Reducir la factura fiscal no siempre funciona igual. Aunque deducción y desgravación persiguen pagar menos impuestos, se aplican en momentos distintos de la declaración y su efecto no es idéntico.
Cada campaña de la Renta surgen las mismas dudas: ¿es lo mismo deducir que desgravar? La respuesta es no. Ambas figuras permiten rebajar el importe final del IRPF, pero actúan en fases diferentes del cálculo del impuesto. Entender esta diferencia es clave para optimizar la declaración y evitar errores.
Qué significa desgravar o aplicar una reducción en la base imponible del IRPF
La desgravación, también llamada reducción, consiste en restar una cantidad directamente de la base imponible. Es decir, reduce los ingresos totales sobre los que se calcula el impuesto. La base imponible es la suma de todos los ingresos obtenidos durante el año: salario, rendimientos del alquiler, ganancias patrimoniales o beneficios de productos financieros. A esa cifra se le aplican determinadas reducciones previstas por la ley.
Entre las más habituales están las aportaciones a planes de pensiones, mutualidades, planes de previsión asegurados, seguros de dependencia o las pensiones compensatorias a favor del excónyuge e hijos fijadas por sentencia.
Por ejemplo, si un contribuyente tiene unos ingresos de 30.000 euros y aporta 2.000 euros a un plan de pensiones, su base imponible se reduce a 28.000 euros. El impuesto se calculará sobre esa cantidad menor. Tras aplicar las reducciones se obtiene la base liquidable. Sobre ella se aplican los tipos impositivos correspondientes y se calcula la cuota íntegra.
Qué es una deducción en la declaración de la Renta y cuándo se aplica
La deducción actúa más adelante en el proceso. No reduce los ingresos declarados, sino que resta una cantidad directamente del impuesto ya calculado. Una vez obtenida la cuota íntegra, se aplican las deducciones estatales y autonómicas. Entre las más conocidas están la deducción por maternidad, por familia numerosa, por discapacidad a cargo, por donativos, por inversión en vivienda habitual en determinados casos, por alquiler, por eficiencia energética o por cuotas a colegios profesionales.
A diferencia de la desgravación, la deducción suele aplicarse como un porcentaje sobre el gasto realizado. Por ejemplo, si se donan 200 euros a una ONG, puede deducirse el 80 % de los primeros 150 euros y un porcentaje menor del resto, según la normativa vigente.
Siguiendo con el ejemplo anterior: si tras las reducciones la cuota íntegra resultara en 4.000 euros y el contribuyente tiene derecho a una deducción de 160 euros por donativos, esa cantidad se resta directamente de los 4.000 euros. El resultado sería 3.840 euros a pagar antes de aplicar retenciones.
Diferencias entre deducir y desgravar con un ejemplo claro
El orden en la declaración es determinante:
- Se calculan los ingresos y se obtiene la base imponible.
- Se aplican reducciones o desgravaciones y se obtiene la base liquidable.
- Se aplican los tipos del IRPF y se calcula la cuota íntegra.
- Se restan las deducciones.
- Se descuentan las retenciones practicadas y se obtiene el resultado final.
Imaginemos unos ingresos anuales de 30.000 euros. Si el contribuyente aporta 1.000 euros a un plan de pensiones, la base imponible se reduce a 29.000 euros. Esa es la cantidad sobre la que se calculará el impuesto. Después, si ha donado 200 euros y puede deducirse 160 euros, esa cifra se restará directamente de la cuota resultante del impuesto, no de los ingresos.
En términos generales, una deducción tiene un impacto más directo porque disminuye el impuesto final a pagar. La reducción, en cambio, rebaja la base sobre la que se calcula el impuesto, lo que puede situar al contribuyente en un tramo inferior y generar ahorro. Conviene tener en cuenta que tanto las deducciones como las reducciones pueden modificarse cada año por cambios normativos estatales o autonómicos. Revisar las novedades en cada campaña es fundamental para no dejar pasar ningún beneficio fiscal.
