Europa pone el foco en las uvas, las fresas y las naranjas por su presencia de residuos de pesticidas

Todos hemos comprado fruta pensando que, con lavarla un poco, asunto resuelto. Pero los controles europeos de 2024 muestran que la cosa tiene algo más de miga. Un informe de la EFSA sitúa a las uvas, las fresas y las naranjas entre las frutas con más presencia de residuos de pesticidas. El dato llega dentro de un sistema de vigilancia que analizó más de 125.000 muestras en Europa. La buena noticia es que la mayoría de los alimentos cumple los límites legales. La menos cómoda, como suele pasar cuando aparece la letra pequeña, es que algunas frutas acumulan residuos de forma mucho más frecuente que otras.

¿Qué dice el informe de la EFSA sobre los pesticidas en alimentos?

El sistema europeo de control de pesticidas funciona a tres niveles: el programa coordinado europeo, los programas de cada estado miembro y los controles específicos sobre alimentos importados. Dicho de forma sencilla, Europa revisa por un lado lo que se controla de manera común, por otro lo que vigila cada país y, además, lo que llega desde fuera de la Unión Europea.

En 2024, estos tres programas sumaron más de 125.000 muestras analizadas. Según la información aportada, esto convierte al informe de la EFSA en el mayor estudio a nivel mundial sobre residuos de pesticidas, que son restos de sustancias usadas para proteger cultivos frente a plagas, hongos u otros problemas agrícolas.

Los resultados generales muestran que la inmensa mayoría de los alimentos europeos cumple los límites legales. Sin embargo, el cumplimiento no se reparte igual en todos los productos: algunas frutas aparecen una y otra vez con residuos, aunque muchas veces estén por debajo de los máximos permitidos.

¿Por qué las uvas, las fresas y las naranjas están entre las frutas con más pesticidas?

Las uvas de mesa aparecen directamente en el programa coordinado europeo de 2024, una señal de que la EFSA presta especial atención a esta fruta. En España, los datos de control revelan que más del 60% de las muestras de uva contienen residuos de pesticidas, una de las tasas más altas entre las frutas de consumo habitual.

Además, parte de esos residuos procede de varias sustancias activas detectadas en una misma muestra. Esto complica el análisis toxicológico, es decir, la valoración de cómo pueden afectar esas sustancias al organismo cuando aparecen juntas.

Las fresas presentan un patrón parecido. Los estudios de control en España han registrado residuos en más del 70% de las muestras analizadas. Su piel porosa y su forma de cultivo, frecuentemente en suelo y con contacto directo con el sustrato, las hacen especialmente susceptibles a acumular plaguicidas.

En el caso de los cítricos, entre ellos las naranjas, el problema tiene mucho que ver con el cultivo intensivo y con los tratamientos de poscosecha. Estos tratamientos se aplican después de recolectar el fruto, directamente sobre la piel, y una parte significativa de los residuos detectados corresponde a fungicidas y otros plaguicidas usados en esa fase final.

¿Los residuos de pesticidas superan los límites legales?

Aquí conviene no mezclar churras con merinas. Que una fruta tenga residuos de pesticidas no significa automáticamente que incumpla la ley. El informe de la EFSA matiza que, en la mayoría de los casos, los residuos detectados se encuentran por debajo de los límites máximos permitidos, que son las cantidades legales que no deberían superarse.

En el programa coordinado europeo, solo el 2,4% de las muestras superó esos umbrales. En los programas nacionales, el porcentaje ascendió al 3,3%. Por tanto, el panorama general es de cumplimiento, aunque con puntos concretos que preocupan a organizaciones de consumidores y grupos ecologistas.

La inquietud no se centra únicamente en si una muestra rebasa o no el límite legal. También pesa la presencia sistemática de residuos en determinadas frutas y la detección de varias sustancias activas en un mismo alimento, algo que añade más capas al análisis. Vamos, que no todo se resume en un simple aprobado o suspenso.

¿Qué pesticidas prohibidos siguen apareciendo en alimentos europeos?

El dato que más preocupa a los expertos no es solo el incumplimiento de los límites legales. También llama la atención la detección de sustancias que llevan años prohibidas en la Unión Europea. Entre ellas destaca el clorpirifós, un insecticida neurotóxico cuya autorización se retiró en 2020 por sus efectos sobre el desarrollo cerebral de fetos y niños.

Neurotóxico significa que puede afectar al sistema nervioso. Y aquí es donde el asunto deja de ser un simple trámite administrativo, por mucho que las normativas europeas tengan más casillas que una declaración complicada.

El colectivo PAN Europe también advierte de la presencia sostenida de neonicotinoides y piretroides. Estas dos familias de insecticidas aparecen señaladas por sus efectos neurotóxicos, y su detección en frutas de consumo habitual es uno de los puntos de mayor fricción entre las autoridades sanitarias europeas y las organizaciones que piden una regulación más estricta.

¿Por qué los alimentos importados dan más problemas en los controles?

Los alimentos procedentes de fuera de la Unión Europea presentan las cifras más altas de incumplimiento. En los controles de importación, el 5,5% de las muestras superó los límites máximos de la UE, frente al 2,4% registrado en el programa coordinado europeo.

De ese 5,5%, un 3,6% fue declarado no conforme. Esto quiere decir que esos productos no cumplían la normativa comunitaria y se impidió su entrada en el mercado europeo. Ahí la frontera hace de filtro, con más papeleo que glamour, pero con una función muy clara.

Estos datos reflejan que los estándares agrícolas fuera de Europa no siempre coinciden con los del propio continente. Algunos países permiten el uso de pesticidas que en la UE están vetados, lo que provoca que ciertos productos lleguen a las fronteras con residuos incompatibles con la normativa comunitaria.

¿Qué puede hacer el consumidor con estos datos sin caer en el alarmismo?

La EFSA concluye que la exposición al conjunto de residuos detectados representa un riesgo bajo para la salud del consumidor. Aun así, esa valoración no incluye el efecto acumulado de la exposición simultánea a varios pesticidas, un ámbito en el que la investigación científica todavía no ha cerrado el debate. Con la información disponible, el lector puede quedarse con varias ideas prácticas:

  • Tener especialmente presentes las uvas, las fresas y las naranjas, porque aparecen entre las frutas con más presencia de residuos.
  • No interpretar cada residuo como un incumplimiento legal, ya que la mayoría de las muestras está por debajo de los límites permitidos.
  • Recordar que los alimentos importados registran más incumplimientos, con un 5,5% de muestras por encima de los límites de la UE.
  • En los cítricos, no dar por hecho que el lavado convencional elimina siempre los residuos aplicados en la fase de poscosecha.

La clave está en leer estos datos con calma, pero sin mirar hacia otro lado. La mayoría de alimentos cumple la normativa, sí, pero las diferencias entre frutas, la presencia de sustancias prohibidas y el mayor problema en productos importados explican por qué este informe europeo ha puesto el foco en la cesta de la compra.

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