. La idea llegó gracias a una sugerencia de su padre, que una noche le preguntó por qué no probaba con gallinas ponedoras. Hasta entonces no se había planteado dedicarse a la avicultura, pero decidió invertir sus ahorros en las primeras 50 aves.
A comienzos de agosto del año pasado las instaló en un rancho cercano a su casa mientras preparaba unas instalaciones más adecuadas. El nombre de la explotación, JN Farm, es un homenaje a sus padres, José y Nancy.
Una producción de huevos camperos basada en el bienestar animal
El crecimiento llegó antes de lo previsto. Cuando las primeras gallinas empezaron a poner, Javier José sintió que el proyecto tenía futuro. Meses después incorporó más de 1.400 gallinas ponedoras y un gallo, y a finales de febrero trasladó toda la actividad a la finca donde trabaja actualmente.
Su jornada comienza cada día a las seis de la mañana. Lo primero es abrir las instalaciones para que las gallinas salgan al exterior. Para el joven, ver cómo las aves corren hacia la zona de pasto es una de las imágenes que mejor explica el sentido de su negocio.
El modelo de gallinas camperas le permite diferenciarse de otros sistemas más intensivos. Las aves pueden picotear la hierba, escarbar en la tierra y darse baños de polvo, comportamientos naturales que forman parte de su bienestar y que Javier José considera esenciales para obtener huevos de calidad.
Los sacrificios de emprender con 20 años y competir en el mercado del huevo
El camino no ha sido sencillo. Javier José reconoce que el mercado es duro, especialmente por la competencia de huevos importados a precios más bajos. “No ha sido fácil. Y más con el mercado, que están los huevos de afuera bien baratos. Pero ahí vamos, luchando”, admite.
También ha tenido que aprender de los errores. Uno de los momentos más difíciles ocurrió durante el traslado de las aves al nuevo gallinero. Las gallinas no estaban acostumbradas a la oscuridad, se amontonaron y murieron unas diez. Fue un golpe, pero no le hizo abandonar.
El negocio también ha cambiado su vida personal. Antes practicaba ciclismo y competía con buenos resultados, pero terminó dejando este deporte para dedicar su tiempo a la granja. A veces también renuncia a planes familiares porque debe atender a las aves.
Aun así, asegura que no piensa rendirse. “Lo que me motiva es ese niño que soñó con un negocio. Ya está aquí y no me puedo quitar porque esté cansado o no esté vendiendo”, afirma.
Ahora trabaja para dar más visibilidad a la marca, vender directamente a los hogares, instalar un punto de venta ambulante en Naranjito y ampliar poco a poco su actividad agrícola. Tras diez meses al frente de JN Farm, mira el camino recorrido con orgullo: “Estoy logrando mi sueño”.
