Los agricultores españoles dicen que prefieren tirar la cosecha antes que vender tomates a 80 céntimos el kilo: “Si aceptamos esos precios, desaparecemos”

El campo español atraviesa una situación límite por los bajos precios en origen, la presión de los intermediarios y la competencia exterior. Agricultores como Clara Sarramián denuncian que, en muchas campañas, vender supone hacerlo por debajo de coste.

Más de medio millón de personas trabajan en la agricultura en España, pero cada vez son menos quienes consiguen vivir dignamente de ella. La subida de costes, los márgenes ajustados y la falta de relevo generacional están dejando al pequeño productor contra las cuerdas. ¿Qué pasa cuando recoger la cosecha cuesta más que venderla? Para muchos agricultores, la respuesta es tan dura como real: regalarla o tirarla.

Los agricultores denuncian que venden por debajo de sus costes de producción

Clara Sarramián, agricultora autónoma en Logroño, lleva algo más de cuatro años al frente de una pequeña explotación familiar de alrededor de una hectárea y media, heredada de sus padres y abuelos. Su trabajo se centra en semilleros de tomates, melones y sandías, con muchas tareas manuales y jornadas marcadas por el esfuerzo físico.

Aun así, asegura que lo más difícil no siempre es el trabajo del campo, sino la incertidumbre. “Físicamente es duro, pero te acostumbras. Lo peor es lo mental”, reconoce. Las tormentas, el granizo o la sequía pueden echar por tierra meses de trabajo en cuestión de minutos.

El mayor problema llega al vender. Clara recuerda una campaña en la que le querían pagar la mitad que el año anterior. Su decisión fue clara: “Preferí tirarla. Si todos pasamos por el aro, vamos en nuestra contra”. Dicho claro, la cosa está fea.

Uno de los ejemplos más llamativos está en el tomate. Según explica, le han llegado a pagar entre 80 céntimos y 1 euro por kilo, mientras después lo veía en tienda a tres euros y medio.

Problema del campoConsecuencia para el agricultor
Precios bajos en origenMárgenes mínimos o pérdidas
IntermediariosEl producto se encarece sin beneficiar al productor
Clima adversoMeses de trabajo pueden perderse en minutos
BurocraciaMás cargas para pequeñas explotaciones

En muchos casos, los costes de producción se sitúan entre 35 y 40 céntimos por kilo, lo que deja márgenes muy reducidos. Por eso, desde el sector insisten en que están vendiendo a pérdidas.

La venta directa aparece como una salida para evitar intermediarios

La presencia de intermediarios es otro de los puntos que más critican los agricultores. Cada paso en la cadena aumenta el precio final, pero no siempre mejora lo que cobra quien produce. Clara lo resume así: “Cuantas más manos pasan, peor”.

Ante este escenario, algunos pequeños productores han buscado alternativas. En su caso, la venta directa a través del boca a boca y redes sociales le permite vender sin intermediarios.

Las claves de esta salida son:

  • Permite mejorar algo el margen económico.
  • Acerca el producto directamente al consumidor.
  • Ayuda a poner en valor el sabor y la calidad.

No obstante, esta vía no elimina todos los problemas. La agricultora reconoce que le compensa algo más, pero el futuro sigue siendo incierto.

Sin relevo generacional y con más burocracia, el campo mira al futuro

A los precios bajos se suman la falta de relevo generacional, la competencia exterior y el exceso de trámites. Más del 90% de los agricultores supera los 60 años, mientras los jóvenes tienen muy difícil empezar desde cero.

Clara también critica la entrada de productos de fuera de la Unión Europea, al considerar que no compiten con las mismas normas y llegan a precios mucho más bajos. Además, habla de robos, papeleo y años en los que, tras invertir todo un invierno, no ha obtenido ingresos.

“Me encantaría seguir, pero lo veo muy complicado”, afirma. El campo español, advierte, no solo sostiene a quienes trabajan la tierra, sino también algo básico: la comida que llega cada día a las mesas.

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