Todos hemos tenido un bidet en casa o lo hemos visto en casa de la abuela; ese “trono secundario” que ocupaba sitio y apenas se usaba. Sin embargo, los baños modernos ya no están para lujos que restan metros y estorban la vista. Con viviendas que rara vez superan los cuatro o cinco metros cuadrados de aseo, el bidet ha pasado de imprescindible a pieza de museo.
¿La alternativa? Una discreta ducha higiénica, que cumple la misma función sin devorar espacio ni romper la estética. Este pequeño artilugio, asentado desde hace años en Japón o Marruecos, empezó a conquistar España en 2023 de la mano del diseño minimalista. Ahora, muchos propietarios se preguntan si ha llegado la hora de decirle adiós, para siempre, a ese sanitario que nadie reconoce usar en voz alta. Se tratan de modas, que van cambiando como el adiós de muchos a las bañeras tradicionales.
¿Por qué el bidet tiene los días contados?
Los números hablan claro: hoy el 90 % de los pisos nuevos se entregan sin bidet, y las promotoras ofrecen en su lugar más almacenaje o el combo inodoro‑ducha higiénica. La razón es tan prosaica como el precio del metro cuadrado urbanita: cada centímetro cuenta y la limpieza íntima ya no necesita un aparato exclusivo. Además, la estética pesa; los expertos recuerdan que “el bidet rompía la armonía visual”, mientras que el pequeño rociador cromado se integra sin chirriar.
En paralelo, la sostenibilidad ha entrado en escena. La ducha lateral reduce el abuso de papel higiénico: cada español consume 16 kilos de papel higiénico al año y se desecha un 20 %. Haciendo cuentas, por cada 140 personas se malgasta una tonelada de papel o el equivalente a 50 árboles, lo que dispara la cifra a 16.000 árboles talados al año en todo el país. Menos rollos, menos basura y, de paso, menos dinero gastado en paquetes XXL.
¿Cómo funciona realmente la ducha higiénica?
El mecanismo no tiene ciencia: un pequeño rociador se conecta al agua del inodoro o del lavabo; basta presionar una palanca y dirigir el chorro. Frente al bidet, que obliga a levantarse y hacer contorsiones, aquí todo ocurre sentado y sin maniobras raras. Tampoco hace falta desagüe propio; se aprovecha el del WC, así que adiós a los charcos y a la cal que se queda en los bordes del bidet tradicional.
El mantenimiento es casi simbólico. Al no tener cuerpo cerámico ni sifón, la ducha higiénica no acumula bacterias y se limpia con un simple paño. Para los amantes de los gadgets, ya existen versiones “estilo japonés” con mando a distancia, secado por aire y temperatura regulada: un spa en miniatura dentro del baño de casa.
¿Cuánto cuesta instalarla y cuánto tiempo se tarda?
Buena noticia para los bolsillos: los fontaneros calculan que la instalación normal cuesta entre 80 y 150 euros y no supera la hora de trabajo. No hay que levantar baldosas ni picar pared, de modo que el polvo y el ruido se reducen al mínimo. Por eso, cada vez más reformas exprés incluyen la ducha lateral como extra estrella y, de paso, suben el valor de la vivienda sin hipotecar el presupuesto de la obra.
A largo plazo, el ahorro llega también en forma de menos papel higiénico y menos productos de limpieza específicos para el bidet. Si sumamos la comodidad de presionar un botón y listo, el argumento económico acaba de inclinar la balanza.
Consejos para instalar la ducha higiénica sin dolores de cabeza
Antes de ponerse el mono de trabajo conviene tener claros los pasos básicos:
- Comprobar la toma de agua: sirve la del inodoro o la del lavabo siempre que esté a menos de un metro.
- Elegir un kit compatible: los más comunes incluyen manguera flexible, soporte y válvula mezcladora.
- Cerrar la llave de paso: parece obvio, pero una fuga improvisada arruina cualquier fin de semana de bricolaje.
- Colocar un derivador: se rosca al latiguillo existente y reparte el caudal sin perder presión.
- Purgar y probar: abre el agua poco a poco, comprueba que no hay goteos y ajusta la fuerza del chorro a tu gusto.
Con estos cinco movimientos y algo de cinta selladora, el proceso raro es que supere los 45 minutos. Después solo queda disfrutar del estreno y presumir de baño “a la japonesa” cuando vengan visitas.
