Un padre (Saúl) de un niño de 7 años paga 112 euros por un campamento de cinco días: el verano ponen contra las cuerdas a muchas las familias

El elevado precio de los campamentos de verano y la falta de ayudas públicas obligan a muchas familias a hacer malabares para cuidar de sus hijos durante las vacaciones escolares.

Las vacaciones de verano ya han comenzado en Cantabria, pero para muchas familias el cierre de los colegios no trae descanso, sino un problema de conciliación. Los casi dos meses y medio sin clases chocan con unas vacaciones laborales mucho más cortas, lo que obliga a padres y madres a buscar campamentos, ludotecas, guarderías o apoyo familiar para poder seguir trabajando.

El caso de Saúl Salinas, padre de un niño de 7 años, refleja una situación que se repite cada verano. Esta semana ha pagado 112 euros por un campus de lunes a viernes. La otra alternativa, explica, era recurrir a una guardería que todavía aceptara al menor, pero con un precio de 80 euros diarios.

El precio de los campamentos de verano complica la conciliación familiar

La principal dificultad para Saúl no es solo encontrar plaza, sino que los horarios se adapten a su jornada laboral. “Es complicado conseguir un campus para dejar allí a mi hijo a las 7:30, que es cuando entro yo a trabajar”, explica.

Aunque su mujer es profesora, también tiene que seguir trabajando durante parte de las vacaciones escolares del niño. En su caso, los abuelos no pueden hacerse cargo porque “son mayores”, por lo que la familia depende de servicios privados.

Los campamentos públicos tampoco son siempre una solución. Saúl señala que muchos no encajan con los horarios laborales y que, además, las plazas suelen ser limitadas. Ante esa situación, las familias terminan recurriendo a opciones privadas que suponen un gasto importante cada semana.

Las familias sin ayuda de los abuelos dependen de campus privados

Ruth Lago, madre de tres hijos de 11, 8 y 4 años, vive una situación parecida. Reconoce que el primer recurso suelen ser los abuelos, pero considera que “están ya para disfrutar más que para criar”. Por eso, asegura que la organización del verano acaba siendo “a base de campus y a base de dinero”.

Ella y su marido trabajan por la mañana, de 6:00 a 14:00 horas, una franja que no cubren muchos programas municipales. Según explica, algunos campus de ayuntamientos apenas ofrecen un par de horas, insuficientes para una jornada laboral completa.

La alternativa vuelve a ser el sector privado. Ruth calcula que un campus puede costar entre 150 y 200 euros por semana. Con tres hijos y dos meses de vacaciones escolares por delante, la cifra se dispara. “Trabajo básicamente para ellos”, lamenta.

La falta de ayudas públicas aumenta el gasto durante las vacaciones escolares

El problema se agrava cuando las familias quedan fuera de las ayudas públicas. Ruth afirma que, pese a no tener “sueldos millonarios”, no han podido acceder a esos apoyos. Por eso critica que la Administración no facilite soluciones suficientes durante el verano.

La madre entiende que los profesores necesiten sus vacaciones, pero recuerda que muchas familias no tienen una economía que les permita sustituir el horario escolar con recursos privados. Dejar a los niños solos en casa no es una opción cuando los padres cumplen jornadas de ocho horas.

El verano, que para los menores significa descanso, se convierte así en un periodo de tensión para miles de hogares. Los padres combinan turnos, vacaciones, abuelos, campus y guarderías para cubrir cada semana hasta la vuelta al colegio.

Deja un comentario